*Concepción Alvarez
**Ezequiel Maldonado

Año 2026. Miles de obreros, con muestras de fatiga, marchan cual autómatas ordenadamente a su trabajo en Metrópolis. La labor mecánica y repetitiva remite al fenómeno de los tiempos y movimientos que se ejemplifican en un enorme reloj que sincroniza no sólo la producción masiva sino al hombre mismo. Varias escenas muestran el agotador y mortal trabajo, mientras un científico inventa un robot que supuestamente relevará la desgastada fuerza de trabajo humana. 

En la parte superior de la ciudad se despliega un futurismo sin límites: edificaciones de varios niveles, torres, escalinatas, transportes aéreos. En la parte inferior, auténticas catacumbas que recuerdan la resistencia cristiana, se incuba el cambio con la presencia de una obrera-mártir-iluminada. Fritz Lang, el director alemán, desarrolla una crítica a la ciudad deshumanizada, plenamente mecanizada, con obreros cual tuercas de la maquinaria de una clase social que centraliza poder y riqueza. En esta metáfora los obreros, los de abajo, no intuyen el prodigio de la ciudad en las alturas y los de arriba no se apenan ante la dramática vida en las catacumbas.

Año 1998. Una maqueta gigantesca muestra a escala el futuro Berlín: “Los edificios con el color rojo serán las oficinas del Estado federal, los azules pertenecen a inversionistas privados: financieras, tiendas de negocio, casas de bolsa, almacenes (Ka De We, Karstadt, Kaufhof, suponemos), y un 20% para viviendas”, nos explica Annalie Schoen, una joven alemana responsable del desarrollo de las edificaciones gubernamentales, al mismo tiempo que señala las instalaciones con una linterna-guía que marca las todavía diminutas edificaciones de lo que en un futuro próximo será un portento de ciudad. El proyecto pretende reconstruir de manera  racional el esquema de calles y la altura de edificios, aunque no se respete la altura antigua de 22 metros ante los 30 que hoy se proponen para ganar más espacio, añadiendo bloques subterráneos con tres pisos extras.

Este Berlín ultramoderno se desarrolla en tres líneas primordiales: 1) la reconstrucción en el estilo original, con un esquema y una altura acorde al estilo histórico, 2) en otro plano se inducen cambios más profundos, como es el caso de la Puerta de Brandenburgo, que ha implicado una gran polémica no sólo entre las autoridades o arquitectos sino entre la población: mantener el actual espacio, abierto, o reconstruir de forma tradicional con las antiguas Casas Liberman y  Sommer, en los flancos de la Puerta; otra polémica es en torno del Palacio de la República de la ex RDA, donde se pretende reconstruir a imagen del palacio prusiano o destruirlo, y 3) se ha sometido a concursos la construcción de grandes edificios en la parte trasera de la Alexander Platz. De una propuesta inicial de construir doce edificios, ante elevados costos, aun para banqueros o empresarios, se redujo a seis.

La actual efervescencia berlinesa no sólo es en torno del caos vial por el frenesí restaurador sino ante debates y polémicas de diversos signos, que van desde la defensa del nombre de una calle hasta el rechazo a la erección de monumentos como el dedicado al genocidio judío; un monumento, nos dijo Annalie Schoen, gigantesco como la dimensión del crimen. Este monumento del Holocausto finalmente se construirá según el proyecto ganador del estadunidense Haisman. Será gigantesco, dos veces una cancha de futbol, con pilas de metal de diferentes tamaños. Se construye un centro de documentación con sentido didáctico dirigido a los pequeños para que conozcan esta historia.

Otro debate se da en torno a los ministerios del Estado, que hoy permanecen dispersos y se pretende centralizar. Otra polémica es en torno a si el U-Bhan conecta con el ferrocarril y hay una ampliación de redes ferroviarias. Ello implicaría desviar el río Spree para la estación y ofrecer un cauce distinto al actual.

Entre la ciencia ficción, al estilo de Lang, la fantasía de Disney y la realidad avanzan los proyectos berlineses. La necia realidad hoy lleva la delantera. El sofisticado y aero-dinámico transporte, el Transrapid-Bahn,1 que se desplazaría de Berlín hacia Hamburgo, enfrenta protestas, rechazo ambientalista ante la locura de sus 450 km por hora y el infernal estruendo. Hoy se pasan la papa caliente los inversionistas y el Estado alemán ante los miles de millones de marcos que se requieren para finalizar tal proyecto.2 La céntrica y elegante avenida Mauerstrasse, que se transformaría en la Wall Street europea,3 y llevaría a Berlín a ser la capital de capitales, no ha respondido a las expectativas de los hombres de negocios. 

