A manera de autobiografía Antonio
Lobo Antunes, en su segundo libro, En el culo del mundo (Siruela)
presenta un extenso diálogo en el que predomina la voz de un médico
que participó en la guerra con Angola. Situación que cambió
su percepción del mundo, recurriendo a las escenas que vivió
en combate; condicionando su charla e identidad entre la soledad, en una
Lisboa que continuamente modifica su espacio en aras de la modernidad,
y el dolor provocado por la violencia en un país diferente a su
patria, mientras su esposa se encuentra encinta.
Tal vez la guerra haya ayudado a hacer de mí lo que
soy ahora y que íntimamente rechazo: un solterón melancólico
a quien nadie llama por teléfono y cuya llamada nadie espera, tosiendo
de vez en cuando para imaginarse acompañado, y a quien la asistenta
acabará encontrando en la mecedora en camiseta, con la boca abierta,
rozando con los dedos morados el pelo color de noviembre de la alfombra.
En el personaje de Antunes el dolor moviliza reacciones, ha dejado de ser
una señal de alarma que señale el peligro y se ha convertido
en una alarma constante, al grado de anular, constantemente, las acciones
del tiempo presente, tornando cualquier escena en un vaivén entre
una acción cotidiana y el pasado; incluso, empalmando traumas e
imágenes generadas en la infancia. Con la intención de mostrar
las causas que originan su estado de animo y la justificación de
su comportamiento.
Sin duda, el personaje ostenta una clase de dolor que ha trascendido
la esfera corporal y modifica la vida diaria, la personalidad y el destino
del doliente. Como resultado no sólo produce tristeza y reacciones
de defensa llenas de acidez a las instituciones y la familia; asimismo,
muestra apatía y resignación al vivir dentro de esa misma
sociedad.
El dolor que porta aplasta su iniciativa ante el trabajo y la idea de
mantener una relación de pareja más allá del sexo
rápido. La obra de Antunes descubre la profundidad de las fosas
y las grutas insondables de su personaje; repliega al hombre sobre sí
mismo y arranca al individuo ensimismado, haciendo que intente levantar
cualquier vuelo. Por eso desvía la atención hacia el prójimo,
provoca un pertinaz egocentrismo e induce al olvido de sí a pesar
de estar sobre sí. |
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| Sobre 209 páginas el personaje reacciona,
se defiende, se deja poseer, adapta sistemas de conversación, y
los utiliza para sus fines, adquiere un sentido, se convence de su sinsentido,
se compadece, admira, ayuda, sucumbe, se interroga, mengua y se crece.
Diré que el personaje no sucumbe ante el dolor, pero tampoco diré
que supera el dolor que lleva consigo. Aunque el hombre, por sí
solo, puede enriquecerse a través del sufrimiento.• |
| *Ramón
Peralta estudió antropología social en la Escuela Nacional
de Antropología e Historia. Ha colaborado en Tierra Adentro,
Opción itam, El Mundo de Córdoba y Tierra Baldía;
así como en páginas electrónicas y en publicaciones
independientes. Imparte talleres de poesía en el Centro Cultural
San Ángel y en la SHCP. |
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