El desarrollo como tarea: 
homenaje a Celso Furtado (1920-2004)
*Gregorio Vidal 
El 20 de noviembre de 2004, en su departamento de Río de Janeiro, murió Celso Furtado. En días previos había participado en una iniciativa para objetar la salida de Carlos Lessa de la dirección general del Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico y Social (BNDES) de Brasil. Furtado comprendía el papel del crédito bancario denominado en moneda nacional como instrumento imperioso para propiciar el crecimiento y reconocía la necesidad de fundar el crecimiento en la ampliación del mercado interno, de contar con inversiones públicas, de atender los servicios básicos. Las tareas del bndes en este ámbito son múltiples y disponer de una dirección que comparta esta visión es de gran importancia para avanzar en la tarea del desarrollo.

Meses antes, cuando celebramos en Río de Janeiro la III Conferencia Internacional de la Red Celso Furtado, nuestro maestro en un breve mensaje sostuvo: 

Es consensual la afirmación de que la crisis que Brasil enfrenta tiene causas múltiples y complejas, pero tal vez ninguna sea de tanto peso como la falta de control por parte de los sucesivos gobiernos de las palancas económico-financieras. La recesión que se abate sobre Brasil tiene su principal causa en la reducción desmedida de las inversiones públicas, lo que genera efectos particularmente nefastos en las regiones más dependientes de las acciones del gobierno federal. Forzar a un país que todavía no ha atendido las necesidades mínimas de gran parte de la población a paralizar los sectores más modernos de su economía, a congelar inversiones en sectores básicos como salud y educación, a fin de cumplir con las metas de ajuste de la balanza de pagos impuestas por beneficiarios de altas tasas de interés es algo que escapa a cualquier raciocinio… Se comprende que esos beneficiarios defiendan sus intereses. Lo que no se comprende es que nosotros mismos no defendamos con idéntico empeño el derecho a desarrollar al país (Furtado, 2004, pp. 4-5). 


El desarrollo no se da espontáneamente. Implica la acción de algunos actores sociales, la toma de ciertas decisiones políticas, la constitución de instituciones sociales específicas, el proceso que permita afianzar la identidad cultural propia, la energía social que haga posible despertar y dinamizar la creatividad. La evidencia histórica es contundente y congruente con sus enseñanzas Furtado —como en otras ocasiones— toma partido del lado de sus ideas y sostiene en la práctica: más que transformación, el desarrollo es invención; comporta un elemento de intencionalidad (Furtado, 1984, p. 105). Como destacan Burgueño y Rodríguez, considera intrínsicamente la cultura, su enfoque concluye que el desarrollo resulta "...de un conjunto de medios dados por los elementos técnicos y económicos que efectivizan la acumulación de la riqueza y de un conjunto de metas surgidas de la ampliación del universo de valores asumidos por la comunidad" (Furtado, 1984, p. 107, citado por Burgueño y Rodríguez, 2002). 

Como parte de la consolidación de una identidad cultural y medio para enfrentar la dependencia en el área del conocimiento, hay en Furtado la idea de que 

…en América Latina nos decidimos a identificar nuestros problemas y a elaborar su tratamiento teórico. Estaba allí, esperando ser captada, una realidad histórica latinoamericana y, más particularmente, brasileña. El surgimiento de la cepal, en los primeros años de la posguerra, permitió que la confianza en nosotros mismos diese tal salto (Furtado, 1999, p. 11). 


En los días previos a su deceso Furtado había aceptado de nuevo su postulación al Nobel de Economía en 2005. Como sostiene Theotonio Dos Santos, la presentación de su candidatura al Nobel en 2004 había concitado una enorme movilización y adhesiones en Brasil, América Latina y el mundo (Dos Santos, 2004, p. 1). La Red Celso Furtado se adhirió con entusiasmo a la iniciativa. En el llamado para apoyar su postulación se sostenía que la hora de Furtado era la del reconocimiento de las contribuciones científicas en el campo de las ciencias sociales para el mayor de los economistas de la región. 

