Cinco voces de la novísima poesía peruana
*Selección y nota de Rocío Cerón
 
En la búsqueda por ir descubriendo el quehacer poético de las promociones latinoamericanas más jóvenes, quien esto escribe ha lanzado flechas para tomar temperatura de ello. En una entrega pasada, cinco novísimos poetas chilenos hicieron entrega de sus multidireccionales discursos; en la presente entrega, estas cinco voces peruanas nos dan cuenta de una escritura que es ejercicio de unión entre tradición y novedad. Geografías donde el lenguaje es el elemento al que hay que someter, friccionar. Se sienten —a través de guiños, fórmulas, ecos— las herencias de César Moro, Jorge Eduardo Eielson, Carlos Germán Belli, Martín Adán. Estos noveles poetas han dejado atrás el uso de un lenguaje coloquial, cotidiano (muy frecuentado por los poetas peruanos en los setenta y ochenta), para intentar una distancia crítica y un acercamiento a una poesía de corte conceptual y purista. En esta selección el lector encontrará miradas exploratorias que tienen como núcleo común reestablecerle a la poesía un lugar de generación, de ente fundacional. No a los poemas "chistorete", nimios, de fácil digestión, con fecha de caducidad, parecen decir estos seis jóvenes poetas peruanos. Sea el lector quien dicte la última palabra. 



Gabriel Espinoza Suárez (Callao, 1971)
(textos tomados de Ello)

El tesoro está en las imaginaciones 
En los resortes de lata de mi cerebro 
If i only have a brain 
"En el humo que despide tu cigarrillo 
He visto la danza 
La nube de tabaco 
En contorsiones sensuales 
Que anuda el espacio como 
Pañuelo de mago 
Ve esa forma única que no cae 
Desplazando su cuerpo evanescente 
Hacia sus propios límites..."

*

Entonces yo andaba oscurecido por esta región
Acrecentaba los deseos de conocer el culto de la ciudad
Guerreaba con un faro, con una sombra Oh viento
A la noche descansaba desnudo sobre una piedra caliente
Y de lejos al fin de mis fuerzas oía el tam-tam embrutecedor

(Allá donde nuestras voces resuenan como un relincho
El mundo se vuelve sueño
Desaparece la palabra palabra)

Al amanecer recojo las potencias del sueño
Esparcidas en las comarcas de grava
Las hormigas llevan al hervidero un hermoso cráneo de caballo

"Vivimos en el oculto reino de la memoria 

Aquí la historia humana

Permanece turbia en sus jóvenes yacijas"

Este túnel garganta húmeda violada de un animal
conduce al océano

Lo siento en la yodada languidez de la brisa
sé que al fin
en la luz de aquella puerta...

*

Pienso en una mano calma que descansa como fantasmagoría
de un objeto henchido de luz

A veces siento dirigirme, fruto, hacia el vacío

Entonces un leve gesto es una invocatio infernal
De la que por instantes uno
no puede más que sentirse sucio,
cómplice.
—esto es el camino

Algo prodigioso aparece gracias a este 
último conjuro
Que tiene más de palabra afiebrada
que busca recogerse:

Vuelvo a crear tal como mis antepasados
(aquellos signos rituales
en la Tierra.

Vuelvo a crear cerca al fuego
la Danza de los Espíritus 

Y en mi boca la hoja de un planta convoca a los Manes

Como esas bayas amargas y rugosas
Fermentadas a la sombra de los árboles
 
 



 

Édgar Saavedra Vásquez (Cajamarca, 1976)
(textos tomados de Final aún)

Y no se ven las enredaderas
la posición frenética y el estallido inmenso
en espacios oscuros polvo y escorpiones dorados
que alimentaban pequeñas armas como crías

vi ríos emplumados con la violencia del sudor
en la columna vertebral
o una espada luminosa de latidos humanos
se descolgaba en la saliva de los depredadores

pronto la desesperación aniquilará el pensamiento
hermoso de los puñales
y habrán crecido enredaderas 
llenas de narcóticos sobre mi cabeza

