Bajo la piel de la escritura: una lectura* 
*Claudia Ruiz 
Dice Baltasar Gracián en uno de sus aforismos del Oráculo manual o Arte de prudencia, intitulado "Pagarse más de intensiones que de extensiones":
No consiste la perfección en la cantidad, sino en la calidad, todo lo bueno fue siempre poco y raro; es descrédito lo mucho. Aún entre los hombres, los gigantes suelen ser los verdaderos enanos. Estiman algunos los libros por la corpulencia, como si se escribiesen para ejercitar antes los brazos que ingenios. La extensión sola nunca puede ejercer la medianía, y es plaza de hombres universales, por querer estar en todo estar en nada. La intensión da eminencia heroica en materia sublime.
Encuentro en este texto del jesuita una serie de claves que nos permitirán calificar el libro Bajo la piel de la escritura. Se trata de un estudio que quiere, como su subtítulo lo indica, revisar la evolución y permanencia de la literatura iberoamericana, empresa inabarcable para un solo libro, pues ¿qué criterios deben aplicarse para jerarquizar una serie de textos que nos ilustren esto que León Guillermo Gutiérrez quiere exponer? Él mismo, en la introducción, advierte la presencia de vasos comunicantes que crean correspondencias entre los autores elegidos, y si bien cada ensayo persigue plantear, en forma concisa, un acercamiento a partir de la lectura de críticos que en algunas ocasiones son casi una referencia obligada, intuyo que detrás de todo ello está un criterio vinculado de alguna forma a su propio placer del texto o textos analizados en cada uno de sus ensayos. A lo largo de ellos se ofrecen pistas de interpretación de autores, cuyos escritos han generado un sinnúmero de revisiones y de los que nunca estará todo dicho. 

León Guillermo está consciente de esta limitación y sin embargo es este aspecto uno de los mayores aciertos que se hacen patente en cada uno de los apartados del libro. Entendemos que esta debilidad es una característica propia del género, que siempre fue subrayada por el padre del ensayo en Francia. Montaigne lo definió como "una simple tentativa", "sin pretensiones de maestría o de magistratura", "un trabajo de aprendiz", "un escrito de novato o de aficionado que se niega a aceptar la etiqueta de hombre de letras o de escritor". Sabemos bien que detrás de estas declaraciones hay tal vez una falsa modestia de su parte y no podríamos decir que Bajo la piel de la escritura haya sido escrito por un aprendiz, porque la gran mayoría de los que estamos reunidos aquí conocemos la trayectoria de León Guillermo dentro de la esfera de la interpretación, la creación y de la difusión de la literatura. En estos ensayos se recogen sus lecturas apasionadas, pero también las ideas que ya no pertenecen a un crítico en particular sino a una herencia cultural. Así, reflexionando sobre lo que han dicho Bataillon, Parker, Trabulse, Rama, Franco, Turner y otros tantos, León Guillermo lo hace suyo y consigue entablar con ellos un constante diálogo de acuerdos, desacuerdos y objeciones.

Quisiera retomar la idea de las correspondencias que se crean a lo largo de los textos, porque aunque cada uno cuenta con propuestas de análisis que podrían concebirse de forma autónoma, no podemos soslayar la posibilidad de agruparlos por preocupaciones temáticas similares. Si en el primer apartado se estudia a la obra cervantina bajo la influencia y el prisma del erasmismo en España, no es gratuito que después de éste se analice La vida es sueño, pues tanto Cervantes como Calderón de la Barca, inmersos en un contexto de aguda crisis espiritual, apuntalada en casi todos los documentos de Erasmo, nos ofrecen escritos donde el trastrocamiento de categorías como "realidad", "apariencia", "sueño", "verdad", "mentira" conforman el universo de las obras referidas. 

El siguiente grupo lo ejemplifican el texto de Sor Juana y el de Diego Torres de Villarroel, porque en ellos se abordan sus documentos de carácter autobiográfico. Este material Gutiérrez nos sugiere leerlo "con especial recelo", ya que el riesgo sería toparnos con una imagen que es la que, tanto la monja jerónima como el autor de Vida, quieren que la posteridad conserve de cada uno. Es cierto que estamos ante figuras un tanto acosadas por presiones religiosas o sociales muy fuertes, lo que justificaría el empleo de la autobiografía con fines tan precisos como el que acabamos de mencionar. 

