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Pintar
con luz las escrituras
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| 1. La pintora Irma Palacios es una poeta
de la forma. He podido constatar en varias ocasiones que se expresa verbalmente
de sus propios procesos creativos a través de metáforas y
asociaciones, las que muchas veces han sido recogidas por quienes la han
entrevistado o por quienes hemos tenido la oportunidad de compartir con
ella una conferencia, como me sucedió a mí en la Casa de
Cultura de Celaya con motivo de la exposición itinerante, que entre
otras sedes allí se exhibió, propiciada en ese caso por Moisés
Argüello.
Pero a diferencia de otros colegas suyos, Irma Palacios rara vez, o
nunca, se ha expresado directamente a través de la escritura, con
todo y que ama profundamente la palabra escrita, sea en verso libre que
en prosa narrada, como lo atestigua la admiración que rinde a varios
poetas y sobre todo al escritor Juan García Ponce, que además
ha sido uno de sus más distinguidos y lúcidos apologistas.
Por eso creo que ha decidido rendir un homenaje a la escritura conminándola
a una metamorfosis que tiene que ver con los ritmos, con las estructuras
visuales del quehacer escrito, con las incidencias de la luz sobre el papel.
Lo ha hecho sin utilizar el alfabeto romano, ni el griego, ni el cirílico.
En realidad no utiliza ninguno. La inspiran los cangis y ciertas escrituras
muy antiguas, casi arcaicas, como muy posiblemente la inspiran también
las regiones remotas donde se originaron. La antigua Mesopotamia pudiera
ser una de ellas.
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Trazos paralelos II, 2003,
acuarela/papel |
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| Trigal, 2002, acuarela y tinta/papel |
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| Todavía no sabemos qué se practicó
primero, si el ideograma dibujado o pintado, o los primeros atisbos del
lenguaje. A diferencia de lo que hace miles de años sucedía,
eso no lo podemos observar a través de la conducta de los niños
pequeños, porque salvo contadísimas excepciones, como la
que relata el excelente filme de Michael Mackensie La baronesa y la
cerda (The Baroness and the Pig, con el consabido tema de
l'enfant sauvage), cuya acción tiene lugar a fines del siglo
XVIII, los niños, salvo esas extrañas excepciones como la
que narra el filme, nacen en un cierto contexto en el que las palabras
existen y sus cerebros las van articulando de manera paulatina, tarde que
temprano.
Tal vez ambos medios, las herramientas que dieron lugar al dibujo y
las primeras articulaciones significativas de sonidos, en un principio,
empezaron a ocurrir simultáneamente y eso es lo que narra el filme
al que me refiero. Ambos tienen que ver con la capacidad de simbolizar
y esa capacidad es la que determina al ser humano como tal, es decir, la
que lo diferencia del homínido en vistas al crecimiento de los hemisferios
cerebrales. |
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Raga I, 2002, acuarela y tinta/papel |
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| Estructuras de signos, 2002, tinta/papel |
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| 2. Durante una visita reciente que hice
a su taller, observé casi la totalidad de las obras sobre papel
que ha realizado recientemente. Ya conocía algunas, exhibidas no
hace mucho en la Galería López Quiroga, pero ahora el contingente
ha aumentado en forma notoria y las opciones de técnica, así
como los "diagramas" (si así pueden llamarse) y los signos que deambulan
por ellos, conforman un mosaico amplio de opciones, todas determinadas
por la índole del papel empleado. Y éstas son muchas: algunas
de esas superficies que le han servido de soporte son más tenues
que una capa delgadísima de cebolla, otras son firmes, casi como
un cartón, unas más presentan leves tramas que traen consigo
un pattern, otras parecen pergaminos antiguos sin bordes delimitados,
hay una, de grandes dimensiones, que podía plegarse de tal manera
que casi cabía en un puño. Creo que la índole del
papel determinó en cada caso tanto la técnica como la índole
de las formas plasmadas. En sus finísimos artificios ella decidió
darle al papel un lugar protagónico.
Todas las indicaciones, representaciones, signos, intervalos... "se
muestran", porque lo que no se muestra, lo que no se manifiesta, jamás
puede aparecer, jamás puede llegar a tener semejanza con algo. Por
diferentes que sean entre sí, en las obras sobre papel de Irma Palacios
hay ciertas estructuras básicas en ese manifestarse. Hay también
ocultamientos deliberados, que desde un ángulo llamémosle
kantiano ocultarían el conocimiento de "la cosa en sí". Esta
idea queda ilustrada por medio de adherencias que, funcionando como veladuras,
dejan —y no— adivinar más que ver el pattern correspondiente
a determinadas obras.