Berlín no siempre fue Berlín. En el siglo XIII se establecieron dos pueblos de pescadores a la orilla del Spree: Kölln, en una isla del río, y Berlín en la orilla norte.4 El comercio prospera en estas ciudades que se unifican en 1307. La ciudad padece la desolación de la guerra de los 30 años, 1618-1648, y al final no cuenta con más de cinco mil habitantes.

Federico Guillermo, gran elector, gobierna de 1640 a 1688, época en que se instala una comunidad de judíos refugiados y más tarde 5,600 hugonotes que abandonan Francia e impulsan producción y comercio de joyería, seda y telas finas. El cosmopolitismo berlinés ya es una realidad. En los tiempos de Federico II, llamado el Grande de Prusia, época del absolutismo –siglo XVIII–, se proyecta a Berlín como la ciudad industrial más importante de Prusia, en manufacturas de seda y terciopelo, la creación de bancos y una fábrica de porcelana. A principios del siglo XIX, en 1809, se funda la Universidad Humboldt, auténtico centro de cultura y vida intelectual en Alemania, con personalidades como el filósofo idealista Schelling. En 1871 con Bismarck, el canciller de hierro, se avanza en la unidad alemana y Berlín se convierte en la capital del imperio, la primera capital de Alemania.

 
 
Gran parte de la restauración y planificación actuales tienen implicaciones políticas y sobre todo ideológicas. Es evidente un revanchismo urbanístico, en aras de la tradición, respecto a nomenclatura, monumentos, estatuas y plazas. Por ejemplo, múltiples nombres de calles, entre setenta y ochenta, fueron cambiadas:5 Ho-Chi-Minh-Str por Weissenseer Weg, Ernst Thälmann –comunista asesinado por los fascistas– por Isenburger Weg y la Plaza Thälmann cedió ante Mohren Strasse –aquí la justiticación es que no era una plaza sino un crucero–; no quedó huella de la Leninallee y la Leninplatz; igual suerte corrieron la Marx-Engels-Brücke, la Marx-Engels-Forum y la Marx-Engels-Platz. Estas últimas denominaciones tenían un sello tradicional y no político. Hasta hoy se conservan todas las denominaciones de políticos(as) que formaban parte de la tradición democrática, como Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht.

Hoy viajar en el metro, en el U-Bhan, al centro de Berlín es traumático. Varios puntos de referencia han sido borrados. Tal es el caso de la estación Bahnhof, que ha sido destruida en aras de la construcción de una línea transestatal. Hemos viajado con nuestros amigos Annegreth y Kay, alemanes de Kassel, y nos extraviamos en varias ocasiones. Transitamos de una estación a otra, subimos, bajamos y la extrañeza se apodera de mexicanos y alemanes.

Es relativamente fácil achacar al ex Muro berlinés el trastocamiento de estas antiguas referencias, o el cambio de denominaciones. Sin embargo, la desorientación, la inestabilidad del sentido común, la pérdida de las referencias nos trastornó en tiempo y espacio. Grúas de brazo móvil equipadas con palas mecánicas y roscas. Grúas gigantes de torre. Grúas móviles con brazo telescópico. Grúas mecánicas y eléctricas que elevan, transportan y colocan materia-les diversos. Palas enormes. Excavadoras. Tractores. Camiones. Un bullicio en Berlín que ataranta a peatones en su desplazamiento por túneles y pasos provisionales. Espacios cerrados con alambrón son parte del paisaje urbano cotidiano, ¿hasta cuándo? Berlín padece hoy fiebre de reconstrucción. Esta ciudad es la nueva capital de Alemania, y el gran proyecto de reconstrucción apunta a convertirla en la capital mundial del nuevo milenio.

La lucha entre los grandes bloques de poder: el asiático encabezado por Japón, el conducido por Estados Unidos y el europeo en cuyo liderazgo se encuentra Alemania, se expresa en este magno proyecto. La Daimler-Benz, con Mercedes al frente, ya terminó sus edificaciones. La Sony japonesa todavía está construyendo. Las galerías Lafayette ya se instalaron.

