| I
De noche la marea descubierta
devuelve lo perdido,
el viento sopla artista
sobre las aguas
donde nació el misterio
de hallarse vivo.
Vengo a la orilla
donde la arena cumple
su escritura,
al muelle donde cantan
los peregrinos viejos
transcursos de altamar
con silbidos de trova.
II
Prismal,
oceánico lenguaje de aire,
historia del aliento
en ráfagas mistrales,
partir es un camino
que olvida nuestro nombre,
una señal del faro
de alguna Alejandría suspensa,
una premonición que abarca
los puntos cardinales
y el tacto sigiloso
del que sabe
partir en dos
la sílaba del alba.
III
Asoma en el babor
la ciudad de la sal,
vergeles anteriores
a la tierra,
rastros de sol antiguo
en el paisaje,
es el resuello tramontano
que se anuncia
al norte de la rosa
que nos guía.
Sube el augurio de la espuma
como otro pasajero a bordo.
IV
Mensajero solar
un céfiro menguante
cabalga entre nosotros,
nosotros que volvimos
trashumantes al mar
dueños del barco que transmigra
sin leyes de la tierra firme.
Meltemi el temeroso
despertó en su verano.
Hora de hallar desde el timón
el giro de la brújula,
hora de remontar las velas
que tocarán el parpadeo del rayo,
hora de atar los cabos
en lo que no se olvida.
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