En el documento "La hora de Celso Furtado" se sostenía:

Es absurdo que se mantenga excluido del Premio Nobel de Economía un vigoroso pensamiento económico que se desarrolló en la región a partir sobre todo del liderazgo de Raúl Prebisch en la Comisión Económica de la Naciones Unidas para América Latina (cepal). Celso Furtado fue su más brillante colega en la dura tarea de demostrar el equívoco del pensamiento ortodoxo al consagrar una división del trabajo en el mundo donde los países periféricos y subdesarrollados se restringían a producir los insumos para el consumo productivo o final de los países centrales (Dos Santos, 2003, p. 1). 
El desarrollo, la elaboración de una teoría que lo explique, con capacidad para considerar la expansión mundial del capitalismo y la generación y reproducción de las condiciones del subdesarrollo es imposible sin tener en cuenta los aportes de las ciencias sociales en América Latina y entre ellos del mayor economista de la región. Celso Furtado demuestra que la igualdad creciente entre países prevista en la teoría de las ventajas comparativas del comercio internacional no se produce. 

La especialización de los países periféricos en la producción de materias primas no genera las condiciones del desarrollo. Por el contrario, es necesaria la industrialización y una base tecnológica propia. Theotonio Dos Santos destaca que sus libros sobre la formación económica de Brasil y de América Latina influyeron marcadamente en la escuela histórica de los anales, como reconoce Fernand Braudel (Dos Santos, 2004). Arturo Guillén plantea que conjuntamente con Prebisch fundan la escuela teórica del estructuralismo latinoamericano, que alcanza un notable impulso en los primeros años de la cepal. 

En la introducción del primer estudio económico sobre América Latina, publicada como parte del documento E-CN.12-89 de Naciones Unidas en 1949, Prebisch plantea su teoría del deterioro de los términos de intercambio entre los productos primarios y manufacturados (Prebisch, 1996); pero —como afirma Guillén— la contribución de Furtado en la construcción de la teoría del desarrollo y de la dependencia fue decisiva. Guillén recupera un pasaje de la última obra de Prebisch, Capitalismo periférico. Crisis y transformación, en la que su autor presenta una evaluación general del funcionamiento del capitalismo y los orígenes de esta reflexión desde los tiempos de la creación de la cepal, destacando la relevancia de las contribuciones de Furtado. Prebisch (1981, p. 9) sostiene:

Este pensamiento viene desenvolviéndose desde los primeros tiempos de la cepal. Tuve entonces la buena fortuna de encontrar hombres jóvenes con los que pude tener un diálogo para mí estimulador y fecundo...
Ante todo, Celso Furtado. Celso ya había iniciado fervorosamente sus tareas en la cepal cuando me invitó a Santiago para escribir la introducción del primer Estudio económico. Me impresionó vivamente por el talento extraordinario que desbordaba ya en sus años juveniles. Su colaboración conmigo ha sido inapreciable. Bien sabemos lo que significa su gran tarea intelectual; nadie ha penetrado con más profundidad en la interpretación del desarrollo. Siempre original e incisivo ha dado gran prestigio a su cátedra en la Sorbona. ¡Tiene el exilio político sus giros inesperados!
"Nunca palabras más generosas y justas —continúa Guillén— que las del fundador de la corriente cepalina. Efectivamente, nadie como Furtado contribuyó tanto a la formalización teórica y al desarrollo del enfoque cepalino" (Guillén, 2004, p. 3).

En 1959 la editorial Fundo Universal de Cultura de Río de Janeiro publicó en portugués Formação econômica do Brasil, que Celso Furtado redactó durante una estancia de un año —entre 1957 y 1958— en Cambridge, invitado por el profesor Kaldor para trabajar sobre la teoría del desarrollo. Es la obra más conocida de Furtado. Hasta 2000 se había traducido a ocho idiomas, incluidos japonés, alemán y polaco. La primera edición en español apareció en 1962, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica.

El texto fue resultado de la amplia labor de su autor durante casi diez años como director de la División de Desarrollo Económico en la cepal y también, como destaca Katia de Queirós Mattoso (De Queirós Mattoso, 1998), de la vigorosa síntesis de cuatro estudios precedentes: "A economia brasileira" (1954), "Uma economia dependente" (1956), "Perspectivas da economia brasileira" (1957) y su tesis doctoral, elaborada bajo la dirección de Maurice Bye, defendida en la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas de la Universidad de París en junio de 1948, intitulada "L'économie coloniale brésilienne". 