Describirlas sería improcedente, las palabras no pueden acercarse
a ellas más que por aproximaciones muy sesgadas. Lo que es posible
hacer (lo que puede hacerse casi en todos los casos) es intentar recrear
el contenido de la propia conciencia en el lapso del enfrentamiento con
ellas. Para eso ayuda el tomar notas mientras uno está observando
con la intención de registrar los contenidos que se asocian con
el acto de percibir. |
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Inventarios de luz III, 2002,
acuarela y tinta/papel |
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| Tratado, 2003, óleo/papel |
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| 3. En la protohistoria, dicen los expertos,
cuando un hombre o una mujer contaban historias de caza o de agricultura,
esas historias estarían ya, de alguna forma, prefiguradas en sus
cerebros. Así empezaron a producirse objetos duraderos, como las
pinturas represtes (que en realidad son ya muy "modernas"), las herramientas
decoradas, los instrumentos de labranza bien hechos, las piraguas. Pero
fue el desarrollo de las realizaciones lingüísticas lo que
permitió codificar pensamientos y experiencias. El filósofo
Karl Popper y el neurólogo John C. Eccles dialogaron sobre estos
problemas durante su estancia conjunta de un mes en Belaggio y el diálogo
quedó registrado en el libro que en mancuerna publicaron después.
Me refiero a El yo y su cerebro.
Pero sólo si se formula en el habla, en el dibujo, en la escritura,
en la música, en la danza, ese pensamiento que anida en la propia
cabeza deja de formar parte de uno mismo y se fija en otro medio, sea efímero
como el habla no registrada, sea más duradero, como el dibujo, la
talla, la pintura, la escritura, las coreografías, las partituras.
La escritura llegó tarde. La primera épica de la que se tiene
noticia (parece que fue El poema de Gilgamesh) adquirió forma
escrita aproximadamente hasta el año 2000 a. C., pero su existencia
verbal en Sumeria abarcaba más de un milenio y se conservó
gracias a un paulatino y cambiante almacenamiento de memoria.
Sin poderlo asegurar, creo que Irma Palacios ha querido en estas series
aludir a aquellos orígenes, o al menos eso es lo que me vino a la
conciencia cuando me presentaba las obras recientes sobre papel a las que
aludo.
Esa especie de homenaje a lo primigenio, que ha dado lugar a obras tan
importantes como la que resulta ser el "testamento" que nos dejó
sir Ernst H. Gombrich después de más de 20 años de
elucubrar sobre el asunto (me refiero a su libro póstumo: The
Preference for the Primitive), tiene otras concatenaciones que llegan
a formar constelaciones. |
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Texto y trama II, 2003,
acuarela y tinta/papel |
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| Testimonio, 2002, acuarela y tinta/papel |
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| Por ejemplo, sabemos que la imaginación
tiene muchos modos, usos, tiempos, funciones... Solemos creer que un imaginario
rico se identifica con la posibilidad de contar historias increíbles
y míticas, como las que nos ha narrado con creces Gabriel García
Márquez, o en materia plástica, como las paradojas creadas
por algunos surrealistas y por sus antecesores directos, el más
notable de los cuales —creo que los supera a todos— fue Hyeronimus Bosch.
Claro está que la imaginación tiene que ver con eso, pero
de ningún modo se reduce o se confina en Das phantasieren,
pues la frase "tener un imaginario rico" alude a la capacidad de generar
imágenes y éstas son extraordinariamente diversificadas,
tal vez aún más en las modalidades abstractas que en las
figurativas, en los casos en los que éstas sean codificadas mediante
la idea de contar una historia o plasmar un momento que funcione como alegoría.
En las obras de Irma Palacios a las que me refiero —y en muchas otras—
la imaginación parece ser un proceso activo que busca, explora,
acepta, rechaza, corrige, elimina, adhiere, complementa, suprime, oculta,
devela. El uso del ritmo hablado, que es propio de los decires cotidianos
de esta pintora, cuya voz posee una entonación especial, puede haber
suministrado un apoyo a la memoria, trayendo consigo reminiscencias de
innumerables cosas vistas, escuchadas y recordadas a través de varios
años. Para ella los años recientes han sido pródigos
en viajes a países lejanos y no es que en estas obras sobre papel
ella haya dejado una especie de bitácora, sino que esos azares fugaces,
unidos a lecturas, han ido formando un arsenal del que ella extrae, quizá
con atención difusa, lo que necesita concretar para salir de su
pensamiento y dar cabida a las formas, luces y colores que se constituyen
en estas composiciones disímiles, pero no disímbolas. Les
conviene un adjetivo: son seductoras aunque no se han propuesto serlo,
aunque es cierto que la autora fue seducida por las superficies de papel.• |
| *Teresa
del Conde (ciudad de México, 1939) es maestra en historia del arte
y doctora en historia por la unam. Fue directora de Artes Plásticas
del inba y del Museo de Arte Moderno. Gracias a una beca de la Fundación
Guggenheim realizó una investigación sobre las ideas estéticas
de Freud. |
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| Trazo de vuelo III, 2003, óleo y cera/papel |
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