DESIGUALDAD ECONÓMICA
Definición, índices e indicadores 
*Ana María Peppino Barale 

Es necesario entender qué significa la desigualdad para atacarla en su esencia generadora y superar la etapa de atender sólo a los resultados políticamente más incómodos. De ahí la importancia de su precisión desde la academia en sus dos vertientes: la difusión entre pares y la divulgación para alcanzar al público en general. 

Para comenzar se puede partir de la dicotomía igualdad-desigualdad para distinguirla de la homogeneidad-diferencia. Es menester dejar claro que las diferencias existen y deben respetarse, pero lo que no debe soportarse es la desigualdad que ofende al género humano: lo contrario a igualdad no es diferencia ni diversidad, sino desigualdad. El respeto a las diferencias lleva al pluralismo, el cultivo de la desigualdad a la destrucción del ser social.

Si bien los índices de desigualdad se pueden expresar numéricamente, en el fondo subyace una postura egocéntrica y hedonista de la vida en la que se no se encuentra ningún rastro de solidaridad y, en especial, donde los gobiernos han renunciado a su función primordial que consiste en representar el bien común. No hay forma de justificar por qué una familia de clase media en un suburbio de París gana, en promedio, cien veces más que una familia del sureste asiático; que la cantidad de dinero gastado en Estados Unidos en refrescos de cola sea casi dos veces superior al Producto Nacional Bruto (PNB) de Bangla Desh; o que los países ricos (incluidos los productores petroleros del golfo Pérsico), con 15% de la población mundial, controlen cerca de 80% del ingreso mundial.

Se puede tomar como ejemplo de países con menor índice de desigualdad a los del norte europeo que siguen la línea del Estado de bienestar, que es una forma de solidaridad basada en una distribución de la riqueza que garantiza una base de satisfactores —infraestructura, educación, salud, alimentación— de alto nivel para la población en general, pero también se fundamenta en una cultura política y organizativa que articula derechos y deberes de los ciudadanos. Es decir, la supresión de la desigualdad debe encararse como una forma de vida desde el Estado mismo.

Todas las sociedades tienen recursos limitados y el problema clave se encuentra en la manera que estos se distribuyen. Pero si una estructura social está construida sobre la creencia de que los seres humanos son necesariamente desiguales, poco se puede hacer para superar la desigualdad. Distinto caso si una sociedad determinada se organiza alrededor de la certeza de que los recursos deben distribuirse justamente, legisla en ese sentido, vigila el cumplimiento de los derechos y los deberes, y está atenta a las necesidades de sus integrantes. Es decir, la igualdad es producto de una concientización, de un convencimiento, de una resolución con respecto al reparto de los bienes materiales, culturales o simbólicos de la sociedad en cuestión. 

Una sociedad más equilibrada en la repartición de sus recursos está sustentada necesariamente en un concepto de valor respecto a qué es bueno y qué es malo. Si no se entiende a la desigualdad como un valor negativo per se, es difícil alcanzar soluciones efectivas y se pasará el tiempo aplicando parches que atienden situaciones apremiantes pero no atacan la causa del problema.

El siglo xxi golpeó a las puertas de una América Latina en la que se ha profundizado la desigualdad, en lugar de estrecharse la distancia entre los pocos privilegiados y la mayoría excluida. De ahí que una discusión sobre este tema tendría que ser permanente para permear los distintos extractos de la sociedad y ser analizado desde las diferentes disciplinas. La búsqueda de la igualdad sólo puede prosperar si se atiende integralmente. Sin embargo, para su estudio, la complejidad del problema exige un acercamiento organizado alrededor de alguna de sus facetas. Por eso, esta reflexión encara una de sus caras, la económica, en particular su efecto más devastador: la pobreza. 

Comprender las características de la pobreza es el primer paso para deslindar causas de efectos, para explicar su derivación generadora de luchas sociales y de la emergencia de nuevos sujetos sociales. La precisión de este fenómeno me ha servido como uno de los conceptos ordenadores para sustentar las bases de la radio popular en América Latina o para explicar la doble desigualdad sufrida por muchas mujeres en las que se suma negativamente su definición biológica a su condición de pobreza. Esta es una nueva oportunidad para tocar con mayor puntualidad el tema de la desigualdad económica, que es complejo de por sí y que requiere replantear de continuo las perspectivas de acercamiento a esta realidad múltiple, que tiene tiempo de estudios diferentes pero que en este comienzo de siglo, y en América Latina, no pueden desligarse, en especial cuando se trata de hacer visible la desigualdad que se recrudece, se refuerza y se entrelaza en sus diferentes variedades.

