El cántaro de las serpientes 
*Jussara Teixeira 
El arte de empezar, instante decisivo para el escritor frente a la potencia ilimitada de decir lo que todavía no existe, para extraer de este mundo un argumento, un cuento, un sentimiento, por medios de aceptación de las reglas y de los limites. Esta es la inquietud expresada por Ítalo Calvino (Seis propuestas para el próximo milenio, Madrid, Siruela, 2002, p. 125), que comparto plenamente en todas las ocasiones en las cuales me encuentro frente al blanco de una página o una pantalla. Distanciándome de las multiplicidades posibles, para aislar y hacer transmisible lo que de la infinidad de las tramas pueden ser sacadas del tesoro de la memoria.

En esta ocasión este arte está al servicio de la lectura, de destacar mi posible lectura, del libro del joven escritor Esteban Ascencio, texto que guarda en su intimidad verdades clínicas, que devela el ideal imposible. Escudriñarlo no sólo como amante de la literatura o psicoanalista clínica sino como la que aguarda un más allá de lo vivido y reflexionado, de lo sabido o escuchado de los pacientes en mi práctica cotidiana en la construcción a devenir. 

En esto estaba cuando recordé que en una ocasión una mujer, una amiga, una muy querida amiga, Talila, también llamada Frida Saal, estimulada por un desafío, mío, tuvo la extraordinaria prudencia de dejar palabras escritas para que cuando ya hubiera partido la tuviéramos presente. Una escritura que pervive a la muerte. Palabras que, porque viven en las cosas, siguen su camino en la transmisión. Palabras que hoy atesoro, las hago mías y que en relación con la sexualidad dice: "...la materia de que está hecha esa sexualidad: de carne, de olores, de recuerdos, de fantasías, de furores... ¿no es acaso la misma materia con que se teje toda la sexualidad [humana]?" (Frida Saal, Palabra de analista, México, Siglo XXI, 1998). 

Y añado: ¿no será esa misma la materia con la que se teje la vida, los encuentros, los desencuentros, los amores, desamores, la escritura? ¿No serán estos mismos los pasos furtivos que habitan la escritura que es el azar de la vida, la sexualidad y la muerte? En el texto Los cántaros de la noche Ascencio descurre encuentros de amor: uno, el del autor con su palabra, su escritura; el segundo, encarnado por Ernesto y Laura; otro más, la esperanza eterna de todo escritor, a saber, un encuentro que espera con nosotros los lectores.

Del primero sólo nos ocuparemos tangencialmente en cuanto escritura como movimiento, efecto y renacimiento, que existe en la medida que hay una lectura, un escucha que la autentique como tal, en este caso la de nosotros los lectores, momento de enlace del primero con el segundo encuentro que plantea el libro. Borges dice: 

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con un hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular, llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. Ojalá seas el lector que este libro aguarda. 

Como tributaria del legado y del anhelo borgeano, me aproximo a emprender el laberinto de este arte de encuentro, del interrogar el misterio y la belleza de la obra, con la condición ineludible de brindarle el más auténtico acto de fe en la escritura y en la configuración de la trama. Dejándome penetrar por la narración. Más aún, del autor no podemos decir casi nada, en realidad no conocemos al sujeto que escribe. Él es uno y muchos a la vez, tantos que son uno y otros que escribe, le escriben y que es uno más allá de lo que cree él mismo.

Serge Andre, en el posfacio de su novela heterobiográfica Flac, plantea: "...el narrador de un relato es tan sólo una máscara que oculta el autor... [máscara que] no se le pega al rostro como lo haría un molde, nos cuesta deshacernos de la ilusión común que nos hace pensar que la verdad se encuentra detrás del velo ficcional que le proporciona una vestidura" (Andre Serge, Flac, México, Siglo XXI, 2000, p. 159). 

Del otro encuentro, Ernesto-Laura, final y trágicamente logrado con la muerte, la del otro. De Laura destacamos entre tantas reflexiones la del amor cumplido en sus añoranzas de eternidad. Éste se desarrolla en las páginas que hacen trama en el libro. Si el autor nos presenta algo de lo vivido y lo imaginado, lo realizado o simplemente deseado, lo actuado o transmutado, resignificado, transfigurado, lo revela como parte esencial de la condición humana. 

El artista al producir su obra no lo hace a partir de un saber sino de no saber que lo hace. Ascencio desarrolla la condición de encuentro, de amor. Como afirma uno de los psicoanalistas contemporáneos más creativos, Jacques Lacan, en una de sus sentencias breves y doctrinales, uno de sus famosos aforismos: "la relación sexual no existe". No que no exista el acoplamiento diversificado entre los seres humanos descrito con detalle en el libro de Ascencio, sino que no existe en el sentido de la completud esperada en vida, sólo como en el texto, con la muerte se pudo cristalizar tan anhelado encuentro. 

Más adelante Lacan va a afirmar: "El amor es dar lo que uno no tiene". Lo que ambos personajes muestran con una extraordinaria desfachatez por la pluma del autor. Ambos quieren, piden lo que el otro no puede dar y planean dar lo que no tienen. Ernesto, a través de la pluma de Ascencio, presenta su historia, sus historias significativas, elementos, acontecimientos, recuerdos, frases, palabras dichas o calladas, escenas, imágenes casi como una verdadera autentificación de lo planteado en las lecciones lacanianas. Ernesto enseña y oculta la figura de un hijo de una madre que perdió la fe para transformarse en credo de todos los credos.