Furtado advierte sobre el esfuerzo de síntesis que significó la elaboración de Formación económica del Brasil. En la introducción dice que en la última parte, donde estudia la transición de la economía hacia un sistema industrial, ha seguido "de cerca el texto analítico presentado en un trabajo anterior (`La economía brasileña', 1954)", si bien existe un desarrollo y una variación en el enfoque y el énfasis con que se tratan ciertos temas (Furtado, 1974, p. 9). 

En el texto "A longa marcha da utopia", cuya primera versión se publica en la revista Economia Aplicada (1997), cuando Furtado aborda el tema de la elaboración de Formación económica del Brasil destaca la deuda que tiene con el trabajo História econômica do Brasil (1500-1820) del economista, historiador y empresario brasileño Roberto Simonsen (1889-1948), la cual había tenido oportunidad de consultar diez años antes, cuando preparaba su tesis doctoral en París. El libro lo encontró por azar en Recife, cuando a causa de un desperfecto en el avión hubo de permanecer dos días en la ciudad, precisamente al dirigirse a Cambridge para trabajar en la teoría del desarrollo (Furtado, 1999, pp. 18-19). 

Furtado publicó alrededor de 30 libros y más de una centena de artículos y ensayos en los que su materia de reflexión constante es Brasil, pero siempre situado en los ámbitos regional e internacional. Entre sus más importantes obras, además de Formación económica del Brasil, se encuentran: Uma política de desenvolvimiento para o Nordeste (1959), Desenvolvimiento e subdesenvolvimiento (1961), Subdesarrollo y estancamiento en América Latina (1966), Teoría y política del desarrollo económico (1967), O mito do desenvolvimento econômico (1974), La economía latinoamericana (1976), Creatividade e dependência na civilização industrial (1978), Cultura e desenvolvimento em época de crise (1984), A fantasia organizada (1985), A fantasia desfeita (1989), Brasil, a construção interrumpida (1992), Los vientos del cambio (1993), O capitalismo global (1998) y En busca de un nuevo modelo. Reflexiones sobre la crisis contemporánea (2002).

Reflexionar sobre Brasil es también estudiar la evolución de Estados Unidos y de América Latina. Es contar con una perspectiva que se finca en la historia y en la que los hechos económicos incluyen los problemas del poder y la cultura. Sin embargo, como lo hizo antes de redactar Formación económica del Brasil, además de reflexionar Furtado se preocupaba por traducir su investigación al terreno de los actores sociales, al espacio en que se construyen las instituciones y se toman las decisiones políticas. El análisis de los actores sociales es un dato relevante en el trabajo de Furtado. 

En otro texto (Vidal, 2001a), en que se presentan y discuten algunos aportes de Furtado, se destaca el papel positivo de la organización de los trabajadores, de la presión social en el desarrollo de instituciones estatales para conducir la acumulación de capital y el déficit sistemático en las tareas realizadas por los grupos empresariales y otros sectores de propietarios en la historia de América Latina.

A comienzos de los cincuenta Furtado trabaja en Brasil, como parte de un convenio entre la cepal y el recién creado banco estatal de desarrollo. El Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico (bnde) se transforma en el bndes en 1982. Furtado realiza un estudio sobre las perspectivas de la economía brasileña, incluyendo proyecciones sobre su crecimiento, con base en el que Juscelino Kubitschek de Oliveira, presidente de Brasil de 1956 a 1961, elaboró su Programa de Objetivos (Furtado, 1998, p. 13). De 1958 a 1964 ocupó diversos cargos en el gobierno de Brasil. De 1958 a 1959 fue director del bnde, donde concibió y creó la Superintendencia de Desarrollo  del Nordeste (Sudene), una agencia estatal pionera para fomentar el desarrollo económico en el nordeste de Brasil. Fue superintendente de esta agencia de 1959 a 1964. 

Furtado nació en 1920 en Pombal, estado de Paraíba, al nordeste brasileño. En su trabajo de investigación y en las propuestas para impulsar el proceso de desarrollo y las instituciones que lo hagan posible el tema regional es constante, destacando el caso del nordeste brasileño (Cronemberger Mendes y Teixeira, 2004). En la Sudene Furtado puso en práctica sus ideas sobre desarrollo, en particular las que involucran la dimensión regional del proceso y los medios para propiciar la limitación de la heterogeneidad social. El trabajo desarrollado por Furtado en la Sudene fue objeto de un caso especial de estudio sobre planeación económica creativa por Albert O. Hirschmann, que escribió Journey towards progress (1963).