A principios de los noventa, a raíz de la unificación, el gran problema de dar unidad y nueva identidad a Berlín por cuarenta años dividido significó un enorme reto social que rebasaba ámbitos de la arquitectura, el urbanismo, la ecología y se proyectaba a la dimensión social en su totalidad. Berlín oriental, perteneciente a la desaparecida RDA, mostraba un notable deterioro frente a la modernización de Berlín occidental. Las antiguas casas y monumentos carecían de mantenimiento. Gran parte de estos barrios fueron expropiados. Antes de la caída del Muro las habitaciones eran baratas, pertenecían a pequeños propietarios y algunas al Estado. Más adelante, las propiedades fueron compradas por grandes compañías que desean su modernización. Las rentas aumentaron en un promedio de cinco veces. ¡Se quintuplicaron! 

   
¿Qué significa para los berlineses modernizar? Inquietud sumamente difícil de comprender para  los mexicanos. En nuestra caótica ciudad modernizar es aplicar la ley del menor esfuerzo: derrumbar edificios antiguos para levantar departamentos o crear áreas de estacionamiento sin respetar la arquitectura de una zona, ni siquiera la del Centro Histórico. Para los berlineses modernizar implica la entrada a un complejo proceso. Sus leyes señalan que toda modificación que beneficie –por ejemplo, el caso de ampliar los espacios o las áreas verdes– respetará el tradicional estilo berlinés. No es posible derrumbar edificios antiguos para construir nuevos, se trata de adecuar los viejos y poco funcionales, respetando una arquitectura de época que da fisonomía e identidad a esta ciudad.

Por lo que respecta a varios edificios de Berlín oriental, los socialdemócratas y otros ciudadanos se inclinan por destruirlos. ¿Cómo se explica esto en un país que respeta y valora la tradición? Quizá la respuesta se encuentre en razones políticas e ideológicas. Por ejemplo, el Palacio de la República, sitio que concentró los poderes del régimen socialista, y la plaza donde funcionó el Parlamento de la ex RDA, tienen una significación simbólica: alguna vez en la historia el sistema socialista tuvo el poder. Es sospechosa, por igual, la conducción ideológica de rescatar y reconstruir el pasado prusiano. Sanear o reconstruir el viejo castillo destruido en parte por la guerra, y hacia 1965 por el gobierno de la RDA. En este castillo vivieron los reyes prusianos. Este proyecto requiere integrar la plaza donde se encuentran  monumentos de Marx y Engels. No se necesita mucha imaginación para verificar el destino de tales símbolos.

Para charlar sobre problemas urbanos realizamos una visita al Despacho de Planificación Social del municipio en el distrito de Friedrichshain, el más pequeño de Berlín, con una población de 112 mil habitantes y una extensión de diez kilómetros cuadrados. Ahí entrevistamos a Werner Oehlert, encargado del mismo, junto con su equipo de colaboradores: arquitectos, trabajadores sociales, urbanistas. Realizan un trabajo de evaluación técnica de los edificios para su restauración, además de buscar recursos estatales. De forma paralela se hacen estudios socioeconómicos con los interesados en adquirir vivienda. La autogestión de vecinos es esencial y es impulsada por este equipo de trabajo. A partir del análisis de una zona, el municipio 23 de Berlín, y de una visita guiada por el mismo, conocimos en teoría y en la práctica las nociones que manejan los berlineses sobre el crecimiento y la transformación de su ciudad.

Esta zona comprende parte de la ex RDA, por lo que se abordan también sus problemas. Un sector importante del área se construyó con desechos de edificios de la guerra, y son inevitables las imágenes de las legendarias Trümer-frauen o escombradoras. En la parte de la Alemania socialista los arquitectos se orientaron hacia el estilo URSS, si es que era un estilo: casas de varios pisos y el espacio a ras del suelo para tiendas. En los años sesenta en la ex RDA se utilizaron casas prefabricadas, sobre todo edificios de departamentos. Es posible admirar cómo en la Karl Marx Allée y la Lenin Platz permanecen sin restaurar casas construidas a fines de siglo. 

