La negra cubanidad de la mujer
 
*.Eli Bartra


Tuve que vencer mi primera resistencia para leer este volumen en inglés. Todo me sonaba extraño y hasta falso; leer el libro de una cubana que vive en Cuba y que está "pensando" y "hablando" en inglés es más que raro. Sin embargo, pronto me acostumbré y dejó de molestarme, aunque en ningún momento pude olvidar que se trataba de una traducción. Por demás está mencionar la conocida cuestión de las "traiciones" al pasar de una lengua a otra.

Ésta es la historia de una cubana negra y pobre que por tener 95 años vio y vivió muchas cosas. Con frecuencia pareciera ser que llegar a la vejez es un mérito en sí mismo. La vida de María de los Reyes Castillo Bueno, Reyita, es como la de cientos de mujeres en Cuba y en otras latitudes. No tiene mucho de especial. Además, no me parece un texto particularmente bien escrito ni interesante en especial.

Aparece de manera muy clara el problema de haber nacido negra y la discriminación que esto significaba y significa en Cuba. Esta mujer se casa con un blanco, sobre todo para tener la posibilidad de vivir mejor, para subir en la escala social y también con el fin de "blanquear" el color de la descendencia, es decir, "para mejorar la raza". Nada más común en toda América Latina y el Caribe; parte de la historia de un continente colonizado y neocolonizado por europeos y norteamericanos blancos.

Reyita es fundamentalmente dos cosas en la vida: una curandera-espiritista que practica la santería y una esposa-madre-ama de casa de origen humilde con aspiraciones de pequeña burguesa. El contexto histórico en el que le tocó vivir aparece en este relato como un telón de fondo un tanto difuso. Ante la revolución de 1959, un acontecimiento tan trascendental para la Cuba del siglo XX, ella expresa de forma lacónica que tiene "la gran esperanza de que el triunfo de la revolución traiga consigo una vida mejor" (p. 120; la traducción de ésta y todas las citas es mía). 

 
 

El recuento de la relación con Antonio A. Rubiera, el compañero y padre de sus muchos hijos e hijas, aparece lleno de contradicciones. Por un lado, al principio está muy agradecida porque se "casó" con ella, pero luego resulta que nunca se casó sino que la ceremonia del matrimonio fue sólo una farsa; y aun cuando él estuvo con ella toda la vida, Reyita se decepcionó profundamente cuando se enteró que era soltera. En un lugar dice que estaban enamorados (p. 167), pero en otro afirma que nunca estuvo enamorada de él (p. 168). De la misma manera que expresa que eran casi como hermana y hermano —aunque nunca dejaron de hacer el amor (p. 123)—, después dice que dejaron de tener relaciones unos cuantos años antes de la muerte de él (p. 168).

Sabemos que la memoria no sólo es traicionera sino incluso mentirosa, pero quizá la entrevistadora, Daisy Rubiera Castillo, hija de Reyita, podría haber editado un poco mejor el texto.

Elizabeth Dore escribe en la introducción que la historia de Reyita es muy personal y que "es también muy política en el sentido en que la vida personal estaba condicionada por lo político en la época en la que vivió" (p. 1). Me parece que no se entiende de manera cabal el significado de la consigna feminista de que "lo personal es político". Pienso que no tiene nada que ver con que la política afecte la vida personal, sino más bien que las cuestiones que se consideran personales y privadas cobran una dimensión política al tener que ver con las relaciones de poder imperantes en la sociedad.

También se afirma en la introducción que Reyita "proporciona una rica veta de información sobre la variada y contradictoria naturaleza de las identidades afro-cubanas" (p. 9). Me parece que esto es leer un libro desde lo que quisiéramos encontrar ahí políticamente correctas como académicas. Para empezar, el propio concepto de afro-cubana no podría estar más lejos de la identidad de Reyita. Ella es negra y así se nombra. Se pretende encontrar una riqueza de elementos para entender la complejidad de la afro-cubanidad en donde hay pocos y por ello no podemos ir muy lejos en esa comprensión.

De igual manera, no se puede interpretar la lucha de una mujer negra por su sobrevivencia y la de sus hijos como una lucha feminista. Se afirma que ella estaba a punto de lograr la conciencia feminista, pero quedó trunca. De nuevo se quiere ver en este relato de una larga vida de alguien que es "una persona común y corriente" (p. 21), como ella misma afirma en la primera línea, mucho más de lo que en realidad hay.

 
 
   

Sus características personales de negra, vieja, pobre y mujer, conjuntan en ella a los cuatro jinetes del Apocalipsis del pensamiento de la posmodernidad y la poscolonialidad: la raza/etnia, la edad, la clase social y el género. Además, es latinoamericana y de un país que significa, aún hoy en día, revolución socialista, antimperialismo y dignidad. Cuba es la diferencia y la resistencia frente a Estados Unidos.

Reyita representa la persistencia de un pensamiento religioso sincrético y de ciertas prácticas de salud tradicionales. Por lo tanto, ella se muestra como la tradición frente al cambio revolucionario. Es de seguro por estos significados por los que un libro así es traducido y publicado en inglés en Estados Unidos. Este testimonio desempeña, ante todo, un papel de símbolo. Se puede fácilmente convertir en lo que se piensa que debe ser, lo que se desea que nos comunique, más que lo que en realidad contiene. Nos invita a enamorarnos de una noble idea de libro.•

María de los Reyes Castillo Bueno, Reyita: The life of a black cuban woman in the twetieth century, Durham, N.C., Duke University Press, 2000, 182 pp.

*Eli Bartra (ciudad de México, 1947) es doctora en filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesora-investigadora de la UAM Xochimilco. También realizó estudios de doctorado en sociología en la Escuela Práctica de Altos Estudios en Ciencias Sociales, de París. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.