Para cumplir con ese propósito, desde el pensamiento conceptual y la evidencia empírica, intento responder a las siguientes preguntas: ¿qué se entiende por desigualdad?, ¿qué vínculos existen entre desigualdad, pobreza y bienestar?, ¿cuál ha sido la aportación de Amartya Sen sobre el tema?, ¿cómo se mide la desigualdad?, ¿cuáles son los instrumentos que permiten realizar comparaciones significativas?, ¿son confiables los indicadores? Las respuestas son elementales para los expertos, pero no para quienes nos acercarnos desde otras disciplinas. A estos últimos está dirigida esta exposición que busca destacar puntos y fuentes que considero claves como introducción al tema de la desigualdad, en este caso la económica.

Por lo que toca a las fuentes consultadas, quiero destacar la extraordinaria facilidad para la investigación que significa el acceso a la Internacional Network of Computer —conocida por su acrónimo internet—. Antes de este desarrollo tecnológico era obligado recorrer bibliotecas, someternos a sus horarios, normas y restricciones y no siempre se conseguía la información actualizada. 

Pero también quiero señalar la capacidad y entrenamiento que se requiere para seleccionar los sitios con alta credibilidad y significación para el tema en cuestión y, sobre todo, dada la cantidad de información a la que puede accederse, discriminar aquella significativa. 

Qué se entiende por desigualdad

Los medios de comunicación visual actuales exponen la desigualdad en sus programas de noticias o en reportajes especializados. No se trata de diferentes formas de vida que responden a pautas culturales específicas y que por eso son respetables. Las imágenes descubren sistemas dispares en que se enfrentan la opulencia y la miseria. Este reconocimiento lo enfrentamos cotidianamente en Latinoamérica si la recorremos con ojos interesados y sabemos distinguir la diferencia que se genera "en sociedades donde las oportunidades son más parejas, por las diversas cualidades y talentos personales, y otra la desigualdad oprobiosa que se transmite por generaciones cuando se escatiman los accesos a todas las oportunidades".

La desigualdad no tiene una definición unívoca. Puede entenderse desde distintas realidades e interpretarse por personas disímiles o con intenciones divergentes. Asimismo, se cuestiona si la enunciación de desigualdad debe incluir conceptos éticos o si sólo se la debe considerar como diferencia en ingresos. El Banco Mundial entiende el concepto de desigualdad "como la dispersión de una distribución, sea del ingreso, como del consumo o de algún otro indicador de bienestar o atributo de una población". Tal definición permite distinguir las razones económicas (ingreso, consumo) y asumir, por ejemplo, a la desigualdad de género como el ataque a un atributo de la población.

En el primer sentido la desigualdad se relaciona generalmente con la pobreza. Cuanto más desigual es la distribución del ingreso, mayor será el porcentaje de la población pobre. Pero debe resaltarse el hecho de que desigualdad es un concepto más amplio que el de pobreza, porque este último se refiere fundamentalmente a quienes apenas tienen ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas, mientras que la desigualdad puede referirse a situaciones no relacionadas con el ingreso; la desigualdad de género se da también en los países con ingresos altos.

La superación de la desigualdad es una situación más restringida que la de bienestar. Sin embargo, estos conceptos están muy vinculados y a veces se combinan en medidas compuestas, tales como las propuestas por Amartya Sen.4 Este importante investigador es autor de más de 15 libros sobre opción social, capacidad humana, pobreza y hambre, en los cuales resalta la importancia de desarrollar la capacidad y el desempeño de los seres humanos como base primordial del logro del bienestar colectivo, y donde destaca la importancia de la libertad individual y la justicia, porque considera que su deficiencia es promotora de pobreza.

Si bien el 19 de febrero de 1999 Amartya Sen aceptó la invitación para desempeñarse como Asesor Distinguido sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud), su relación con el pnud data de mucho tiempo antes. Es reconocida la orientación que imprimió en los Informes sobre desarrollo humano de dicho organismo, basado en la apreciación de que el progreso humano no puede medirse únicamente por el ingreso, ni dejar de lado la capacidad y desempeño de los seres humanos. Con base en estos principios y en colaboración con Mahbub ul Haq, elaboró el Índice de desarrollo humano para clasificar a los países en función de sus adelantos globales en materia de desarrollo humano; participó en la preparación del Índice de pobreza humana, medición mixta y polifacética de la pobreza —supera la dimensión única de pobreza—, y contribuyó primordialmente en la elaboración de los índices de género empleados en el Informe

La importancia de los Informes sobre desarrollo humano reside en su incidencia sobre la determinación de las políticas gubernamentales sobre el tema. Son fuente primaria para debates, discusiones y toma de decisiones, no sólo para funcionarios encargados de formular políticas sino también para activistas del desarrollo y para investigadores y académicos. Tomando de ejemplo el informe a escala mundial, más de un centenar de países preparan actualmente sus respectivos informes nacionales sobre desarrollo humano. 

