El silencio histórico se ha roto
*Isabel Cárdenas Cortés
El olvido sólo sirve para volver a caer en los mismos errores y generar desastres semejantes. Dos directores han decidido sacar del olvido la historia de muchos hombres, mujeres y niños que lucharon desde las montañas de España contra el régimen franquista. Silencio roto, del navarro Montxo Armen-dáriz, y La guerrilla de la memoria, del peruano Javier Corcuera, nos hacen viajar al pasado, a un lugar oculto por los líderes políticos desde hace más de cincuenta años.

La Guerra Civil española no terminó con el último parte emitido en Burgos el 1 de abril de 1939 por el ejército de Franco. Como ya venía ocurriendo desde el inicio de la contienda en las zonas donde había triunfado el golpe militar, los hombres y mujeres que huían de la represión o que no se resignaron a la derrota se refugiaron en los montes y dieron vida a la guerrilla, al maquís, para socavar el régimen de Franco.

La Segunda Guerra Mundial significó una esperanza para los guerrilleros antifranquistas. Muchos de ellos, repartidos en diversas regiones, se integraron al Ejército Nacional Guerrillero o a los Grupos Libertarios de Acción, pero el régimen franquista ocultó su existencia y los medios informativos de la época (tanto prensa como radio) no daban noticia de ellos.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se reforzó la percepción de que los aliados no invadirían España. Lo cual constituyó un duro golpe para la guerrilla. Al desaliento se sumó la manipulación del gobierno franquista, que transformó la confrontación en un problema menor de orden público, convirtiendo a los maquis, los guerrilleros, en simples bandoleros. Las organizaciones políticas en el exilio, ante el cambio de coyuntura internacional, recomendaron el desmantelamiento de la guerrilla. A pesar de esto, muchos siguieron actuando. De manera oficial, el último maqui, José Castro Veiga, El Piloto, jefe de Estado Mayor de la guerrilla, murió en un enfrentamiento con la Guardia Civil en 1965. Desde el inicio de la guerrilla y durante todos estos años la población civil sospechosa de colaborar con ella fue encarcelada, torturada o asesinada. Muchas de estas personas eran mujeres y niños.

Una cosa lleva a la otra...
Dice Montxo Armendáriz, en entrevista exclusiva durante la Muestra de Cine de Guadalajara, en 2002:

La idea surge cuando estaba en la promoción de mi anterior película, Secretos del corazón, y Carmelo Gómez, uno de los actores de la cinta, me habla de por qué no hacíamos una película ambientada en la época de la guerrilla, del maquís. Él es de la zona de León, donde el movimiento guerrillero tuvo muchísima implantación e importancia. Conocía mucho más que yo lo que había sido realmente el movimiento. Yo tenía bastante desconocimiento, como la mayoría de la gente en España, ya que apenas se empieza a difundir. Hasta hoy había estado muy marginado, muy oculto, muy olvidado.
Carmelo Gómez me pasó un primer libro de Secundino Serrano, uno de los pocos historiadores que se habían encargado de estudiar el movimiento guerrillero en León. Entonces empecé a conocer y a enterarme de lo que había sido el movimiento guerrillero, pero sobre todo conocí a varios de ellos que todavía quedan vivos, charlé con ellos, me contaron sus 
testimonios, sus vivencias y de todo este material escribí el guión de Silencio roto.

Javier Corcuera, realizador del premiado documental La espalda del mundo (2002), al ver la película de Montxo Arméndariz sintió la necesidad de contar más sobre el maquís, sobrepasar la ficción y llevar a la pantalla a los sobrevivientes de esta lucha. Fue entonces cuando surgió la idea del documental La guerrilla de la memoria, entramado de testimonios de 10 de los guerrilleros y colaboradores del maquís, que si bien sabían que tal vez era imposible vencer al régimen de Franco, estaban convencidos de que valía la pena intentarlo y oponer resistencia al fascismo,  seguir luchando por la Republica.

Con su presencia en los montes lograron que los caciques de los pueblos no hicieran las barbaridades que se cometieron en otras poblaciones donde los maquis estuvieron ausentes. Su sacrificio no fue en vano, pues su presencia vigilante desde lo alto de las montañas, escondidos en grutas, padeciendo frío y hambre, mientras se daban ánimos con canciones compuestas por ellos que aún hoy perviven y son cantadas por los viejos, sirvió de freno a las atrocidades del ejército y la policía franquistas.

En la cinta de Corcuera se ve reflejada, a través de la voz y el canto de Esperanza Martínez, Remedios Montero, Flo-rián García, Francisco Martínez, Manuel Zapico, Eduardo Pons Prades, Benjamín Rubio, Ángela Losadas y Emilia Girón, que el maquís fue una guerrilla de amor, de solidaridad, de hermandad entre los campesinos españoles, de los que no tenían nada, de quienes daban lo poco que tenían a aquellos que los protegían en silencio desde las montañas. Una guerrilla en la que la participación de mujeres, jóvenes y niños de los pueblos fue crucial. Ellos recorrían los montes a pie, en bicicleta, como podían, con tal de llevar alimento, mensajes de vital importancia y el calor de la familia a aquellos que luchaban aislados contra el invencible monstruo del franquismo, pese a saber que aquellos aliados que los apoyaban fuera de España habían decidido que lo mejor era disolver el movimiento.