De 1962 a 1963 fue ministro de Planeación en el gobierno de Joao Goulart. Después, con la victoria de los militares y la implantación de la dictadura en 1964, Furtado fue privado de sus derechos políticos. Obligado al exilio, impartió cátedra en las universidades de Yale, más tarde Cambridge y por un importante periodo en la de París, hasta 1985. 

Con la derrota de la dictadura en la sucesión presidencial de 1984 y el reestablecimiento del Reglamento Civil en Brasil pudo retornar a su país, realizando tareas en el nuevo gobierno. Fue designado embajador ante la Comunidad Económica Europea en Bruselas (1985-1986) y luego ministro de Cultura (1986-1988). Desde fines de los setenta participó en varias comisiones de la onu, entre ellas la Internacional de Bioética y la Mundial de Cultura y Desarrollo de la unesco. 

En 1949, cuando inicia su trabajo en la cepal, Furtado reúne la información a la mano sobre la economía brasileña. La 

mayor sorpresa fue constatar que Brasil era una economía atrasada en el área de América Latina. La Argentina, cuya población no alcanzaba un tercio de la brasileña, tenía una producción industrial superior a la nuestra. La renta per cápita del conjunto de la América hispánica, sin incluir a Argentina, era muy superior a la de la población brasileña (Furtado, 1998, p. 15). 
¿Por qué sucedía esto? Dejando de lado las desacreditadas explicaciones sobre la inferioridad étnica y el determinismo geográfico hay que observar la obra de los grupos que han dirigido Brasil.

¿Cómo han avanzado las propuestas de industrialización? ¿Por qué y hasta dónde las han frenado o eliminado otros grupos sociales, como los grandes latifundistas esclavistas? Furtado está en el terreno de la historia, pero dotado del conocimiento de las ciencias sociales modernas y del análisis macroeconómico. Es el inicio de la construcción de una visión global a propósito del curso de las sociedades capitalistas y de los procesos de desarrollo.

En un breve texto en el que Furtado reflexiona sobre el conjunto de su obra señala que su formación intelectual es fruto o se apoya en tres grandes tradiciones teóricas. Al principio menciona la influencia del positivismo, de la confianza en que la ciencia experimental es una herramienta para generar conocimiento, para desentrañar los secretos de la naturaleza. No se trata, sin embargo, de una visión primitiva de Comte. Luego fue el contacto con las ideas y propuestas de Marx mediante la sociología del conocimiento de Karl Mannheim, que ubica el saber científico en un entorno social. Es la corriente intelectual que lo persuade a interesarse en la historia como objeto de estudio. Finalmente le influye la sociología estadunidense, por intermedio de Gilberto Freyre, cuya obra Casa-Grande e Senzala le permite reconocer la dimensión cultural del proceso histórico. 

Después de la segunda guerra mundial, cuando estudia El Capital, en un curso de marxismo en el Instituto de Ciencia Política de París, Furtado sabe suficiente macroeconomía para no dejarse seducir por el determinismo económico que tenía explicaciones para todo a costa de simplificar el mundo (Furtado, 1998, pp. 9-10). Además, a lo largo de su vida tiene relación personal y de trabajo con otros científicos sociales que también practicaban la investigación original, como Bye, Perroux y Kaldor, quienes contribuyen sin duda al desarrollo de su obra. 

Desde esta múltiple influencia es que —como acontece con los pensadores originales— comienza a gestar una construcción propia. Se producen los conceptos de desarrollo del subdesarrollo, heterogeneidad social, la no difusión del progreso técnico en las sociedades subdesarrolladas, la importación del patrón de consumo de los centros del capitalismo por las elites en los países de la periferia sin que exista correspondencia con los niveles de productividad vigentes en éstos y un complejo concepto de dependencia que incluye elementos culturales en su constitución. Frente a los diagnósticos también se gestan las alternativas: el desarrollo endógeno, la necesaria homogenización social. 