*

Y después del amor qué esperabas

nadie te observa ahora
el velo del sol te cubre de polvo 
el polvo del ruido y el placer del polvo

almohadas de senos admitiendo la niebla
tu cuerpo distorsionado en el látex

y seguirás el camino olvidando tu 
olor tus labios tus preservativos
amarás entendiendo que la carne
es más carne cuando huele

y abrirás las piernas esperando
posiblemente una entrada al paraíso

la reflexión tímida ante un revólver

*

Ahora
a miles de kilómetros del Pacífico
la sangre aún no conoce sus poderes

por todo esto resucita

aves del mundo a través de las ventanas
se convertían en humo
el dolor es insuficiente para despertarse

todo lo real se deforma
porque la sombra ha negado su imagen

la memoria ha descendido a las fogatas
y la historia es incontable sin fantasía:
tu madre era una mujer hermosa
tu madre ya no sabrá quién eres

las armas de fuego vigilaban el esqueleto
devuelven en tus manos la inercia de las piedras 
y se cansan para siempre
las quimeras y los primeros habitantes
que volaron en círculos sobre nuestra tierra

no escuchas el llanto de las rameras
de las vírgenes que exhalaban agua y esperma como nunca
las manos han reconocido su materia 
tocándote
no destroces los bosques de amalgama líquida

ni la suerte vencida en las barajas
un rumor insaciable nos anuncia que hemos llegado
las murallas otra vez los destierros
que jamás serán leídos

y la ciudad en ruinas

escucha el final y luego muere
el final nadie lo sabe
el final no éste

el final 

aún 


José Carlos Irigoyen (Lima, 1976)
(textos tomados de El libro de las moscas)
Vals

La masa de Dios se reparte en obeliscos.
La fealdad de las plazas sólo me hace pensar 
en trirremes aéreos, en caballos sin eje.
Mi desesperación es flaca y gira
como las alas del zancudo por el aire seco
y plagado de gritos que me llaman
a nuevas vistas de la violencia verbal.
Me trago mis palabras y saben a cianuro.

Algunos estudiantes conversan sobre los problemas
teológicos y repetidos
arrellanándose en pocilgas semánticas.
No basta la canción que emerge de una fiebre 
que anida hace días en mis cavidades plegables,
menos la voz de aquellos que todavía
hablan esperanto en el infierno, rodeados de visiones,
partes animales que alguna vez fueron poesía.
Entonces adviene la posibilidad
de un consuelo basado en la derrota
de aquellos que siguen vivos a pesar de la noche.
Y la Palabra reinicia su llamado
en todos los reinos de la ambigüedad 
y se ve mal hablar de las lenguas muertas
o de los parientes solitarios
que vagan heréticos por nuestros primeros poemas,
espantados por el hambre y los antiguos huesos
de moscas llamadas a gritar en los muelles,
anudando todas las noches los harapos del silencio.

Banquete de bodas

La noche es el lomo de un puerco.
Trompetas llenas de muchachas anuncian 
la llegada de los desposados:
la novia es una joven perlada
como los lentos besos de madera,
el esposo refleja en sus cabellos,
parásitos y lunares,
un gordo escarabajo.

Canta el ruiseñor sobre la cúpula
evitada por la niebla:
sea el giro alimenticio
conveniente a lo permitido. No son
las claras almas sino
esta materia oscura y espumosa,
no las buenas familias
o el sueño de los que varan
su delirio seco
entre la floresta de los candelabros. 

Sólo el espejo procreándose
en la nada, las alturas sin brillo.
Y los desposados enredándose
en la oscuridad como mandrágoras
en medio de esta estancia rodando
por la grasa que avanza
mezclándose con mis cenizas.

Mauricio

La sombrilla invertida tras los hombros
se mostraba fiera e inconfundible:
entregada a nuestros hijos 
era vasto y cerrado símbolo de Cáncer.
De noche dentro del reservado cada uno
era incansable junto al otro,
y fue sobre nosotros el placer cotidiano:
el seco aliento de los pastores de David.

Una robusta muchacha es rodeada
por los alegres y nocturnos comensales
de una húmeda taberna.
"Ese es mi sueño recurrente"
dices algo desconcertado mientras
tu mano se abre entre mis blancas nalgas,
perfectas igual a la flor de papel
que de niño arrastraba contra el sol
cuesta arriba por un campo de piedras. 

No hay que preocuparse entonces, querido:
éstos ya no son tiempos de prédica.
Una música lenta y sugestiva me encierra
una vez más en tu cuerpo limpio,
y aunque sabes del dolor que siempre llega
ya no vale la pena ahorrarnos el asombro.