Después del derrumbe del Muro de Berlín hubo tres barrios con graves problemas. La acción de estos equipos de trabajo urbano consiste en realizar investigaciones a fin de verificar si estas zonas son aptas como áreas de saneamiento, es decir, se realizan evaluaciones tanto de las condiciones materiales de las viviendas así como de la composición social del área. En los casos de reconstrucción con aportes monetarios del Estado, por ley los dueños no elevan las rentas. La reconstrucción es muy cara y la ley marca que no se debe usar más de 20% del ingreso familiar en el pago de la renta. El precio se establece por el valor del metro cuadrado.

Existen, asimismo, lineamientos legales respecto al alza de rentas. En general se busca que las casas sean acordes con las posibilidades económicas y de espacio de los demandantes. Para ello se consideran la situación laboral de las familias y su demanda real de vivienda. En esta zona se sabe que 30% de la población no es capaz de vivir sin ayuda estatal. Si bien existe el problema de escasez de vivienda barata, hay personas que son desplazadas de sus antiguas casas, porque una vez restauradas las viviendas no pueden pagar la renta. La labor desempeñada por el Despacho incide en resolver estas contradicciones y brindar opciones a cada familia.

Hoy son frecuentes los desalojos, y la toma de casas vacías ha sido una forma de lucha de la población de escasos recursos. Con los proyectos de saneamiento en Berlín han sido desalojadas varias casas habitadas sobre todo por estudiantes pobres. En pocas palabras, el problema de vivienda se aborda de manera interdisciplinaria. Se realizan estudios de suelo, cantidad de terreno de que se dispone, condiciones de las viviendas a reconstruir; esto se vincula con el aspecto social, demanda de vivienda y condiciones socio-económicas de las familias. No sólo participa el Despacho, sino también el Estado y, desde luego, los ciudadanos que plantean sus necesidades concretas.

El recorrido por el barrio en reconstrucción nos muestra las soluciones prácticas que han encontrado para la ampliación de espacios interiores, la forma como se utilizan las áreas verdes y de recreación. Asombra sobre todo la capacidad de adecuar al estilo característico de Berlín todos estos cambios, es decir, se reconstruye dentro de la tradición cultural de esta ciudad.

Berlín, que ha sufrido el holocausto contra judíos y comunistas, que sobrevivió a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, posee la gran tradición humanista de políticas y pensadores como Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, de intelectuales y artistas como Goethe y Brecht. Esta ciudad es y será siempre centro cosmopolita y vanguardia del arte. No es utópico pensar que están dadas las condiciones en el nuevo milenio para el rescate de la síntesis histórica, el corto tránsito del llamado socialismo real y la solidaridad internacional, la lucha para que la diversidad de culturas y razas convivan en una síntesis vigorosa, creativa, más allá de las imaginarias Metrópolis.

*Concepción Álvarez es maestra de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad Autónoma Metropolitana - Azcapotzalco. Es especialista en estudios de género. Ha publicado ensayos y reportajes en revistas alemanas y mexicanas. 

** Ezequiel Maldonado es profesor-investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana - Azcapotzalco, en el Área de Literatura del Departamento de Humanidades. Fue editor de la revista El Cotidiano. En la actualidad coordina el número 13 de Tema y variaciones de literatura, que aborda las literaturas india e indigenista. 

Notas

1 Reymer Klüver, “Abgehoben in die Zukunft”, Süddeutsche Zeitung, Berlín, 21 de septiembre de 1998, p. 3.

2Es un verdadero dilema tal proyecto. El número de usuarios resulta hipotético, pues se necesitarían viajantes de autos, ferrocarriles locales y del ICE, el supertrén Intercity, además de aviones. La rapidez del Transrapid-Bahn o el acortamiento del tiempo del viaje entre Berlín y Hamburgo sería como de 15 minutos, lo cual es una locura y habla de lo irracional de tal proyecto. Lo que no es irracional es la venta en el mercado internacional de tal idea. ¿Cuántos audaces y emprendedores tecnócratas mexicanos estarían dispuestos a llevar este Transrapid a México, con la ilusión de acortar distancias en aras de modernizar el caduco sistema ferroviario?

3Dorit Kowitz, “Mauerstrasse ist nich Wall Street”, Süddeutsche Zeitung, Berlín, 5 de agosto de 1998, p. 8.

4Karl Baedeker, Allianz Reiseführer Deutschland, Berlín, GmbH, 1992.

5Berlin Stadtplan. Patentgefalset, 59 edición, Berlín, Falk-Verlag AG, 1998.