La pobreza es el resultado más evidente y doloroso de un desarrollo humano desigual y su importancia reside en que se constituye en el detonador de diversos problemas tanto en el ámbito privado como en el público. Es conocida la relación, por ejemplo, entre delincuencia o deforestación y pobreza. Así, la desigualdad económica no sólo compete a los receptores directos sino que el total de la sociedad es víctima de sus efectos. 

Si se considera a la pobreza como una condición en la que no pueden satisfacerse las necesidades básicas, entonces se requiere establecer el umbral mínimo debajo del cual se consideren insatisfechas esas necesidades. La Comisión Económica para América Latina (Cepal) considera que un hogar está en situación depobrezacuando su ingreso es inferior al doble del costo de una canasta básica de alimentos; en situación de indigencia cuando el ingreso es inferior al costo de una canasta básica de alimentos. En este caso los ingresos son tan bajos que aunque los destinaran íntegramente a comprar alimentos, no lograrían satisfacer las necesidades mínimas de todos sus miembros.

Ahora bien, la gente que es considerada pobre en un país puede vivir en condiciones muy distintas en otro. La pobreza es un concepto relativo, porque se basa en un juicio de valor sobre cuáles son las necesidades fundamentales, los niveles mínimos de satisfacción requeridos y en consecuencia el grado de privación que resulta ser intolerable.

La pobreza puede medirse con indicadores directos de insatisfacción de necesidades donde se observa o registra la respuesta del informador respecto a si tiene agua corriente, si los niños van a la escuela, si tienen acceso a servicios de salud, si la vivienda es suficiente para las necesidades de todos los miembros de la familia, etcétera. Este procedimiento directo se denomina Método de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). También, puede emplearse un indicador indirecto, el ingreso, que mide "la capacidad del hogar para satisfacer necesidades"; este procedimiento se lo identifica como el de la Línea de Pobreza(LP). En Latinoamérica se suele emplear un procedimiento combinado de los anteriores: el Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP).

Para presentar las diferencias en cuanto al poder adquisitivo de la población de un país respecto a la de otro, es común calcular el Producto Nacional Bruto (PNB) per cápita. Se trata de un indicador limitado porque la cifra promedio no permite identificar claramente la magnitud particular de la desigualdad en la distribución real. Sin embargo, de manera global dan una idea de la dramática desigualdad económica entre países cuando establecen la diferencia, por ejemplo, entre el pnb de los países más ricos8 y los más pobres.

Si se quiere tener una aproximación más cercana a la realidad, es necesario utilizar otros indicadores (salud, vivienda, educación, mortalidad, sanidad, nutrición, trabajo, carreteras, telecomunicaciones, transporte, etcétera), que permitan una mayor comprensión de los niveles de bienestar. De cualquier manera, hay muchos factores que afectan la disponibilidad y confiabilidad de los datos, por lo que todos los indicadores deben interpretarse con cautela y, en especial, confrontarse con la realidad microeconómica local. 

Se destaca el mayor número de pobres en el medio rural, que se duplica en relación al medio urbano. En América Latina muchos de estos pobres pertenecen a comunidades tradicionales,10 circunstancia que determina una doble inserción del individuo: a su comunidad y a la sociedad general del país en que se incorpora la primera. Ambos sectores responden a patrones culturales distintos y distantes. Los separa, para empezar, su lengua, y esto no es un rasgo aislado sino una característica determinante de una concepción cultural que se confronta, necesariamente, con la adoptada por otros grupos sociales. Las cifras indican que entre los pobres las mujeres son las más pobres, entre otras razones porque a la hora de asignar recursos no se las toma en cuenta. A pesar de que las mujeres campesinas realizan gran parte del trabajo, en raras ocasiones son propietarias de la tierra; por ello no son sujetas de crédito ni se ven favorecidas por los programas de capacitación.11 

Actualmente ha aumentado el interés en el tema de la desigualdad y su correspondencia con el crecimiento, porque los estudios al respecto han demostrado el impacto negativo que la distribución injusta de activos representa para el crecimiento. De la misma manera, resaltan el impacto de la desigualdad sobre los indicadores de salud, educación, servicios o como causa de violencia. 