Carlos Estela (Callao, 1977)
(textos tomados de Mantram [en prensa])
roi, tes mots...

hacedor de palabras tu pasto de vidrio tu boca y los sagrados ángeles que nos protegen lejos de tu gobierno tu flujo la mueca que sana tu rostro y lo convierte en piedra moléculas del horizonte árbol y manzana que caen y vuelven a caer en la interminable historia de tu nombre detrás de la indefensa esposa ante la espera los siglos enteros ahora entran en el camino que grava y retarda tu paso y tu bosque de palabras ahora. ahora. ahora. ahora pasado. ahora presente. ahora futuro fruto de las conquistas en cada esquina del verso porque la llama requiere al hombre el otro que nunca imagina líquidos y gases que huyen de tu cuerpo espanto del castigador que detiene su mano que rechaza sus hombros raíces del cuerpo enterrado bajo cal y sombra el agua la última sangre en la sagrada hoja que come íntima su lengua sagrada grasa que circunda tus cuernos entre las vísceras bestia única misterios sagrados caducos continentes de la esfera

apollinaire

en tu sien descabellada la raíz los antojos la reflexión el alimento el poema irrecuperable el libro del océano el telégrafo eyaculativo los brazos del gigante deshojando al pequeño lo que mis sentidos han perdido a través de los siglos silenciosos tu mujer incendiada con el origen del movimiento de planetas ácidos la víspera del misterio el mesías en un sarcófago de plata en los bolsillos cañones azules del universo labios milenarios testigos del mordisco el uso del acero temible ojo de garras para beber la plataforma del vacío unísono prístino hombro que sostiene las ideas horno que cocina pan y pescado de soldados muertos bajo la lámpara de libros y más libros óleo celuloide y máquina para destrozar el instante de la peste o la partitura tren sádico de alabastro atraviesa la europa satelital

hommage amoureux

gotasdeuncuerpoquesangrasobrelosañoslavértebradeldíaluminos olaconductasalvajequenostraetucabellodepaisajeinmemorialtusm
oléculasylasíncopadeuncorazónhirsutoquetropiezaconlosactosdel
oshombresconlainteligenciaquederribalosárbolesylasnubesdetup
echoencadenadoabismoamisbrazosdepólvoraeinstantemispalabra
squeperforantucráneocomounacorrienteunmuñecodepajaquesein
cendiacontulenguayseescondebajoelaguacomprendiendotusexoes
píritutotaldelostiemposmáquinaqueconstruyeeldesastreiniciosagr
adoserpientequesilbasuicidiocondenarazóndemúltiplesarrebatosc
ontratucuerpomiheridacálculocenizacuerposdeanimalesqueescog
ieronlamuerte 


Paul Guillén (Ica, 1976)
(textos tomados de Salmos de Marco Valerio [en prensa])
 

Artificio de sobreviviente

¿Acaso has sentido ya los perros dobermanos en tu espalda
asesino del mundo y del nómada?
no encuentro otra razón para decirlo
todos los ángeles poseen cinco sexos y tres traseros
y sus ojos pueden ver relojes pararrayos astrolabios 
incandescentes reflejos de la prisión áurea 
en la prisión encontrarás el refugio del sueño
corrientes leves que se internan hacia la negra tierra 
tribus reptantes que vociferan con ardor 
silvestres brutos que se revuelcan en el barro 
la familia de los insectos que se transforman 
los monstruos en el seno azul de las aguas 
y las fases indistintas de la luna todos duermen ya
y mis ojos no ven más allá de sus contornos 
me repito en los reflejos del avión y del semen 
hasta la mierda posee instinto atávico
como el arúspice en la antigua Roma 
examinamos las entrañas con regocijo
¿acaso el hombre será un estiércol,
cuya más trascendental formación deviene ángel,
esa quinta persona de las entidades celestiales,
conforme al sabio?
¿acaso el hombre sea eso 
simples recuerdos de unos antepasados
remotos que contienen la respiración 
para no espantarnos
y luego qué? 
luchar contracorriente por un poco de consuelo

aquí hay un país que arroja el pan,
siempre que puede va a la guerra
aquí hay un país que exhibe a sus arcángeles
en sus cinemas
y lamentablemente una piedra cae de impreciso
pobre de aquellos que no distingan entre la arena
& el cosmos
pobre de aquellos que no digan:
puertas del Hades yo os saludo,
por mí se va hacia la ciudad doliente
el Emperador flamea su escudo bajo el agua
(Cierra los puños-aprieta los párpados)
y nosotros aquí esperando

*


Infame Mimnes, no pintes en el costado de bancos numerosos de un trirreme 
una serpiente que huya desde el espolón en dirección al piloto; 
pues es una desgracia y una infamia para el piloto, 
oh esclavo hijo de esclavo, el que una serpiente le muerda la espinilla.