Según Cronemberger Mendes y Teixeira (2004), Furtado cuenta con una concepción metodológica propia, su abordaje comprende una visón histórico-regional-estructuralista del subdesarrollo brasileño, en la que el concepto de cambio estructural de Perroux está incorporado (Cronemberger Mendes y Teixeira, 2004, p. 8). En una dirección semejante Bielschowsky establece que hay en Furtado un método analítico particular, definido como histórico-estructural (Biels-chowsky, 2000, p. 34).

A partir de estas propuestas Furtado comienza a profundizar en el problema o en la disyuntiva de ¿confiar para todo en el mercado o tener una política de industrialización? Insistirá en que las respuestas a esta pregunta no son independientes de la identificación de las fuerzas sociales que controlan las decisiones estratégicas. No estamos ante un problema estrictamente económico o de economía que no considera los actores sociales, como con fuerza señaló Furtado en un texto reciente preparado a solicitud del Banco Mundial: 

En mi esfuerzo por interrogar la historia en tanto que economista, pronto me persuadí de que los conceptos en que me apoyaba fueron el fruto de la observación de las estructuras sociales formadas con el capitalismo industrial. La comprensión de las estructuras sociales fundadas por la expansión internacional del capitalismo obliga a una apreciación crítica de este marco conceptual. Prebisch se había adentrado en este sentido en 1949, cuando denunciaba el "pseudo universalismo de la ciencia económica" (citado por Portella, 1998, p. 209).
Desde los primeros años de la década de los ochenta comenzó a cobrar carta de naturalización en varios países de América Latina una política económica cuya principal meta es reducir significativamente la inflación, sosteniéndose que para ello es necesario lograr el equilibrio en las finanzas públicas. En los años siguientes esta política se afirmó, de tal suerte que pronto se inició una tercera década dominada por la preocupación por el déficit presupuestario y el incremento de los precios. 

Mientras esto acontece, se ha profundizado la apertura de la cuenta de capitales de la balanza de pagos, se han suprimido las restricciones a la inversión extranjera en el área y se han vendido gran parte de las empresas públicas. Las políticas ejecutadas en la región en los últimos lustros nada tienen que ver con el ajuste coyuntural que se aplica en una economía en el momento en que se está en el límite del pleno uso de los recursos productivos, ante desequilibrios temporales, para restablecer rápidamente las condiciones para el crecimiento. Los habitantes de América Latina están frente a diversos acontecimientos que dan cuenta de un proceso de reforma estructural de largo alcance. 

Después de más de dos décadas de aplicar políticas de ajuste América Latina es una región en la que el subdesarrollo avanzó. En informes del Banco Mundial y otros organismos internacionales multilaterales se insiste en la profunda desigualdad que existe en la zona. Es la región más desigual del planeta, en la que no disminuye la pobreza y la pobreza extrema y sólo algunos espacios de las economías del área se articulan positivamente con la economía internacional. Como sostiene a lo largo de toda su obra, "el subdesarrollo es un proceso histórico autónomo y no una etapa por la que debían haber pasado, necesariamente, las economías que ya alcanzaron un grado superior de desarrollo" (Furtado, 1964, p. 165). 

La heterogeneidad social se mantiene, como también los procesos de concentración económica que son más vigorosos en tanto avanza la acumulación del capital. Hay —como enfatiza Furtado— una tendencia a excluir a la mayoría de la población de los beneficios de la acumulación y del progreso técnico (Furtado, 1974). La tecnología no se difunde en el conjunto del tejido social y no se produce un incremento notable en el nivel de productividad de las economías de América Latina. Pero además, como enfatizan Cronemberger Mendes y Teixeira, concentración del ingreso y mantenimiento de la heterogeneidad social constituyen datos de una tendencia al estancamiento económico (Cronemberger Mendes y Teixeira, 2004, p. 11). 

Los resultados del crecimiento del producto en América Latina en los últimos 20 a 25 años apenas están por encima o al mismo nivel del crecimiento de la población. Pero además, las políticas económicas aplicadas en América Latina en los recientes tres a cuatro lustros propician y se acompañan de un intenso proceso de concentración y centralización de los capitales. La concentración económica, encabezada por un reducido grupo de grandes corporaciones transnacionales, es un dato sobresaliente. Las compras de empresas, el intercambio de acciones entre grandes compañías que crean corporaciones de mayor dimensión y peso económico, las fusiones y adquisiciones de grandes firmas por otras corporaciones extranjeras se presentan en las economías desarrolladas, pero también incluyen a los países de América Latina.