Las vías que permiten que el trato desigual repercuta negativamente en los resultados económicos y sociales son diversas y a menudo pasan inadvertidas para los legos. Por ejemplo, los niveles bajos de ingreso no constituyen suficiente aval para la obtención de préstamos, esta situación no sólo impedirá romper el círculo de la pobreza sino que distorsionará la distribución de recursos en la economía. Igual sucede con el sistema de impuestos, que resulta insuficiente e ineficiente. 

Para comprender que la conexión entre desigualdad y rendimiento de una economía es fundamental para explicar el proceso de desarrollo y los efectos de las políticas diversas, se enuncian preguntas que orientan la investigación y cuyas respuestas dan luz sobre la complejidad de la problemática. Así, se cuestiona si crecen más rápido las sociedades igualitarias que las menos igualitarias; si los tipos diferentes de crecimiento favorecen reducciones en la pobreza de manera distinta; si existe una relación directa entre distribución de ingresos y pobreza; si la desigualdad afecta la efectividad de programas antipobreza; si la estabilidad macroeconómica se relaciona con la desigualdad; si las sociedades y localidades con mayor desigualdad son más violentas; si existe una influencia directa entre desigualdad e indicadores de salud como tasas de enfermedad o mortalidad; y si el género y la política pública inciden en las desigualdades intra-familiares.12 

El promedio de los indicadores sociales han mejorado siguiendo al crecimiento de los ingresos en término medio. Por ejemplo, la mortalidad infantil descendió de 107/1,000 de nacimientos en 1970 a 59/1,000 en 1999; la expectativa de vida ha aumentado cuatro meses cada año desde 1970;13 y el crecimiento en la producción de alimentos ha superado el aumento de la población. Los gobiernos han informado de un progreso en matriculaciones de educación primaria y el porcentaje de adultos que ya saben escribir y leer también ha aumentado, de 53 por ciento en 1970 a 74 por ciento en 1998.14 Las desigualdades de género se han estrechado: la diferencia en el porcentaje de chicos y chicas en educación primaria ha bajado de 11 en 1980, a cinco en 1997.15 "Hoy en día el mundo en vía de desarrollo es más sano, está mejor alimentado y está mejor educado". Para avalar la cita, la desigualdad económica y su secuela más destacada merecen numerosos estudios y se han desarrollado fórmulas matemáticas ad hoc para representar cuantitativamente el grado de pobreza —dos de las cuales se tratan en el apartado siguiente—. La interpretación de los datos resultantes constituyen la base para determinar políticas gubernamentales más adecuadas y efectivas para el logro de una mayor igualdad; del mismo modo, sirve a los interesados en general para evaluar los resultados de las medidas tomadas o, en su caso más frecuente, reconocer las oportunidades perdidas. 

Cómo medir la desigualdad económica

La pobreza tiene muchas aristas, es un fenómeno complejo y, por lo tanto, no existe un indicador que por sí mismo pueda dar una idea precisa de lo que significa que los habitantes de un país sean pobres; no basta con conocer el ingreso per cápita para determinar el grado de pobreza. Es necesario tomar en cuenta la calidad de vida que depende de la desigualdad, o igualdad, en la distribución del ingreso. Así, dos países con pnb per cápita similares pueden mostrar una incidencia de la pobreza diferente, lo que se explica porque al comparar la distribución del ingreso resulta que en uno de ellos (Hungría), "el 20% (quintil) más rico de la población recibe aproximadamente cuatro veces más que el quintil más pobre, mientras que, en el Brasil, el porcentaje que obtiene el quintil más rico supera en más de 30 veces al que recibe el quintil más pobre". En los países de ingresos altos el promedio de esta relación es del orden de 6:1, mientras que en América Latina es de 12:1.16 

Para medir la desigualdad en la distribución del ingreso los economistas utilizan dos instrumentos: la curva de Lorenz y los índices de Gini.

La curva de lorenz es una gráfica que permite relacionar los porcentajes acumulados de población con porcentajes acumulados de la renta que recibe dicha población. Se ordenan todos los individuos o familias de un país, según su nivel de ingresos, de los más pobres a los más ricos; luego se dividen en cinco grupos (20% en cada uno) y el ingreso de cada grupo se calcula y se expresa como porcentaje del Producto de Ingreso Bruto (PIB). Posteriormente: 

...se representa la proporción del pib recibida por estos grupos, en forma acumulada, es decir, representan la participación del quintil más pobre en el ingreso contra el 20% de la población, la participación del quintil más pobre y el quintil siguiente (el cuarto) en el ingreso contra el 40% de la población, y así sucesivamente, hasta que representan la participación total de los cinco quintiles (igual al 100%) contra el 100% de la población. Al unir todos los puntos del gráfico, partiendo del 0% del ingreso recibido por el 0% de la población, obtienen la curva de Lorenz del país.17 