Por último, podría señalar otro grupo donde se observa también cierto paralelismo temático. Se trata del ensayo sobre la novela de Aluísio Azevedo O Cortiço y el de Carlos Fuentes y la imagen de Estados Unidos desde la perspectiva del mexicano, que se perfila a partir de su narrativa. Nos encontramos con ensayos en donde la mirada del otro ocupa gran parte de las reflexiones de los autores. En el primer caso estamos en el momento del segundo imperio en Brasil, frente a un portugués que observa a un brasileño. León Guillermo subraya una serie de elementos de la obra que permiten identificar un "abrasilamiento de los colonizadores, quienes fueron sometidos por la naturaleza y la sensualidad" de una nación de tierras selváticas que devoró a su invasor. Un poco como el episodio que nos refiere sobre Valle Inclán, quien se latinoamericanizó al grado de usar poncho mexicano y sombrero ancho y se habituó a consumir marihuana por ser un uso común entre los indios mexicanos. En el caso de Carlos Fuentes el otro no es España frente al conquistado, sino el mexicano frente a una nación vecina que mira con admiración pero también con cierto temor, pues como dice León Guillermo "los hispanoamericanos, ayer y hoy [han sentido] la sombra amenazante de ese enorme oso blanco".

Quedarían sin agrupar aquí los tres ensayos restantes, sobre Las comedias bárbaras de Valle Inclán, La vorágine de José Eustacio Rivera y Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, donde también León Guillermo nos invita a leer a estos clásicos un poco en la misma dirección de lo que Octavio Paz decía sobre los grandes libros, refiriéndose a los "necesarios" (con comillas), es decir, los que "logran responder a las preguntas que, oscuramente y sin formularlas del todo, se hace el resto de los hombres". Allí están presentes relaciones familiares y de poder, la religión, el sexo, el "destino trágico de ser devorado por su propia irracionalidad" así como "las voces perdidas en el silencio de los templos y rincones de cocinas y camas".

 
 
 
 
   
Para concluir, quisiera regresar al aforismo graciano que insiste en la intensión cuando se trabaja con "materia sublime", porque es cierto que estamos frente a este tipo de material y reconocemos la imposibilidad de integrar otro tanto más, de allí la ausencia de un gran número de autores portugueses, argentinos, colombianos, uruguayos, guatemaltecos, etcétera, que ejemplificarían esto que cultural y geográficamente llamamos Iberoamérica. Imagino que León Guillermo, gran conocedor de la literatura de estas latitudes, debió resistir a una serie de tentaciones para privilegiar esto que Gracián considera como un mérito: optar por la calidad y no por la cantidad.

Sólo me resta decir, recordando una atinada correlación que escuché decir a un profesor, Marc Cheymol, en el salón de clases de mi facultad: que el verdadero inventor de la escritura no fue el oscuro egipcio que trazó los primeros jeroglíficos, sino Champollion, quien supo descifrarlos. De esta forma, con este libro, León Guillermo nos invita a encontrar claves y sentidos de cualquier texto para más tarde integrarlos a nuestra propia representación de Iberoamérica, así como a recrear o reescribir esto que él denomina "bajo la piel de la escritura". 

*Claudia Ruiz es docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Cuenta con publicaciones sobre literatura española y francesa en colecciones de la Coordinación de Humanidades, en el Anuario de Letras Modernas y en El Colegio de Michoacán. Ha sido profesora invitada en universidades nacionales e internacionales, como en Querétaro y Coimbra, Portugal. Desde 1999 es integrante del Sistema Nacional de Investigadores. 
 * Texto leído por la autora el 3 de mayo de 2005, en Casa del Tiempo, durante la presentación de Bajo la piel de la escritura, de León Guillermo Gutiérrez (México, UAM Xochimilco/Difusión Cultural (Frecuentaciones), 2004, 136 pp.)