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Nicolás Cárdenas García.
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| Un día pasaron
por el pueblo
cargando sus pesados fusiles su mugre su hambre hecha costumbre persiguiendo comida reclutas descanso. |
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Un largo día se quedaron en el pueblo se comieron las vacas los pollos los cerdos durmieron en las casas abandonadas y cuando se fueron un nuevo soldado decía adiós: el tío Esteban. Los años fueron después
como todos
De vez en cuando llegaban
noticias de la guerra
Otro día llegó
la influenza
Un día se supo que
las guerras terminaron
Otro día, cuando apenas
se recordaba su recuerdo
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| El pueblo tuvo así
un héroe de mirada triste
que a veces, cuando el sol se ocultaba tras el verde monte, se miraba las manos —vacías, fuertes, mutiladas— y luego suspiraba. Pasaron los años y
jugamos a la guerra
Con el tiempo llegó
de nuevo la revolución
Luego regresó la vida
diaria
Cuando el tío Esteban
se hizo viejo
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| Un día murió
y perdimos nuestro pedazo de revolución. Se llevó el olor a pólvora y la memoria de los muertos. Nos dejó con los campos tercos la vasta montaña el azul horizonte de este pueblo quieto, tranquilo, verde, boscoso agazapado en sí mi. |
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