Hablar de inversiones, crecimiento de algunas empresas y fortalecimiento de ciertas transnacionales es referirse antes que nada a cambios en la propiedad de los activos. Incluso, gran parte de la inversión que realizan en el extranjero las trasnacionales tiene por objeto la compra de activos. En América Latina ha sido notable el proceso de venta de empresas a capitales extranjeros, que incluyen servicios públicos y en algunos países a gran parte de las firmas de servicios financieros. Sin embargo, no destaca la creación de un número importante de empresas transnacionales con matriz en la región (Vidal, 2001b; Vidal, 2004).

En el Informe sobre el Desarrollo Mundial de 2000 de la unctad se afirma que la concentración apoyada en fusiones y adquisiciones continúa creciendo. La expansión de los mercados internacionales de crédito y la dinámica dominante en las bolsas de valores está también firmemente vinculada con la concentración. Varios de los agentes financieros más activos, con colocaciones en mercados de diversos puntos del planeta, participan en este proceso. 

Se puede sostener que la globalización se expresa de manera destacada por estos medios. Hay un reducido grupo de grandes empresas transnacionales que han penetrado en América Latina buscando alcanzar altas rentabilidades sin que necesariamente realicen cuantiosos procesos de inversión. En el caso de firmas exportadoras, no siempre se vinculan con productores locales. Otras firmas buscan hacerse con mercados que surgen del consumo de un reducido grupo de la población que se ubica entre la que concentra importantes porciones del ingreso. El grupo de transnacionales más activo en estos procesos tiene su matriz en Estados Unidos y en pocos países de Europa occidental, principalmente de la Unión Europea.

En las conclusiones de un texto publicado en portugués en 1974, titulado O mito do desenvolvimiento econômico, plantea: 

Si nos limitamos a observar el marco estructural presente del sistema capitalista, vemos que el proceso de acumulación tiende a ampliar el foso entre un centro en creciente homogenización y una constelación de economías periféricas cuyas disparidades continúan agravándose. En efecto: la creciente hegemonía de las grandes empresas en la orientación del proceso de acumulación se traduce, en el centro, por una homogenización de las pautas de consumo y en las economías periféricas por un distanciamiento de las formas de vida de una minoría privilegiada respecto a las masas de la población.

En un trabajo más reciente, publicado en portugués en 1991 y en español en 1993, Furtado cita esta conclusión y sostiene que los países del tercer mundo están extraviados en una ruta falsa; es "necesario modificar a fondo el enfoque: a partir de objetivos sociales, restringiendo el económico a su papel de elemento instrumental" (Furtado, 1993, pp. 223-224). 

En los noventa la concentración económica se acentuó. El mayor peso de las empresas transnacionales, incluso en los flujos del comercio internacional, se acompañó de concentración del ingreso y aumento de la exclusión social en los países desarrollados. "En Estados Unidos la exclusión social se manifiesta como concentración del ingreso y de la riqueza; en Europa occidental, como desempleo abierto" (Furtado, 1999, pp. 93-94). Como señala Gerard De Bernis, al destacar el proceso de exclusión social que se presenta en los países desarrollados, Furtado plantea una suerte de extensión del subdesarrollo, destacando que las fuerzas dominantes hacen crecer la desigualdad en todas partes (De Bernis, 1998, pp. 65-67). 

Dejar el capitalismo bajo el control de las transnacionales genera un incremento en las desigualdades sociales es una de las ideas principales en el pensamiento de Furtado. Se refiere varias veces a ella en el texto En busca de un nuevo modelo. Reflexiones sobre la crisis contemporánea. Por ejemplo, destaca que 

durante la segunda mitad del siglo XX la evolución de la economía capitalista pareció dirigirse hacia un estadio superior de desarrollo en el cual se conciliaron un elevado nivel de utilización de la capacidad productiva y la reducción de las desigualdades sociales, con el mejoramiento del factor humano. Durante ese periodo —llamado "glorioso" por un economista contemporáneo— actuaron de forma convergente los dos vectores a los cuales nos referimos: el avance técnico y las presiones sociales (Furtado, 2003, p. 62). 


