En torno al espíritu de la cábala*
*Jenny Asse Chayo
Del centro del Libro como un enigma brotan los caminos que habrán de colocarnos en el alma más profunda de la letra. Ahí donde el hombre mira para buscarse y entenderse, y en el sendero de la palabra que conecta el cielo con la tierra, elevar el espíritu hasta el punto de la Luz primera. Pálpito divino que derrama las luces del zafiro, fuente, manantial profundo que colma las vasijas que despliega: Dios se Nombra Inteligencia y la inteligencia llena al mundo, y Entendimiento y Comprensión, en tríadas irrepetibles, la Misericordia, el Juicio y el equilibrio entre las dos que es la Belleza. Y en ese reino suyo que es Maljut, sefirá tras sefirá funda el universo y llega Su Luz al mundo y conduce con estos atributos el universo.

El hombre, inédito, frente al misterio de la Creación emerge, sus cualidades están moldeadas por los atributos divinos, a imagen y semejanza. Dios y el hombre son corresponsables en el devenir de la Creación y se engarzan en el Libro: la Torá, encarnación del espíritu divino, es el espacio del encuentro. El Libro es la mediación a través de la cual el pacto habrá de cumplirse. Pero la palabra divina habrá de ser interpretada, sus setenta rostros habrán de ser develados, descubiertos, recorridos. Cáscaras sagradas habrán de traspasarse para llegar, secreto de la letra, donde yace el espíritu divino.

Entonces la palabra revelará el misterio de su esplendor, Zohar, la traza de la luz siega al signo y ciega al hombre, volcado día y noche sobre el Libro. ¿Quién quiere el mundo si puede acceder a través de la palabra a Dios? Y si el mundo puede ser entendido, recreado, modificado a través de la interpretación de los signos, ¿quién quiere recorrer otros surcos, otros valles que no sean los de la tierra sagrada del Texto? El Libro es el lugar de la transparencia, donde Dios y el hombre danzan, comparten sus quimeras: un mundo redimido a través de la palabra que en acto se convierta, un mundo donde el sentido pleno del Libro, la Torá, haya sido revelado. 

Paraíso del significado, paraíso de la letra que va tejiendo en cadenas interminables las conexiones entre el cielo y nuestra tierra. Paraíso que imprime en nuestras almas el sello del deseo divino. 

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En el mundo del Zohar Dios aparece como el gran Lingüista. Las letras del alfabeto hebreo son entes vivientes que se presentan ante su Creador y le piden engendrar el universo con las combinaciones de sus signos: "Cuando el Santo bendito sea concibió la idea de crear el mundo y trató de hacerlo, volvió los ojos hacia la Torá y después lo creó".

La creación del Libro antecede la creación del mundo: "Vengan y vean, el mundo fue grabado y establecido con cuarenta y dos letras. Cuando fueron unidas ascendieron al mundo de arriba y después descendieron al mundo de abajo, las letras salieron y crearon el mundo de arriba y el mundo de abajo".

Con el habla y el aliento fue construido el mundo. En el centro del universo divino está la Palabra Creadora, y el Libro de los libros, la Torá, como plano arquitectónico del mundo nonato. Dios "lee" en estas páginas celestiales para crear el mundo. Si bien el Libro es el fundamento de la Creación, y es anterior a la misma, en la revelación de la Torá, en el Monte Sinaí, Dios accede a entregarlo a los hombres: la Voluntad divina es susceptible de encarnarse en la palabra que cada hombre, según el nivel de su entendimiento, la pureza de su alma y su estudio, será capaz de aprender e interpretar.

Nos dice el Zohar: "Cada palabra que sale de la boca de Dios es susceptible de setenta interpretaciones, a estas setentas interpretaciones corresponden las setenta categorías de almas que hay en la tierra".

La interpretación es el sendero que cada hombre encuentra para entrar a los misterios de la Ley. Para cada hombre hay una puerta única para entrar a la tierra del libro, un sendero que habrá de transitar para entenderse en este universo infinito de la letra divina. Donde la exégesis se convierte en un camino para el alma, el hombre tendrá la obligación de actuar según este camino. 

