Ser y ver. Mujeres en las artes visuales, de Raquel Tibol 
*Manuel Guillén
Raquel Tibol es, qué duda cabe, el último gran críitico de arte de este país. De hecho, más que el último, casi el único. Cosa que tiene un aire paradójico a la luz de la nada despreciable explosión de manifestaciones artísticas del México del último cuarto de siglo. Curiosa paradoja en la que prácticamente no hay observadores de segundo orden en el medio nacional, es decir críticos, del fenómeno estético tanto local como extranjero, a pesar del florecimiento que éste ha observado en escala universal. 

Partiendo de la convicción intelectual de que "no se puede acceder a un fenómeno complejo como el arte desde una perspectiva simple", Tibol presenta Ser y ver. Mujeres en las artes visuales haciendo gala de las virtudes que le han caracterizado y han afianzado su prestigio como autoridad en la materia desde hace más de cuarenta años. Vasta cultura general, punzante penetración teórica, erudición en la historia del arte y un estilo literario ágil y contundente. El resultado es una pulcra y convincente exégesis de su objeto de estudio. 

En esta ocasión dedica su aparato hermeneútico al arte femenino. Desde el principio establece el objeto, matiz y relieve de su materia de trabajo. Elabora un repaso crítico de un conjunto destacado de creadoras, tanto nacionales como extranjeras, que han incidido de alguna u otra manera en el ejercicio, la observación, evolución y valoración de las artes visuales de México y otros lugares del planeta. 

De las pioneras como Lola Álvarez Bravo, María Izquierdo, Cordelia Urueta y Olga Costa, pasando por las consagradas como Joy Laville, Pat Badani y Myrna Báez, a las contemporáneas Nunik Sauret y Mónica Castillo, inter alia, el estudio de Tibol (que incluye muchas más de las mencionadas) precisa objetivos, técnicas y significados de los objetos, espacios y planos estéticos elaborados por ese conjunto relevante de mujeres creadoras. 

El análisis, comprendido como "una de las muchas maneras de abordar el desarrollo de la mujer como persona y como ser social", encadena virtuosamente acontecimientos personales, vivencias amorosas, situación histórico-social y el espacio analítico-estructural puro de la obra de arte. En este sentido, el método de examinación de Raquel Tibol es por completo ecléctico y, por lo mismo, hermenéuticamente enriquecedor. El lector gana en la comprensión de las obras reseñadas, lo mismo que en el entedimiento del momento subjetivo, histórico y culltural que vio surgir a cada una de ellas. 

Destacando que las manifestaciones artísticas femeninas pueden ser —ya bien de manera simultánea, ya bien de manera excluyente— de identidad, de militancia o neutrales, la autora no obstante establece el tema central para la creación estética desde el punto de vista del fundamento de género, que ha ocupado lo mismo a la sociología que a las ciencias cognitivas: 

En el abanico de estilos y de valores artísticos se despliega la feminidad, la cual hay que observar con nuevo enfoque para desentrañar, en los lenguajes visuales, metáforas cargadas de género propio, de estructuras compositivas armadas con otra racionalidad y otra emotividad, sin hacer a un lado el descubrimiento de influencias mutuas y aun de confrontaciones. 
Es decir, aunque la analista no llega a afirmarlo así, podría tal vez observarse una especie de metafísica del arte femenino que transpira por los intersticios de la rígida disciplina técnica y la objetividad de la estructura del arte en el nivel de su pura creación sintáctica. Incluso cabría investigar si la simple elección de materiales, tecnologías de expresión y estilos artísticos puede ligarse de manera consistente con las particularidades de la psicología femenina en general. Quizá puedan rastrearse pistas de ello en las descripciones de las obras que lleva a cabo Tibol. Por supuesto, eso sería el objetivo de un estudio diverso al aquí reseñado. 
 
 
 
 
   
Lo cierto es que desde un basamento rico en luchas y diques, contradicciones y luminosidad, destellos de grandeza y momentos de ignominia; con una modalidad del ser enigmática, absolutamente singular e imprescindible, las mujeres en general, y las artistas visuales en particular, han erigido maneras de raciocinio y vida, de interpretación y descripción del mundo sin las que éste no podría ser comprendido a cabalidad. En este contexto, la última obra de Raquel Tibol (su obra en general, para ser exactos a cabalidad) es discurso y metadiscurso de lo que brillantemente muestra: que sin la pujanza, la lectura y la propuesta intelectual del género femenino, la humanidad, en su enclave evolutivo contemporáneo, sencillamente no podría subsistir.• 

Raquel Tibol, Ser y ver. Mujeres en las artes visuales, México, Plaza y Janés, 2002, 310 pp. 

*Manuel Guillén es profesor de filosofía de la UNAM. Imparte clases de lógica en la Universidad Internacional. Fue becario del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM.
 Nota

 1Entendido el término en estricto sentido sociológico, es decir, el observador teórico de los observadores prácticos o de primer orden.