En una curva de distribución absolutamente igualitaria —representada por una línea recta trazada desde el ángulo inferior izquierdo de la gráfica al ángulo superior derecho—, al primer 20% de la población le correspondería 20% del ingreso, a 40% de la población 40% del ingreso y así sucesivamente. Se entiende que cuanto más se aleje la curva de Lorenz calculada de la línea ideal, mayor será la desigualdad de la distribución del ingreso del país; por el contrario, cuanto más próxima esté de la diagonal, más equitativa será la distribución de la renta de ese país.18 

Asimismo, se puede observar el área de concentración que se encuentra entre la curva de Lorenz y la diagonal; cuanto mayor sea esta superficie más concentrada estará la riqueza y cuanto más pequeña, más equitativa será la distribución de la renta del país representado. 

Por su parte, el índice gini es una fórmula matemática que permite medir la concentración de la riqueza al calcular la superficie entre una curva de Lorenz y la línea de igualdad absoluta, expresada como porcentaje del triángulo ubicado debajo de la línea. Su valor estará entre cero y uno, de ahí que cuanto más próximo a uno sea el índice Gini, mayor será la concentración de la riqueza; cuanto más próximo a cero, más equitativa es la distribución de la renta en ese país.19

En el hipotético caso de igualdad perfecta la curva de Lorenz coincide con la línea de la igualdad absoluta, mientras que en la representación de la desigualdad perfecta se aleja al máximo. Como la igualdad perfecta ni la desigualdad perfecta son posibles, los índices de Gini son siempre mayores que 0% y menores que 100%.

Los extremos no son deseables, porque una distribución aproximada a la igualdad absoluta puede resultar negativa para la eficiencia económica, al eliminar los incentivos para participar activamente en la economía, trabajar con esmero y espíritu emprendedor. Por su parte, la desigualdad excesiva afecta la calidad de vida de la población en general, ya que la pobreza no se puede tapar, ni mucho menos ignorar por completo, porque entre sus efectos, sumado a otras calamidades, se da un aumento de los delitos con la reducción de la seguridad general. Se trata de un índice importante para que se tomen decisiones de inversión y generación de empleos, por los costos que las medidas de seguridad implican, además de las pérdidas por robos de mercancías, nóminas y asalto o secuestro del personal.

En consecuencia, un alto grado de desigualdad desestabiliza políticamente un país, porque aumenta la cantidad de disconformes con su situación económica y encona la relación entre grupos de población con ingresos tan diferentes. Además, se incrementan los riesgos que supone invertir en un país que ve perjudicado su potencial de desarrollo. Por otro lado, medidas como aumento en impuestos o tarifas de servicios pueden significar más privaciones para los habitantes más pobres y, al contrario, no contar con los recursos suficientes se favorece el deterioro progresivo de la infraestructura y servicios o la cancelación de proyectos de ampliación, actualización y mejora de los mismos. Atacar la desigual distribución del ingreso es condición sine qua non para alcanzar un desarrollo económico y humano suficiente.

Los procedimientos anteriores no son los únicos para valorizar la distribución de la renta, ya que ésta puede ser analizada desde otros enfoques como: a) el geográfico espacial mide las diferencias de renta entre los habitantes de diversas regiones. Los resultados de este tipo de estudios pueden ser presentados en una tabla de datos o en un mapa donde distintos colores corresponden a niveles de ingresos diferentes; b) la distribución funcional, que es una forma de significar la diferencia de las rentas obtenidas por los propietarios de los factores productivos, según su función en la sociedad, con lo cual se suele mostrar la parte 
de la renta nacional percibida por los trabajadores, propietarios de la tierra y propietarios del capital.

Confiabilidad de los indicadores

La metodología para el proceso de la información va cambiando de un informe a otro y por esto no siempre son comparables o difieren de las cifras oficiales. Los resultados deben tomarse con reservas, ya que para lograr un alto grado de veracidad se tendría que ejercer un control estricto de los procedimientos para recabar los datos. 

En muchos países en desarrollo no siempre están disponibles los datos básicos para monitorear el estado de los diferentes indicadores. A menudo la falta de datos en sí misma constituye un indicador, ya que la inexactitud y el poco interés en llevar controles sobre índices básicos de un país caracterizan a las sociedades que subsisten sin programas ni metas precisadas claramente. Además, la recolección de datos puede ser poco rigurosa porque los países involucrados no comprenden que para llevar estadísticas es necesario gente instruida y recursos y, sobre todo, partir de la convicción de que se trata de una inversión que redundará en políticas más reales. 

