MUJERES POETAS EN EL PAÍS DE LAS NUBES 
*Grissel Gómez Estrada
¿Quién soy?
¿En dónde estoy?
Atravieso la puerta mágica y te encuentro...
Huajuapan.

Malinali Montes Victoria

Imaginemos una pequeña ciudad de paso. O un pueblo grande de paso. Ciudad de emigrantes, de comerciantes sostenidos por su condición azarosa de encontrarse en el camino que va del Distrito Federal a la ciudad de Oaxaca. Cabecera municipal venida a menos después de la construcción de la súpercarretera que reduce el tiempo para llegar a Oaxaca (rescatada quizá del estancamiento por la creación de la Universidad Tecnológica de la Mixteca). Imaginemos los muchos pueblos, zonas de extrema pobreza, que pertenecen a este municipio. Indígenas mixtecos. Terrible analfabetismo. Ni nos tratemos de imaginar la miseria.

Imaginemos el camino, entre cerros y curvas, que hay que recorrer para llegar a Huajuapan de León, frontera entre Puebla y Oaxaca. Imaginemos el calor. A su gente que se debate entre la hospitalidad del mixteco y la rapiña del comerciante. Pensemos en sus recintos culturales. ¡Albricias! Hay una casa de cultura. Hay una universidad. Hay un cine. Un museo regional. Muchos bares y cantinas. Un deportivo. (Y hoy en día hay ya tres discotecas.)

En este panorama, a algunos —reunidos en el Centro de Estudios de la Cultura Mixteca— se les ocurre traer la poesía a Huajuapan y sus comunidades aledañas. (Me refiero a la oficial, porque la otra, la poesía subterránea, indócil, autodidacta, existe en todas partes. En el habla habitual del idioma mixteco o ñuu savi, por ejemplo.) Y se les ocurre que sean mujeres, ignoro si por sensibilidad o publicidad. Pero la idea se concreta, la poesía se objetiva, y en 1993 se lleva a cabo el primer encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes, es decir, en el corazón de la Mixteca oaxaqueña.

Desde entonces, poetas de cualquier edad, cualquier nivel, de Brasil, Chile, Colombia, Francia, Noruega, Rusia, Canadá, Suecia, Estados Unidos, Argentina, Cuba, Costa Rica, Australia, Ecuador y diversos estados de la república mexicana se han reunido en este encuentro.

Estas mujeres han sabido despertar, contra la impasibilidad cotidiana, cierta vida poética a la ciudad. Llegan al País de las Nubes atraídas por el deseo de aprender de los pueblos, de convivir con los pueblos. Recorren las comunidades (como Tequixtepec, Tonalá, Yosocuta, Tamazulapan, incluso han llegado a la costera Pinotepa, y al municipio poblano de Chila de las Flores), las escuelas, los recintos culturales, y clausuran el acto en el Palacio de Bellas Artes, en el Distrito Federal. Realizan talleres de poesía con niños y jóvenes. Ofrecen recitales maratónicos. Dan consejos a jóvenes interesados en la creación. Comparten. Cada noviembre. (¿Debo decir que en Oaxaca, ciudad casi sinónimo de cultura, no existen las carreras de literatura, música, teatro, danza, pintura o música?) 

Es absolutamente importante la participación activa de las comunidades, porque son sus habitantes, sin reparar en gastos, quienes brindan a las poetas hospedaje y alimentación. De esta forma la convivencia no se realiza entre un escenario y su auditorio. Es real, cotidiana, cálida. Los habitantes son el verdadero sostén del encuentro.

También ha recibido apoyo del gobierno municipal de Huajuapan, el gobierno estatal de Oaxaca y el inba. Se han publicado dos antologías, en el 2000 y el 2001, ediciones en manos de Leticia Luna, Lina Zerón y Emilio Fuego, y cuyos costos han sido cubiertos por las autoras.

De esta forma, el encuentro Mujeres Poetas en el País de las Nubes ha constituido un esfuerzo no sólo por llevar a escritoras profesionales que muestren y promuevan su actividad poética, es también un esfuerzo por poetizar una ciudad enajenada por la problemática económica, política y cultural a la que se enfrenta la humanidad. Los propósitos de las poetas, según sus propias palabras, están "esencialmente definidos por la poesía y que por lo tanto es nuestro trabajo poético lo que nos reúne en torno a un proyecto que busca hacer causa común con las poetas y las comunidades".