Transmutarse en omnipotente, un velo de amor enigma. Velo por donde se deja entrever, en el niño que hace declaraciones, atrapado por la pregunta de la significación de la vida y de lo que quiere una mujer y que cree, sólo él comprende. Ernesto envuelto en fantasías lejos de sí mismo, de su deseo. El que cada vez que nombró un objeto de amor lo hizo con una precisión equivocada estructuralmente. Y no hubo quien lo escuchara en su verdad que apenas asomaba. Niño que no creyendo en el azar encuentra su sitio, desecho, un simple objeto arrinconado... en un lugar donde las hojas barridas, el abrazo a la luz de la luna, la música le ayuda a vivir sin ahogarse.

Laura, furia, viento, latidos del corazón, mar, ella, siempre ella, dice Ernesto. Ella, velo, mujer misterio, enigma, lo femenino, como una diosa a través de las piernas ligeramente abiertas que muestra el siniestro de la vida, del ejercicio absurdo de la vida en el despertar vacío, oyendo los quejidos dentro de los ojos, las sombras del otro, de los recuerdos, del yo mismo.

Ella misma, fantasía, necesidad e invención de Ernesto, de cuerpo y piel estaba en un más allá, sin sentido del tiempo. Él la deseaba a pesar del ella y a pesar de él. Él que no la escuchada en sus sueños y quejidos, no podía. Él, que ni el nombre de la amada quería saber, pero que curiosamente lo dibuja una y otra vez desde el inicio hasta siempre en su obra, en su vida. En cuando al suyo, Ernesto sólo es nombrado cuando encuentra su lugar al final del libro. Mientras Laura atrapada por los caprichos de las estrellas, buscando encontrarse en sus desapariciones, inexorablemente enredada en la caminata del padre omni-presente a quien buscaba en los hombres infructíferamente. Eterna búsqueda de la causa perdida, objeto jamas encontrado.

Y se pregunta Ernesto: ¿quien es ella? ¿Quien fui yo? ¿Su compañero? ¿El hombre que confirmó su existencia ante el mundo? ¿Quien era? ¿Quien soy? Y no hay respuesta. Arriesga y plantea "lo inimaginable, esas cosas ocultas de la mujer que tras cerrar sus párpados quedan guardadas únicamente para ella..." (p. 32), por eso que "siempre se supo junto a ella, y no dentro de ella" (idem).

Amor. ¿Qué es el amor? Yo añado: ¿qué cosa es estar con otro? Cuestiones a las que Laura responde: es algo complicado, no lo entiendo. Por eso prefiere sentirse apasionada, vivir al límite, en el peligro, arrojo, como acto de aparente valentía, coraje, desenfreno, tiempo sin fe, muerte.

Del encuentro Ernesto y Laura, diseño de encuentro de amor o de amores, de dificultades relativas, de zonas de silencio, en el fondo de las relaciones humanas, más allá de una denuncia, una lección transmitida a través del relato, fuente de inhibición para el lazo social y sus potencialidades de producción. Relato de la inaccesibilidad del otro, que a la vez demuestra la inaccesibilidad de uno mismo. Si el narcisismo hace creer que uno mismo o el sí mismo es accesible, la vida labora en sentido contrario. "No se puede decir y saber al mismo tiempo desde donde se dice" (Estacolchic y Rodríguez, Escenas, causas y razones de la vida erótica, Buenos Aires, Letra Viva, 2003). 

Freud hablaba del extranjero interior para designar el drama del yo, el otro mismo, el sufrimiento estructural del ser humano. Destacando la soledad habitada por los fantasmas de más exquisito goce. "Mientras el amor engaña al deseo, le hace creer que encuentro su objeto, el malentendido puede sostener a la pareja en la creencia de que comparten el deseo. Si el malentendido cae, cada componente de desengaña..." (Estacolchic y Rodríguez, op. cit., p. 73). Lugar de desengaños, frustración, desilusión, defraudación, que ambos personajes de la novela atrapan en sus posibilidades preconizadas en el sueño.

 
 
 
 
 
 
   
Y retomando la preocupación de Calvino en torno al inicio y al final en un escrito, finalmente planteo que no puedo provocar un final sino un amarre que es una continuación, que es una invitación a que ustedes sigan y que disfruten del texto. Del tema el amor al fínal-continuación nos dice el poeta De Moraes: 
Así cuando más tarde me busque 
Quien sabe la muerte, angustia de quien vive 
Quien sabe la soledad, fin de quien ama 
Que yo pueda decir del amor (que tuve)
Que no sea inmortal puesto que es llama 
Pero que sea infinito en cuanto dure.

(Vinicius de Moraes "Soneto de felicidad".)

O el encuentro con el amor a la escritura.
*Jussara Teixeira es médica psicoanalista. Autora de diversos artículos y libros especializados en su disciplina. Editora de la revista Contexto en psicoanálisis; profesora de la Universidad del Claustro de Sor Juana.