La primera condición que las instituciones exigen a los países que solicitan su asistencia es que justifiquen su petición con indicadores económicos confiables. Sin embargo, el Banco Mundial, que es la mayor fuente de fondos para proyectos de desarrollo del mundo, reconoce que carece de los indicadores demográficos y sociales más básicos de muchos de los países a los que asiste.

Los responsables de publicar los informes sobre desarrollo utilizan fórmulas para mejorar la comparación de los datos provenientes de diferentes fuentes. Tales estimaciones, así como las metodologías correspondientes, son objeto de constante revisión por organismos como la Organización Mundial de la Salud (oms), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades de Población (UNFPA) y otros organismos e instituciones académicas que trabajan con datos oficiales. Es necesario tomar en cuenta que por los cambios metodológicos es posible que las estimaciones de un año a otro no sean estrictamente comparables. Dichas modificaciones son parte del continuo proceso de mejoramiento de la presentación estadística de los datos correspondientes a los diferentes indicadores utilizados.

A continuación se enlistan los indicadores más relevantes para trazar un panorama aproximado de situaciones particulares y que permiten comparar el desarrollo de diversos países. Se menciona primero la categoría y, entre paréntesis, las subdivisiones que consideran la separación por género cuando corresponde: a) indicadores de mortalidad (de menores de un año y esperanza de vida al nacer, derivada de la maternidad); b) indicadores de educación (tasas brutas de matriculación en la escuela primaria, analfabetismo de adultos, porcentaje de alumnos que llegan al quinto grado de la escuela primaria); c) indicadores de salud reproductiva (alumbramientos por cada 1,000 mujeres de entre 15 y 19 años de edad, uso de anticonceptivos, tasa del vih, tasa de fecundidad total, partos atendidos por personal capacitado); d) indicadores demográficos, sociales y económicos (porcentaje de población urbana, tasas de crecimiento urbano, población agrícola por hectárea de tierra cultivable y de tierra cultivada permanentemente, ingreso nacional bruto per cápita,20 consumo de energía per cápita,21 acceso a agua potable, gastos del gobierno central en educación y salud, asistencia externa para actividades de población).22 

En el informe El estado de la población mundial 2003 se sigue prestando especial atención a los indicadores que reflejan la situación real para su comparación con las metas cuantitativas y cualitativas establecidas en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) y en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en materia de reducción de mortalidad, acceso a la educación y a servicios de salud reproductiva (incluidos los de planificación de la familia) y atención al vih entre los jóvenes. 

También se han introducido cambios en otros indicadores y se incluyen nuevos, con objeto de proporcionar una base más refinada de comparación y evaluación de los recursos en apoyo a los programas de población y salud reproductiva, procedentes de diversas fuentes nacionales e internacionales. 
 

La CIPD y la Cumbre del Milenio estimulan el desarrollo y la aplicación de sistemas más depurados de monitoreo, por lo que es de esperarse que en informes futuros las distintas mediciones de los procesos arrojen datos más precisos. Por su parte los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado también deben colaborar, informando con exactitud y a tiempo acerca de los gastos y la movilización de recursos que atienden a los indicadores en uso.

Por una sociedad más igualitaria

El título de este último segmento se refiere más que a un deseo, a una obligación. Más allá de los parámetros económicos, se trata del destino de millones de seres humanos y de su entorno inmediato. Si bien la igualdad no ha sido una característica de las sociedades humanas, parece que el sistema económico mundial actual se ha despojado de todo signo humanitario; igualmente, los gobiernos de los países en desarrollo lucen cada vez más incapaces para contener el avasallamiento de sus economías. 

Tampoco se salvan los países ricos, donde el Estado de bienestar está en crisis y donde surgen voces ríspidas para señalar la necesidad de tomar medidas correctivas urgentes, para evitar la quiebra de un sistema que no logra cubrir el déficit que provocan las prestaciones sociales —particularmente las pensiones, la sanidad y la protección del desempleo— y que el endeudamiento no logra paliar.23

Para los países cuya realidad está lejos aún del modelo de Estado de bienestar europeo, con crisis incluida, no es suficiente el aumento en el gasto para atender las necesidades de la población, sino que estos recursos sean utilizados productivamente. Es claro que los recursos económicos que Cuba destina a la educación son menores que los asignados por México, con resultados inversamente proporcionales a la inversión. 