La experiencia literaria no es una actividad individual, mucho menos la experiencia poética. La lectura individual es un resultado, un invento de las grandes ciudades donde los hombres se convierten en rostros anónimos, de la época moderna, que dicho sea de paso es también un invento: la modernidad es un término que la cultura occidental acuñó para hacernos creer que el desarrollo general de las culturas debía cumplir los cánones que ella misma estableció. La modernidad es el sueño de la intolerancia que se cree humana, de no concebir más verdad que la enunciada por el pensamiento eurocentrista.

Imaginemos, nuevamente, la experiencia de la lectura en la España medieval y de los Siglos de Oro, donde era común que alguien leyera, o incluso dijera de memoria, grandes obras, largas obras, a un público oyente interesado y analfabeta. Textos literarios de la talla del Quijote fueron leídos de esta manera. Es la posibilidad de lectura que posee quien no sabe leer.

Y el poema, ante todo, se niega a ser callado. El poema no posee un ritmo y una música propia por simple norma. El poema es escrito para ser leído, cantado, declamado (obviamente, existen algunos que expresamente son para ser leídos por el efecto visual que causan, como el caligrama y el poema concreto). De esta forma, la experiencia poética en Huajuapan de León, Oaxaca, es colectiva, sin lugar a dudas. Nadie permanece ajeno a ella. Porque aunque la gente que asiste a las lecturas de las poetas quizá no vuelvan a leer en todo el año, de alguna forma lo hace cada noviembre.

Me parece pertinente terminar con los poemas de algunas de estas mujeres que han participado en distintos encuentros, elegidos con absoluta arbitrariedad, incluyendo, desde luego, a las poetas mixtecas, que hasta el momento han tenido una actuación casi marginal (esperemos que pronto se les tome en cuenta), como Betty Cariño, Nayeli Cortés, y las niñas Malinali Montes Victoria y Mariana Ramírez Reyes.



 

Enriqueta Ochoa (México)

Entre la soledad ruidosa de la gente

Busco un hombre y no sé si sea para amarlo
o para castrarlo con mi angustia.
Tengo hambre de ser
y me siento frente a la ventana
a masticar estrellas
para que mi dolor de estómago sea cierto.
La verdad es que duele en los nervios
todo el cuerpo, esta noche, hasta los tuétanos.

En la casa contigua
grita una mujer las glorias de la Biblia
y no conoce a Dios.
Su voz huele a vinagre, a aceite de ricino,
y Dios no huele a eso.
Entre mil olores reconocería el suyo.
Algo que no digiero me ha hecho daño esta tarde.
He visto a otros más humildes que yo.
No quiero reconocerme en ellos.
De tanto huir se me han caído las palabras
hasta el fondo del miedo
no salen, rebotan dentro como canicas, suenan sordas.
Sin querer, me doy cuenta que me he quedado en la ruina.

Me falta lo mejor antes de irme: el Amor.
Y es tarde para alcanzarlo,
y me resulta falso decir:
—Señor, apóyame sobre tu corazón
que tengo ganas de morir madura.

Nadie madura sin el fruto.
El fruto es lo vivido y no lo tengo:
lo busco ya tarde,
entre la soledad ruidosa de la gente
o en el amor que intento, y doy, y espero,
y que no llega.

Mujeres poetas en el país de las nubes. Antología, México, 
Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, 2000.



Dolores Castro (México)

Nunca ceniza

¡NUNCA será ceniza!
¡Fuego! ¡Fuego!
Impalpable coto de caza,
mundo de nuestros límites,
inmenso.

Mundo con atadura de seda
y cerradura
con amoroso cerco de púas.

Mundo de nuestros límites:
hacia la media miel
la punzadura,
hacia la música el estruendo.

El paso llano y a medio pie
el abismo.

¡Fuego! ¡Fuego!
¡Nunca será ceniza nuestro anhelo!

Mujeres poetas en el país de las nubes. Antología, México, 
Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, 2000.


Juana María Naranjo 
(México)

Desliza en la hoja
una gota de rocío:
¿será que llora?

Sable al silencio, México, Praxis, 1996.


Betty Cariño (Mixteca)


Ayer bajé a los infiernos.
Cansada de tus ausencias
decidí buscarte
Ahí estaba Marx.
Supuse que estarías ahí
y continué...
Hallé a Frida, a Diana...
Pregunté por ti
y nadie te conocía.
Al llegar a las calderas
descubrí a Hidalgo
y a Sor Ye-Yé.
No estabas, no.
Tal vez aún seguías aquí conmigo,
y, tonta de mí,
creí que te habías marchado.