Hipponax
 

Soy viejo, pero bebo más que los jóvenes; y si hay que bailar, imitaré a Sileno, 

y danzaré ante todos llevando en la mano un odre en lugar de un cetro; 
¡poco me importa un bastón! ¿Quién quiere luchar contra mí?
Estoy puesto. ¡Vamos, esclavo, ven a llenar mi copa con vino negro!

Anacreonte

 Ave César los que van a morir te saludan
Ni siquiera un as rueda por nuestros cerebros
Atrapados en un cráter lunar
Vemos pasar la Historia cubierta de vacíos
A falta de pan 
Nos hemos visto obligados a recurrir al sol
y en nuestras mazmorras el único bálsamo posible
Son unos versos de Calímaco
Mejores que el vino de la amada
Ya los carros y los caballos brillan por sus ancas
Al acecho del despunte de la primera sangre nupcial
Oh liberto que no entiendes mis jadeos
Nada extraño a los esclavos que son encima extranjeros
y cinglados mis genitales a la aurora
Como el lecho profanado por una bandera
Cuando el ser que no soy piensa en su constante:
¿Quién a la hora del duende, no vio escaparse la
esfera, rodando, de la mano del sabio?
El loco del arco de plata guarda en su aljaba
Muchas razones para ocultarlas
El vino y el pan son persas por simple demostración de lo contrario
No dudo de tu riqueza pero simplemente sucede que el rocío grazna un espejo de humo sobre un paraguas abierto en los fondos marinos como el ocaso un corazón de lagarto latía al compás de un esfínter de hierro y del barómetro y hojas élitros invadían las comisuras de la niebla hacia el regreso de un velero cargado de esclavos un corazón un corazón y los sables se empeñaban por surcar hogueras en los rostros más niños día tras día, día tras día sin tregua ni motivo tan quietos como una nave pintada en un océano pintado agua, agua por todas partes y todas las tablas crujían agua, agua por todas partes, ninguna gota para beber...

 
 
 
 
 
 
 
 
   
 

(Deus ex machina)
Aún no he nacido. Escúchame.
No permitas que ratas, murciélagos, sabandijas o fantasmas
se acerquen a mí.

Armando Roa Vial

Un solo ojo tiene cada uno en su graciosa frente, frondosos 
son sus cabellos, los más robustos de todos los hombres.

Aristeas de Proconeso


Oh tú Marco Valerio hijo mío no nacido aún
Creo que nunca nacerás
Lo que he oído y sé debo ocultar
Ninguna herencia que permanezca inmutable
Ningún deseo de volver a ser lo de antes
Ten dioses extranjeros extraños y errantes
Kali Shiva Attis o Cibeles
y no escuches el clamor de los cobardes
Mantente fiel pues el cielo cambia
Con el ojo y con la espalda
Ningún pueblo te acogerá 
Ni guerrero ni amanuense
Ni hogar en ninguna parte
y si despeñados finalmente hemos caído
Leviatán nos acogió entre su estiércol
No recuerdo nada y aún sé que estoy vivo
No hablo de un viaje hacia un mundo perfecto
He visitado la tierra de los hiperbóreos
y he regresado con mi carcaj reluciente
No nos preocupa la muerte
y lo que tengas que decir dilo
Ahora sólo tengo amistad con las tinieblas
Oh narigudo de un río sangriento bebes
y contemplas tus párpados como mal Narciso
Tábanos y ranas enturbian la corriente del recién nacido
En ningún pergamino se escribirá tu nombre
Ninguna piedra pómez alijará tus versos
Dentro de las galeras ya se escucha
La emoción de los esclavos
Ninguna lluvia ha caído por aquí
y esta tierra nunca dará su fruto
Ea pues, extraño, odia y ama
y a los que olviden dad un remo
y no hagas más locuras
Oh tú Marco Valerio mi semejante mi idéntico
No pienses en guerras o en retruécanos
Si aún no vives ni mueres
Llegado tu ser tendrás el tiempo
Que tus dioses dispongan
Aprovecha los viajes
y si todo digno es 
Contemplarás nuestras líneas  
Sobre el carro de fuego
y escúchame bien lo que te tengo que decir bastardo:
consuela al hombre
pero más a su mujer 
así serás bienvenido en todos los convites
así serás bien amado en todos los hogares
pues no hay más cordura que la muerte
y ya es tiempo de olvidar y de seguir adelante, hijo mío •

*Rocío Cerón (ciudad de México, 1972) es poeta y ensayista. Ha colaborado en diversas publicaciones de circulación nacional, como el suplemento El Ángel, del periódico Reforma, y el semanario Etcétera. Fue becaria del Fonca (1998-1999) en el área de poesía.