Si los programas para superar la pobreza logran tener éxito no será por los compromisos sino por las realizaciones. Por ejemplo, los jefes de Estado y de gobierno participantes en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (cmds) —Copenhague, 1995— se comprometieron públicamente a erradicar la pobreza y a lograr la igualdad entre mujeres y hombres, ya que consideraban a estos objetivos "un imperativo ético, social, político y económico para la humanidad". En esa reunión se reconoció que ni el mercado ni el crecimiento económico por sí solos son suficientes para resolver las deficiencias en el empleo, la educación, el cuidado de la salud y los servicios sociales en general. Recomendaron que el Fondo Monetario Internacional (fmi) y el Banco Mundial ajusten sus políticas, para que los préstamos a los países pobres no constituyan una carga excesiva sobre el gasto social. Sin embargo la cmds no propuso medidas concretas para acrecentar la ayuda o reducir las deudas.

Tampoco hicieron hincapié en que el desarrollo económico debe entenderse como parte de un desarrollo social integral, porque éste no sólo involucra un progreso hacia niveles de vida más alto sino que favorece la igualdad de oportunidades, derechos humanos básicos y un fortalecimiento de la capacidad de los individuos para dirigir sus vidas por medio de acciones económicas, políticas y sociales coherentes con sus expectativas. Esta perspectiva estimula la superación de la corriente "desarrollista", que considera a los aspectos sociales, económicos, políticos y culturales como situaciones autónomas, por lo que identifica a los problemas del desarrollo económico como cuestiones "duras", mientras que los temas sociales son "blandas".24 

Lo cierto es que ambos aspectos son fundamentales para la reducción de la desigualdad humana y la superación de la pobreza. El informe más reciente sobre Desarrollo Mundial atribuye el aumento del empleo y la disminución de la pobreza y de la desigualdad en el ingreso en Asia Oriental a la combinación de un crecimiento económico orientado a la exportación, con altas inversiones en educación, salud y nutrición para la población. Así, se entiende al desarrollo social como una responsabilidad primaria de los gobiernos nacionales y, en términos económicos, como un problema de distribución.

 
Raúl Hernández, Lo abismal, aguafuerte y agua tinta, 30 x 30 cm, 2004   
 
Fernanda Brunet, Poom, aguafuerte y agua tinta, 30x30 cm, 2004   
 
 
 
Manuela Generali, Bahía, agua tinta, 30 x 24.5 cm, 2003   
   
Boris Viskin, Bomba atómica disfrazada de Pú, fotograbado, aguafuerte y punta seca, 30 x 30 cm, 2003 
Con todo, no están disponibles datos concluyentes que confirmen que los programas de ayuda están reduciendo la pobreza global. A menudo las estrategias antipobreza resuelven algunos de sus efectos, pero las causas permanecen intactas. Cuando las ayudas se acaban, los problemas afloran de nuevo. 

Sin embargo, las medidas que deben tomarse, reforzarse o ampliarse como políticas recomendables de desarrollo social básico parecen sencillas o, al menos, se las reconoce como puntales de un paso positivo y permanente a estadios menos desiguales de desarrollo. Cito enseguida a las más destacadas entre las que concuerdan con los indicadores antes señalados: proveer asistencia básica a la salud (incluyendo planificación familiar), educación primaria, seguridad alimentaria, agua potable y saneamiento. Le siguen las actividades generadoras y sustentadoras de ingreso para los pobres —con especial atención a las mujeres—, programas de autoempleo, servicio de crédito, programas de extensión agrícola y de apoyo a la producción agrícola en pequeña escala. Igualmente, se incluye el fortalecimiento de las organizaciones sociales como, por ejemplo, de pequeños agricultores o de mujeres; el impulso para la formación de cooperativas o de organizaciones de derechos humanos.

El movimiento de mujeres proporciona ejemplos sustantivos de superación de las condiciones de pobreza, por medio de programas productivos comunitarios, de capacitación para atención a la salud, de formación de cajas de ahorro, de participación en la producción y conducción de programas radiofónicos, etcétera. Estos avances corresponden a la superación de las desigualdades de género que no se tratan en este momento, pero que constituyen una referencia obligada porque, al fin y al cabo, muchísimas mujeres son las más pobres entre los pobres.

Para concluir, quiero recordar que "sólo lo imposible vale la pena", y que esta convicción debe ser el motor de nuestro trabajo diario para desterrar la desigualdad entre todas las especies que habitamos esta Tierra.• 

*Ana María Peppino Barale es profesora-investigadora del Departamento de Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Doctora en estudios latinoamericanos; investigadora nacional. 

