Historia oral  de una dinastía
*Sergio Zermeño

Hace una semana fueron presentados cinco testimonios de historia oral de lo que será un total de 17 protagonistas de la etapa constructiva de la Revolución mexicana, tal como el historiador estadunidense James Wilkie y su esposa Edna Monzón los recogieran a mediados de los años sesenta. Los Wilkie eran unos jovencitos que iban y venían cargando las pesadas grabadoras de la época, no sólo en México sino en toda América Latina.

Tuvieron una intuición maravillosa: se dieron cuenta, como nadie, que los grandes personajes de la primera revolución del siglo xx y del nuevo régimen estaban próximos a morir y que su testimonio, ahora con el reposo del tiempo, sería valiosísimo. Como no podía ser de otra manera, fueron acusados de ser agentes de la cia, pues circulaban en los mismos años en que era descubierto el proyecto norteamericano Camelot, de espionaje e intervencionismo para el resto del continente.

Texto leído por el autor el 17 de julio de 2001, en Casa del Tiempo, durante la presentación del libro de James W. Wilkie y Edna Monzón Wilkie. Participaron también como presentadores Patricia Galeana de Valadés y Francisco Gil Díaz; coordinó la sesión Edmundo Jacobo Molina.


Lo maravilloso de las historias orales de estos personajes es que nos muestran con nitidez que las trayectorias de vida de los hombres, y en particular de los políticos, no son nítidas; siguen rutas que en la mayoría de los casos los colocan a una enorme distancia de lo que augurarían sus primeros pasos, aunque vemos también cómo esos actores se esfuerzan, y en pocas ocasiones lo logran, por darle coherencia a sus vidas. Lo que terminarán siendo cuatro voluminosos tomos es difícil ilustrarlo en las pocas líneas de esta colaboración, pero para muestra algunas ironías:

Manuel Gómez Morín, fundador del pan en 1939, estudió en escuelas protestantes de Chihuahua, entre otras. Como alumno de derecho apoyó entusiastamente el cambio que trajo la Constitución de 1917; trabajó en Hacienda y en el Banco de México mientras la guerra cristera se agudizaba; fue acusado de izquierdista unos años antes de fundar el panismo, al tiempo que se desempeñaba como abogado de la embajada rusa; fue profesor de la Universidad Popular, director de la Facultad de Derecho y rector de la unam en 1933-34; en esta última posición debió asumir, al igual que lo harían más tarde otros rectores, la altísima responsabilidad de dar la cara por la institución, la universidad pública, frente al Estado fuerte surgido de la Revolución (le recortaron tanto el presupuesto que nunca cobró su sueldo). ¡Qué ironía!: hoy un miembro del pan ocupa el lugar del Tlatoani; frente a él, la universidad pública se defiende. Sea como sea, lo que sin duda le otorgó coherencia a la vida de Gómez Morín fue haber luchado siempre por mejorar aquello de lo que, en sus palabras, carecemos los mexicanos: espíritu de ciudadanía, cultura cívica.

Los Wilkie entrevistaron, entre esos 17 mexicanos, a Daniel Cosío Villegas, Jesús Silva Herzog, Ramón Beteta, Salvador Abascal, Vicente Lombardo Toledano, Juan Andreu Almazán hombres que por su poder político, o el de sus ideas, conformaron la élite surgida de la Revolución. Por ello mismo bautizaron a todo su ejercicio académico como elitelore, el saber de la élite, en contraposición con el folklore, el saber del pueblo. A primera vista parece lo mismo, pero hay diferencias: quienes se dedican a la historia oral de personas del pueblo, como el sociólogo Pierre Bourdieu en su impresionante volumen La pobreza del mundo, o como Cristina Pacheco en sus excelentes programas televisivos sobre los mexicanos en desgracia, pueden publicar inmediatamente el resultado de sus entrevistas o de colocar de manera directa la cámara siguiendo la entrevista: es la situación de pobreza lo que hay que destacar y nadie se acuerda del nombre de las personas. Cuando se hace historia oral con los miembros de la élite muchas cosas funcionan al revés, pues el nombre de la persona y la persona entrevistada son lo más destacado. Eso quiere decir que la publicación de esos materiales tendrá que esperar hasta que el contexto político haya cambiado y, por lo general, hasta que la vida de esos personajes haya concluido. Desde el ángulo de un investigador social o de un historiador, esta espera implica un gran sacrificio: en su mayoría, los materiales grabados por los Wilkie están siendo publicados 35 años después, por lo mismo no encontraremos muchos materiales recopilados con la técnica oral del elitelore, al menos no entre los investigadores mexicanos, lo que nos hace agradecer a los Wilkie su generosidad y su locura de juventud, y a la uam el estar publicando su obra.

 
 
   
James W. Wilkie y Edna Monzón Wilkie, Frente a la Revolución mexicana. 17 protagonistas de la etapa constructiva, II: Ideólogos, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2001 (Cultura Universitaria. Serie Historia), 364 pp.

*Sergio Zermeño es profesor -investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, donde ha ocupado diversos cargos académicos.