LA EXPERIENCIA DEL DOLOR EN 209 PÁGINAS
*Ramón Peralta 
A manera de autobiografía Antonio Lobo Antunes, en su segundo libro, En el culo del mundo (Siruela) presenta un extenso diálogo en el que predomina la voz de un médico que participó en la guerra con Angola. Situación que cambió su percepción del mundo, recurriendo a las escenas que vivió en combate; condicionando su charla e identidad entre la soledad, en una Lisboa que continuamente modifica su espacio en aras de la modernidad, y el dolor provocado por la violencia en un país diferente a su patria, mientras su esposa se encuentra encinta.
Tal vez la guerra haya ayudado a hacer de mí lo que soy ahora y que íntimamente rechazo: un solterón melancólico a quien nadie llama por teléfono y cuya llamada nadie espera, tosiendo de vez en cuando para imaginarse acompañado, y a quien la asistenta acabará encontrando en la mecedora en camiseta, con la boca abierta, rozando con los dedos morados el pelo color de noviembre de la alfombra.
En el personaje de Antunes el dolor moviliza reacciones, ha dejado de ser una señal de alarma que señale el peligro y se ha convertido en una alarma constante, al grado de anular, constantemente, las acciones del tiempo presente, tornando cualquier escena en un vaivén entre una acción cotidiana y el pasado; incluso, empalmando traumas e imágenes generadas en la infancia. Con la intención de mostrar las causas que originan su estado de animo y la justificación de su comportamiento. 

Sin duda, el personaje ostenta una clase de dolor que ha trascendido la esfera corporal y modifica la vida diaria, la personalidad y el destino del doliente. Como resultado no sólo produce tristeza y reacciones de defensa llenas de acidez a las instituciones y la familia; asimismo, muestra apatía y resignación al vivir dentro de esa misma sociedad. 

El dolor que porta aplasta su iniciativa ante el trabajo y la idea de mantener una relación de pareja más allá del sexo rápido. La obra de Antunes descubre la profundidad de las fosas y las grutas insondables de su personaje; repliega al hombre sobre sí mismo y arranca al individuo ensimismado, haciendo que intente levantar cualquier vuelo. Por eso desvía la atención hacia el prójimo, provoca un pertinaz egocentrismo e induce al olvido de sí a pesar de estar sobre sí.

 
 
   
Sobre 209 páginas el personaje reacciona, se defiende, se deja poseer, adapta sistemas de conversación, y los utiliza para sus fines, adquiere un sentido, se convence de su sinsentido, se compadece, admira, ayuda, sucumbe, se interroga, mengua y se crece. Diré que el personaje no sucumbe ante el dolor, pero tampoco diré que supera el dolor que lleva consigo. Aunque el hombre, por sí solo, puede enriquecerse a través del sufrimiento. 
*Ramón Peralta estudió antropología social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Ha colaborado en Tierra Adentro, Opción itam, El Mundo de Córdoba y Tierra Baldía; así como en páginas electrónicas y en publicaciones independientes. Imparte talleres de poesía en el Centro Cultural San Ángel y en la SHCP.