Ayer bajé a los infiernos.
Cuando el hielo de esta soledad
me quemaba
te busqué, te busqué
y no estabas ahí.
El Che me dio un mensaje
y revisé en mis adentros:
habitabas la otra mitad de mi corazón,
tatuado en mi puta alma
aún ardías
y aún ardías.

Pero, ¡oh, maldita sea!
Satanás me había besado
y no pude dar marcha atrás.

Ayer bajé a los infiernos
y te llevé conmigo.
Perdóname amor mío.
No volveré a exponerte.

Clausura del X Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes, 2002.


Silvia Tomasa Rivera (México) 

(Fragmento)

El deseo recurrente,
la extraña sensación de imaginarte
con los cabellos revueltos en la yerba,
a punto seducida por el hombre que soy,
por el que he sido:
la raíz de otros hombres, ocultando seguro
mi propio desamparo.

Otra vez quiero amarte a cualquier hora
como un guerrero a fuerza de la entrega.
Aunque la lluvia caiga sobre el bosque
y todo sea un espejo irremediable;
el que ahora contemplo detrás del escritorio
como un desdoblamiento de la imagen.

Mujeres poetas en el país de las nubes. 
Antología
, México, 
Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, 2000. 



 

Leticia Luna (México)

Desde el oasis

(Fragmento)

V

Llevamos el bosque
entre las piernas
las cartas abismales
las botellas de tequila

Los ojos penden de la lámpara
y la ausencia
deja su luto en las esquinas

Entre los árboles
recojo las hojas caídas
en una penitencia
que me impone no Dios sino el otoño

Bienaventurado el bosque
porque él tiene la risa entre los labios
y yo el aullido quemante del presagio

Mujeres poetas en el país de las nubes. 
Antología
, México, 
Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, 2000.


Francesca Gargallo (Italia)

No digas

II

No digas una vez más que entendiste.
No lo repitas con el hilo de voz
que las mujeres bastonadas usan para decir que sí.
Prefiero la ignorancia
la terca ignorancia de la rebeldía
los ojos cerrados ante los golpes.

Mujeres poetas en el país de las nubes. 
Antología
, México, 
Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, 2000.


Carmen Hernández Peña (Cuba)

Manuscrito en caracteres arameos sobre piel de becerro

(Fragmento)

Señor, así te llaman los que van tras de ti. Yo también, porque sigo tus huellas, y por donde cruzas, respiro el aire que respiraste, y guardo el polvo que arremolinas para esparcirlo sobre mis cabellos. Señor, así te llaman.

Cuando entraste en mi casa, bajo el signo del fuego, tus ojos vieron el solaz que brindaba mi cuerpo. Y no sentí vergüenza de mi desnudez, porque si tú quisieras no habría hombre que tocara mis pechos ni enredara mi lengua. Si tú quisieras, Señor.

Solamente me miraste con tus ojos profundos, y mi corazón ardió como una brasa. Con tu látigo los habrías arrojado a todos, donde tú eres el amo. ¿Por qué no los echaste? ¿Por qué tan sólo mirar más allá de mí?

En un trozo de nogal he tallado esta copa que te ofrezco. Cuando bebas en ella, estarás bebiendo de mi corazón. El vino será mi sangre, que ha de buscarte siempre. Si tú me amarás, me arrancaría los ojos, cercenaría mis pechos. Mujer nueva, Señor, si tú me amaras.

Tengo miedo. He mirado en las llamas, invocando tu nombre, y te he visto sufrir. He visto tu cabeza sangrante, y tus manos y tus pies lacerados. Deja ya de decir que siembras la verdad. La verdad es peligrosa: guárdala para ti. Susúrrala en mi oído. Viértela en mi garganta.

Rituales del viajero, La Habana, Ávila, 2001


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Marianne Toussaint (México)

El paisaje era la casa

I

La noche exhalaba su aliento
Y en la estrechez de la sombra
me llevabas al mar;
yo temblaba abrazada a tus piernas
cercana al vaho que desprenden los riscos.

Eras parte de la noche:
noche
prisión exacta
garganta donde pierde su memoria el día.

Aguas golpeaban el acantilado
imprimían la piedra y el deseo
lavaban en su blancura calcárea
la impureza de la culpa.
El ruido de la ola nos fundía en el sobresalto
éramos un árbol en el horizonte.