Furtado considera que hay procesos específicos, conflictos políticos que son parte de la explicación de esa convergencia, que no necesariamente resultan del empuje de las fuerzas sociales del lado del pueblo. Afirma: "Pero es necesario reconocer que ese cuadro evolutivo estuvo ligado al clima de `paz armada' de la época, que justificó una fuerte expansión de los gastos públicos" (idem). 

En América Latina además de que se ha profundizado la exclusión social hay una fragmentación y una desarticulación de las regiones, destacando los países de mayores dimensiones. La cohesión social se debilita y hay grupos sociales y quizá pequeñas regiones que se articulan con el exterior. Pero además la heterogeneidad social se afirma y profundiza y es común observar en las sociedades latinoamericanas una creciente incapacidad para generar puestos de trabajo formales. El subempleo estructural se consolida, pero también múltiples formas de trabajo por cuenta propia. 

Burgueño y Rodríguez presentan el caso de Brasil en los años recientes, mostrando información estadística que da cuenta del mantenimiento en los niveles del desempleo abierto y la incapacidad para absorber el subempleo estructural, no obstante que se producen procesos de crecimiento (Burgueño y Rodríguez, 2002). Este hecho constituye evidencia de la conservación de la heterogeneidad social, con la que la fragmentación y desarticulación de las sociedades de América Latina se profundiza. "La contrapartida del dominio de la internacionalización es el debilitamiento de los vínculos de solidaridad histórica que en el marco de algunas nacionalidades ha mantenido unidas a naciones marcadas por agudas disparidades sociales y de niveles de vida" (Furtado, 1999, p. 46).

Furtado insiste que con la globalización o las tendencias que dominan actualmente el proceso de mundialización aumenta el poder de las grandes empresas. Este es precisamente el tema sustantivo de la discusión. El avance de las grandes empresas impulsa la acumulación, incorpora técnicas, pero concentra la riqueza. Esas empresas, sostiene Furtado, constituyen un dato clave del dinamismo del sistema capitalista, pero también de su inestabilidad. "Es en el predominio de esas fuerzas donde radica la tendencia a la concentración del ingreso, así como las crisis de insuficiencia de la demanda efectiva y el desempleo estructural". 

Para los países de América Latina, como también para los pueblos del mundo subdesarrollado o de la periferia, hay un doble problema, "…una doble crisis: la de la propia civilización industrial, derivada del progresivo avance de la racionalidad instrumental, y la específica de las economías periféricas, cuya situación de dependencia cultural tiende a agravarse" (Furtado, 2003, p. 84). 

Furtado avanza en sus conclusiones y considerando la situación actual de Brasil sostiene que 

si el objetivo estratégico es conciliar una alta tasa de crecimiento con la absorción del desempleo y la desconcentración del ingreso, debemos reconocer que la orientación de las inversiones no puede subordinarse a la racionalidad de las empresas transnacionales. Debemos partir del concepto de rentabilidad social a fin de que se consideren los valores sustantivos que encarnan los intereses de la colectividad en su conjunto (Furtado, 2000, pp. 9-10).


En el pasado el desarrollo nunca fue un resultado espontáneo. En las condiciones actuales dejar que las tendencias de la acumulación avancen, tal cual están constituidas, sólo produce mayor heterogeneidad social. Que la sociedad se organice, se creen instituciones que permitan el disfrute de los bienes culturales para todos, se ejecute una política que haga posible el consumo productivo de las mujeres y los hombres, son tareas necesarias para que la acumulación en el sector de bienes de capital sea de nuevo compatible con la acumulación en el sector de bienes de consumo, así como para que se restablezca el clima adecuado para que las empresas operen con base en ganancias futuras y no a partir de rentas financieras. 

Aún más, la innovación tiene una dimensión técnica, pero también estética. Ambas avanzan con ritmos propios, pero confluyen en el acto económico. Furtado agrega: 

los valores estéticos, conjuntamente con los éticos, traducen el genio humano en su forma más noble y requieren una protección que sólo las políticas públicas integradas en un proyecto de desarrollo social pueden asegurar. Sin esa visión de conjunto, la dimensión técnica se impone por sí misma y provoca un proceso de desestructuración cultural (Furtado, 2000, p. 9).