El propósito de Silencio roto y de La guerrilla de la memoria es dejar constancia de una época de la historia reciente de España, que se ha tratado de silenciar y olvidar y que, por desgracia, en la actualidad podemos ver reproducida —con distintos personajes y en diferentes escenarios— en los horrores de Kosovo, Colombia, Chechenia, etcétera.

Escenarios y personajes

Silencio roto fue rodada en una zona de Navarra, en los Pirineos, cerca de la frontera con Francia, área donde lucharon  algunos pocos guerrilleros. Después de mucho buscar, Montxo Armendáriz y el equipo de producción decidieron quedarse con esa locación, aunque hubieran preferido que la película se rodara en regiones donde el movimiento tuvo más auge, como León o Levante; pero no encontraron el pueblo adecuado que respondiese a las necesidades de la filmación, ya que la historia se desarrolla en los años cuarenta.

Al respecto señala Armendáriz (en la entrevista referida):

La época siempre es muy complicada, sobre todo porque en España ya quedan muy pocos pueblos que no estén absolutamente tocados y remodelados. Entonces hubo que buscar mucho, nos costó muchísimo localizar este sitio. Una vez que lo encontramos, pues lógicamente estos sitios no tienen una infraestructura muy fuerte, tanto de hoteles, como de restaurantes; nos dividimos entre dos o tres pueblos de la zona, todo el equipo. La verdad es que la gente nos acogió con un cariño y un entusiasmo encomiable y eso fue parte del ambiente de rodaje; lo que muchas veces no cubres con una infraestructura fuerte lo cubres con la amistad y el cariño de la gente que había en esa zona y la verdad es que bueno, pues enseguida nos adaptamos, estuvimos ahí tres meses aproximadamente. La verdad es que muy bien, porque se hacen amistades. Volvemos por allí aunque ya hayamos acabado el rodaje, llamas por teléfono, hablas con la gente. Creo que el cine además de hacer y contar aquellas historias que a uno le gustan, que te procura amistades, que te procura conocer gente es algo fundamental en la vida. 

Montxo Armendáriz tuvo que realizar un minucioso proceso de selección para encontrar a los actores, aunque tenía muy claros a Juan Diego Botto y Mercedes Sampietro, porque ya había trabajado con ellos. Sin embargo, la selección del resto de los actores jóvenes fue más complicada. Por ejemplo, para la protagonista de Silencio roto hizo un casting entre ochenta o cien actrices de la edad del personaje, que trabajan en la actualidad en cine, televisión, teatro, etcétera. De ese proceso, de esas pruebas, al final se quedó con Lucía Jiménez. 

 
 
 
 
 
 
   

Ella interpreta a una joven de 21 años, quien en el invierno de 1944 llega a un pequeño pueblo de montaña. Allí conoce a Manuel, un joven herrero que colabora con los del monte, los maquis. Lucía se siente atraída por Manuel, por su sonrisa y por el valor de esos hombres que continúan peleando por sus ideas, aun a costa de sus vidas. Cuando Manuel huye al monte, Lucía descubre la inhóspita realidad que oculta la montaña y, también, que por las vacías calles del pueblo sólo deambulan el silencio, el horror y el miedo.

Silencio roto y La guerrilla de la memoria forman parte de ese movimiento, cuya gestación lleva años, interesado en conocer, analizar, registrar y recrear los avatares del maquís. Se trata de dos obras cinematográficas que enriquecen este movimiento, impulsado también por la Asociación Sociocultural Gavilla Verde, que en colaboración con la Universidad de Castilla-La Mancha ha organizado, por segundo año consecutivo, las "Jornadas El Maquís en Santa Cruz de Moya. Crónica rural de la guerrilla española: memoria histórica viva". En octubre de este año las jornadas reunieron estudiosos del movimiento guerrillero, personas que pertenecieron o convivieron con él, escritores y cineastas, como Montxo Armendáriz, y el equipo de la película Silencio roto.•

*Isabel Cárdenas Cortés estudió ciencias de la comunicación en la Universidad Iberoamericana y el curso de cine y video científico de la Universidad de San Antonio de los Baños, Cuba. Se ha especializado en la realización de documentales y en la crítica cinematográfica. Ha realizado entrevistas exclusivas con varias personalidades del cine mexicano e internacional. Desde que tiene uso de memoria ha sido cinéfila empedernida, por lo que pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia en las salas cinematográficas, donde actualmente recopila historias, imágenes e ideas para escribir críticas, crónicas, reseñas, artículos y todo tipo de información sobre el cine que le pueda ser útil al espectador para disfrutarlo más.