Notas

 1Judithy Astelarra, "Ciudadanía: el proceso del debate", en La construcción de la ciudadanía desde las múltiples identidades de las mujeres, Lima, Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, 1995, p. 9.

 2Obrero Revolucionario, núm. 1050, abril 16 de 2000, http://www.

rwor.org 

 3Julieta Campos, ¿Qué hacemos con los pobres? La reiterada querella por la nación, México, Aguilar, 1995, p. 14.

 4Amartya Sen nació en la India (1933), obtuvo su doctorado en la Universidad de Cambridge (1959); catedrático de economía y ética en la Universidad de Harvard; premiado en 1998 con el Nobel de Ciencias Económicas por sus contribuciones a la investigación del bienestar económico que han cambiado el enfoque de los gobiernos respecto del desarrollo humano, la pobreza y el hambre. Segundo laureado con el Premio Nobel de Economía que colabora estrechamente con el pnud; el primero fue Arthur Lewis, administrador asociado del pnud en el decenio de 1960. Ambos son las únicas personas oriundas de países en desarrollo que recibieron dicha distinción.

 5cepal, Anuario estadístico de América Latina y el Caribe, Santiago de Chile, 2002, p. xxxiii.

 6José Joaquín Salcedo G. et al., América Latina. La revolución de la esperanza, prólogo de Arturo Uslar Pietri, Bogotá, Violeta, 1989, p. 41.

 7Óscar Cuéllar, "Perspectivas en el estudio de la pobreza. Entrevista con Julio Boltvinik, Fernando Cortés y Rosa María Rubalcava", en Sociológica, núm. 29, México, uam A, sep/dic de 1995, p. 194.

 8Luxemburgo, Suiza y Japón superan los 30,000 dólares.

 9En América Latina (en dólares estadunidenses): Haití con 230; Nicaragua, 340; Honduras, 600; Bolivia, 770. 

 10En Latinoamérica cuando se emplea el término "comunidades tradicionales" generalmente se refiere a la población indígena y rural. En mi estudio sobre la radio educativa, popular y comunitaria en América Latina desarrollé el tema de "pobreza" como un concepto ordenador de la investigación.

 11Fondo de las Naciones Unidas para Actividades de Población, "Cómputo del costo de la desigualdad de género", en Estado de la población mundial 2000. www.unfpa.org/swp/2000/espanol/ch5.html

 12"¿Qué es la pobreza?", en Informe sobre desarrollo humano 2000/2001, PovertyNet, Banco Mundial.

 13Consultar www.worldbank.org/poverty/data/trends/mort.htm

 14Ver tendencias en educación en www.worldbank.org/poverty/data/trends/educ.htm

 15Ver tendencias en la educación femenina en www.worldbank.org/poverty/data/trends/girls.htm

 16Beyond Economic Grouth, The World Bandk Group. www. worldbank. org/depweb/beyond/beyondsp/feedback.html

 17Juan Carlos Martínez Coll, "La distribución de la renta, la curva de Lorenz y el índice de Gini", en La economía de mercado, virtudes e inconveniente, 2001. http://www.eumed.net/cursecon/7/Lorenz-Gini.htm 

18Se puede consultar la gráfica en la siguiente dirección: www.

worldbank.org/depweb/beyond/beyondsp/chapter5.html

 19Para su cálculo buscar en www.aulafacil.org/CursoEstadistica/Lecc7-est.htm 

 20Este indicador difiere del pnb per cápita porque introduce ajustes por concepto de remesas recibidas por los residentes del exterior, por concepto de remuneración del trabajo o renta del capital, e incorpora ajustes técnicos en relación con la variación de los tipos de cambio.

 21Este indicador mide el "consumo anual de energía comercial primaria (carbón, lignito, petróleo, gas natural, energía hidroeléctrica, energía nuclear y electricidad geotérmica)". Estos datos manifiestan el nivel de desarrollo industrial, la estructura de la economía y las normas de consumo de un país.

 22Fondo de las Naciones Unidas para Actividades de Población (unfpa), "El estado de la población mundial 2003. Indicadores". www.unfpa.org/swp/2003/indicators/index.htm

 23Véanse Las conferencias de Rafael Termes Carreró, "Del estado de bienestar a la sociedad de bienestar", curso de verano, Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid, El Escorial, 12 de agosto de 1997; y Amartya Sen, "El futuro del Estado de bienestar", Barcelona, Circulo de Economía, febrero de 1999.

 24"El punto de partida", en Control Ciudadano, Montevideo, Instituto del Tercer Mundo, 1996, pp. 71-79.