Los bienes incorporan la dimensión estética y técnica y de esta forma impulsan el crecimiento económico con ampliación del consumo de desarrollo. Sólo con consumo de desarrollo se reproducen las capacidades productivas de los seres humanos de acuerdo a los niveles medios existentes de la técnica y es posible elevar la productividad, alcanzando las condiciones promedio que prevalecen en los países desarrollados: 

 
 
 
 
 
 
 
 
   
Cuando la capacidad creativa del hombre se aplica al descubrimiento de sus potencialidades y al empeño de enriquecer el universo, se produce lo que llamamos desarrollo. El desarrollo sólo aparece cuando la acumulación conduce a la creación de valores que se esparcen en la colectividad. La teoría del desarrollo alude a dos procesos de creatividad. El primero tiene que ver con la técnica, con el empeño del hombre por dotarse de instrumentos, por ampliar su capacidad de acción. El segundo se refiere al significado de la actividad humana, a los valores con los que el hombre enriquece su patrimonio existencial (Furtado, 1999, p. 57). 


El desarrollo es por ello un hecho cultural. Hoy que está llegando a su límite el esfuerzo engendrado en la época de la Ilustración para que los seres humanos puedan civilizar y humanizar su existencia, recuperar esta visión de nuestra labor en torno a la producción, apropiación y distribución de la riqueza es sin duda imprescindible para gestar alternativas.

Como se concluye en la Declaración de Río de Janeiro, elaborada como resultado de la III Conferencia Internacional de la Red Celso Furtado: 

La Declaración de Río de Janeiro es un exhorto a académicos, científicos sociales, personalidades, organizaciones sociales, direcciones políticas de partidos y movimientos, a desarrollar en cada uno de nuestros países una discusión que, tomando en cuenta la perspectiva que en estas líneas se plantea, nos dote de una estrategia económica distinta a la neoliberal, que haga posible el desarrollo en nuestras naciones. Es la contribución mínima actual que los economistas podemos dar a nuestras sociedades. 
No confundamos los términos, la materia de estudio de la economía son mujeres y hombres y las relaciones que entablan en la construcción de los medios materiales que permiten reproducir sus condiciones materiales de existencia. El problema de la satisfacción de las necesidades sociales está en el centro de nuestra disciplina, la cual no se circunscribe al logro de ciertos equilibrios macroeconómicos.

El estudio de los hechos económicos tiene que volver a colocar a la humanidad en el centro. Lo otro es seguir beneficiando los intereses de un reducido grupo de grandes rentistas, de inversionistas externos y algunos socios internos. Nuestra tarea es participar en la profundización de opciones alternativas que consideren los medios, pero también permitan identificar a los constructores de esa voluntad política colectiva. La democracia en la región, participativa y representativa, comprende la decisión del tipo de economía que nos permita resolver las necesidades sociales (Red Celso Furtado, 2004, pp. 4-5). 

Tener presentes las enseñanzas de Celso Furtado y hacer un homenaje a su obra y recordar su vida implica trabajar en la dirección apuntada en la Declaración de Río de Janeiro.• 
*Gregorio Vidal es profesor-investigador del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa. Cocoordinador por la UAM Iztapalapa de la Red Euro-Latinoamericana de Estudios del Desarrollo Celso Furtado. 
 
Bibliografía

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Burgueño, Óscar y Octavio Rodríguez, "Desarrollo y cultura. Notas sobre el enfoque de Furtado", en Trayectorias, año IV, núm. 10, Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, septiembre-diciembre, 2002.

Cronemberger Mendes, Constantino y Joanilio Rodolpho Texeira, "Desenvolvimiento econômico brasileiro: uma relectura das contribuicòes de Celso Furtado", texto para discusión núm. 1051, Brasilia, Instituto de Pesquisa Econòmica Aplicada, 2004, 30 pp. 

De Bernis, Gerard, "Au sous-développement internationalisé sous la forma de l'exclusion sociale. Furtado et l'économie mondiale", en Cahiers du Brésil Contemporain, núms. 33-34, París, 1998, pp. 59-67.

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