II

En altamar las aguas guardan silencio
hasta llegar a la orilla nocturna con su grito,
su voz en el insomnio.

A lo lejos Rabat teje la geometría de los astros.
Nos mirábamos para la ausencia
zumo en los ojos del agua
las noches y los días de mi padre.

III
Una mujer sin padre
es un papel al viento
no entenderá cuando un hombre la mire
ni reconocerá olores y rutinas de casa. 

Para una mujer sin padre
el mundo será siempre un desconocido.

http://www.prodigyweb.net.mx/snaval/marianne /marianne.htm



Malinali Montes Victoria (Mixteca)

Despedida

Juan se fue
Como lo hizo su padre
Voló igual que las aves en el invierno
Juan se fue

Dejando la tierra que lo vio crecer
Abandonando a la mujer que le dio la vida
el maravilloso canto de los pájaros
el cielo azul de tantas preguntas
el río que creció con él
Juan se fue, se fue a los Estados Unidos
un país extraño...

Todo diferente
en donde el dólar equivale a:
Sangre, Cansancio, Sudor
y Lágrimas.

Juan se fue
Como su padre

Inédito



Emilce Strucchi (Argentina)

Atardeciendo

La luz pospone lejanías.
El cielo se desata furioso
como una despedida obligatoria.

En su frontera la tarde guarda los espíritus.
Los sonidos acarrean andamiajes de la dura faena. Se desangra el día
como una herida lenta de crecidos dolores.

De tanto crepúsculo se agota la tibieza
y llora despacio el horizonte sus lágrimas de hastío.
Una muchedumbre de luciérnagas
esparce su brillo.

Las casas cierran sus ventanas.
En el fondo de la noche descansa el campo adormecido.

El silencio es un golpe seco en la terraza del alma.

Poemas, 1999-2002, s/l, Heróstrato, 2002.


Eurídice Román de Dios (México)

Serpiente

Huele el aire con la lengua.
Sigilosa bajo el sonido del agua clara.

Acecha la muerte,
danza de cascabeles. 

Frente a mi rostro,
espejo de palabras.

Templanza, silencio,
fuego y agua.

Mujeres poetas en el país de las nubes.
Antología,
México, 
Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, 2001.

 
 
 
 
 
 
 
 
   
Mariana Ramírez Reyes (Mixteca)

Mi abuelo y yo

Han sonado las campanas
y no terminé de contar sus arrugas
su cara triste viendo pasar el tiempo
ni siquiera adiós pudo decir
y se murió, se murió
se me fue mi abuelo
murió de un infarto
y viéndolo ahí tirado
yo sentía que se me partía el corazón,
que me desvanecía lentamente,
no encontraba el sentido de la vida
ya nada era igual
sin su sonrisa
sin bendiciones
sin él
el mundo rodaba sin mí
ay abuelo
no sabes cuánto te quiero
es por eso que hoy escribo inspirada en tu bello recuerdo
¡ay abuelo!

Inédito


Nayeli Cortés (Mixteca)

Fecundación

Ahora prisión de sueño
deja adentro recuerdos aún no míos.
Cuando dividida vencí a una,
todos resbalaron y conocí a la muerte,
jamás gritaron clemencia.
Absorta, sola, sólo sangre que beber,
pareció librada la batalla al fin.

Silencio se hizo mi voz.
Como ellos nunca supe que vendría,
así, sin aviso,
así también me iré.

Esto sabe a silencio, hay sangre derramada.
¿Será que sueño soy?
Manso rehén, humo de sueño.•

Luna Zeta. Revista de creación literaria
núm. 12, diciembre 2002-marzo 2003. 

Nota

 1"Manifiesto de las mujeres poetas (declaración de Santo Domingo)", en Mujeres Poetas en el País de las Nubes, México (df, 30 de noviembre, 1997: http://orbita.starmedia.com/mujerespoetas/documentos.html).  •

*Grissel Gómez Estrada (ciudad de México, 1970) es licenciada en letras hispánicas por la uam y maestra en literatura española por la unam. Obtuvo el primer lugar en el Concurso de Poesía UAM 96 y el segundo sitio en el Concurso Nacional de Poesía Efraín Huerta, en 1997. Ha publicado ensayo y poesía en diversas revistas y periódicos nacionales; el poemario "Los clavos de fuego de la noche" en el libro colectivo No hay quinto malo (1998), Poemas de neurosis y antineurosis (2001) y Otra vida (2003).