En el universo de la cábala hay una ley básica: todo lo que existe arriba existe abajo, y por lo tanto todo lo que sucede en el mundo terrenal afecta al mundo celestial y viceversa. En esta interrelación entre los mundos de arriba y de abajo cada nueva interpretación de la Biblia tiene un efecto en el mundo de arriba. Cito: 

Tan pronto como una nueva interpretación sale de la boca del hombre se eleva y se presenta ante el Santo bendito sea y el Santo bendito sea la adorna con trescientas setenta mil coronas. El Antiguo de los días saborea el aroma de esta nueva interpretación y obtiene gran satisfacción, la interpretación se mueve, asciende y desciende y se convierte en un firmamento.
Los cabalistas engendran la esperanza de una intimidad profunda con el Creador a través del Libro, pero esta relación tiene sus peligros. Mucho cuidado habrá de tener el cabalista en interpretar las palabras de la Torá: 
Si un hombre no está familiarizado con los misterios de la Torá y profiere una nueva interpretación que no entiende, esta nueva interpretación asciende y se encuentra con una lengua mentirosa, con una grieta del gran abismo, ésta se apropiará de ella, se la llevará a su grieta y ahí la convertirá en un falso firmamento llamado Tohu —confusión.


Ética de las palabras y los nombres, ellas constituyen el fruto donde el bien y el mal se guarda. El hombre elige las semillas, la interpretación que habrá de proferir, cocreador del universo, de su palabra depende el destino del mundo.

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El Zohar concibe la relación del hombre con la Torá como una relación amorosa: "la palabra de la Torá sólo se revela a quien la ama". La revelación de sus misterios, la desnudez de la letra, depende de los ojos del amado que la busca, que se atreve a mirarla por los resquicios, en las cámaras ocultas donde la letra aguarda al amado. En este erotismo místico, en este arrobamiento de la lectura y la interpretación, la palabra devela el alma. Signo de la desnudez que el hombre engendra, en el feliz augurio de una relación que habrá de allanar el camino hacia Dios a través la revelación de los misterios del mundo.

 
 
 
 
 
 
   
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El Zohar es una teoría sobre el amor. Dios ha construido un mundo dual donde los principios femenino y masculino que hay en todas las cosas habrán de encontrar la unidad. "El mundo —dijo el maestro— se apoya en el principio de la unión del macho con la hembra. Dios no establece su residencia en sitio alguno donde tal unión no existe".

El Zohar compromete al hombre con el mundo a través de la mirada profunda de la unidad que hay en lo diverso. Y a pesar de la complejidad de este libro, donde los niveles místicos del texto bíblico son revelados, encontramos un mensaje simple: la única forma de restaurar la fisura entre los mundos y los pueblos, entre el hombre y la mujer, entre Dios y el hombre, es a través del espíritu del amor. Dios creó el mundo en un acto de pura misericordia y el hombre está comprometido a prolongar la Creación a través de la imitación de esta cualidad divina, acto de donación y entrega que nos obliga a traer la luz en lugar de la oscuridad, el bien en lugar del mal, la misericordia en vez del juicio.

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"El amor intenso de un espíritu hacia otro sólo puede ser expresado por un beso, y un beso se da en la boca ya que es la fuente y el lugar de la salida del espíritu. Cuando se besan uno al otro los espíritus se unen y entonces el amor es uno". Dice rabí Shalom: "Los hombres y las mujeres son compañeros y su relación un medio para restaurar la creación en su estado original". 

Emerger de la grieta, con el amor ancho y profundo, colmarse del espíritu divino en la lectura del otro, en la lectura del Texto, en el abrazo del mundo: promesas de la redención que engendra la historia del deseo de un pueblo.• 

*Jenny Asse Chayo estudió letras latinoamericanas en la Universidad Iberoamericana y cursos de maestría en pensamiento judío en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ha publicado un libro de poesía: Busco en mi carne el Nombre (México, Praxis, 1997). Es coordinadora de Actividades Culturales de la Cafebrería El Péndulo, de Polanco. 


* Texto leído por su autora el 26 de agosto de 2003, en la Cafebrería El Péndulo Polanco, durante la presentación de Zohar. Libro del esplendor, traducción de Esther Cohen y Ana Castaño, selección y prólogo y notas de Esther Cohen, México, cnca (Cien del Mundo), primera reimpresión, 2002, 192 pp.