LAS CASAS Y LAS ESPOSAS DE NERUDA TAMBIÉN SON POESIA
*Ana María Peppino Barale 
En julio de este cuarto año del siglo XXI se cumplió el centenario del nacimiento de Pablo Neruda y los homenajes se han traducido en múltiples lecturas de sus versos. ¡Qué mejor homenaje! Muchos han leído y leen sus poemas, sin embargo considero que no todos saben de sus casas chilenas que ahora forman parte, tres de ellas, de la Fundación Pablo Neruda, mientras la cuarta está bajo la custodia de la organización que lleva el nombre de su segunda esposa. Conocerlas es adentrarse en el alma, en el espíritu, en el sentimiento de su dueño que las amoldó a su gusto y que le sirvieron de resguardo para sus colecciones. Recorrerlas en silencio, con los sentidos bien dispuestos a absorber los espacios y los objetos, representa una experiencia estimulante y, a la vez, melancólica. 

No son casas convencionales y aún hoy en el cuidado orden impuesto por la museografía, puede percibirse el espíritu del poeta, porque al fin y al cabo "las casas de Neruda prolongan y desbordan su obra poética", como señaló su primera biógrafa y amiga, Margarita Aguirre. El gusto caprichoso y extravagante del poeta no colaboró para facilitar la construcción de las mismas, aunque también dificultó la tarea las interrupciones forzadas en espera del dinero necesario porque Neruda construyó Isla Negra, La Chascona y La Sebastiana con el producto de sus libros; las dos primeras están frente al océano Pacífico, en Isla Negra y Valparaíso, la otra en Santiago, bordeando el Cerro San Cristóbal. Ninguna se sitúa en Temuco, el pueblo donde vivió Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (había nacido más al norte, en Parral, el 12 de julio de 1904), antes de partir para la capital a continuar sus estudios. 

Pero también, anidadas en las oquedades de cada cuarto, en la luminosidad de cada ventana, en el rechinar de las maderas del piso, se puede sentir la presencia de las dos últimas esposas que compartieron una parte de la vida de Neruda. Por eso, no me es posible referirme a las casas sin recordar a las mujeres que también las habitaron y, además, porque ambas presencias quedaron grabadas en los versos del poeta. De ahí que entrelazo, cronológicamente, los detalles sobre la vida de Delia del Carril y de Matilde Urrutia con la referencia a las casas que ellas compartieron, en su momento, con Neruda: Michoacán de Los Guindos, Isla Negra, La Chascona y La Sebastiana. 

Si bien el periodo compartido con su primera pareja no está ligado a una casa en particular, comienzo refiriéndome a ella porque vivió con Neruda seis años difíciles, durante los cuales nació una hija que murió tempranamente y, también, porque en ese lapso comienza la relación con su siguiente esposa. Con esto mi intención es destacar la parte doméstica, esa que por privada se relaciona con lo femenino y no con los hombres públicos. Me interesa incorporar a las mujeres, para que sus asuntos, sus desvelos y sus trabajos ocupen su lugar en el recuento histórico. 

Al leer las Memorias1 de Neruda —editadas póstumamente por Matilde Urrutia con la ayuda de Miguel Otero Silva— encontramos "los hechos significativos de su vida" que se relacionan con otros personajes igualmente significativos, como García Lorca, Miguel Hernández, Éluard, Aragon, Ehrenburg, Salvador Allende y tantos otros que se registran en el índice onomástico de la publicación. Por eso, pretendo hacer visible esa parte más personal que seguramente pesó mucho para que Neruda pudiera escribir, viajar, cumplir con sus actividades diplomáticas, beber y discutir con sus múltiples amigos y, también, darse tiempo para disfrutar de amores más o menos clandestinos. Me gustaría saber si las mujeres escritoras cuentan con el apoyo de un hombre que les facilite la vida para poder dedicarse de lleno a su actividad creadora. Virginia Wolf ya había señalado la importancia de tener un cuarto privado para escribir. En este siglo xxi ¿ha cambiado favorablemente la situación de las escritoras? 

Maria Antonieta, Maruca (1930) 

Neruda se desempeñaba como cónsul en Batavia (Java) y una gran soledad lo invadía, por lo que decide casarse el 6 de diciembre de 1930 con una criolla, hija de padres holandeses, María Antonieta (Maryka) Haagenar Vogelzanz. 

Si bien dedica varias páginas en sus Memorias a relatar anécdotas de Kiria su mangosta, apenas se encuentran referencias a Maruca —como él la llamaba—: "era una mujer alta y suave, extraña totalmente al mundo de las artes y de las letras" (p. 152). De inmediato, entre paréntesis, cita un párrafo al respecto de Margarita Aguirre, como si él no quisiera comprometerse. El renombrado poeta no la vuelve a mencionar ni tampoco hace referencia alguna a Malva Marina, la hija que engendró con María Antonieta y que nació en 1934 (cuando Neruda era cónsul de Chile en España), con un daño congénito, y falleció en Madrid en 1942.

Relata uno de los invitados a Isla Negra que "una tarde del verano de 1968" estaban departiendo con el poeta, quien se refería a su vida en España y que en ese momento mencionó su primer matrimonio. El ambiente alrededor de la barra del bar se prestaba a las confidencias, así que le preguntaron cómo era Maruca y él respondió mordazmente: "Era una mujer enorme. Necesitaba comer mucho. A veces, en Madrid, no teníamos sino una lata de sardinas y ella comía con ganas y yo me quedaba mirando".

Las referencias de los amigos y amigas de Neruda sobre su esposa no son más compasivas: "Una holandesa alta, anodina, sin mayores gracias. Jamás lo acompañaba a las reuniones", según el pintor Pedro Olmos, quien ilustró la segunda edición de España en el corazón (Ercilla, 1938); para María Luisa Bombal se trataba de una "mujer alta y silenciosa, poco aficionada a las noches de bohemia"; el escritor Diego Muñoz opinaba que era "un ser extraño, hermético, con quien no se podía conversar sino en inglés. Aquella mujer hizo todo cuanto pudo por distanciar a Pablo de sus amigos". 

Apenas llegados a Chile (1932) deben partir hacia Buenos Aires para continuar con sus funciones consulares (28 de agosto de 1934) y, posteriormente, seguir a España, donde reemplazó a Gabriela Mistral en el consulado chileno. De ahí que en la escasa permanencia en Chile no logra relacionarse con ninguna casa con la intensidad de las siguientes. En 1936 Neruda se separa de María Antonieta y ella desaparece de las referencias consultadas, por lo que es necesaria una búsqueda más detallada y minuciosa para conocer qué fue de ella después de la separación y, sobre todo, si recibió ayuda para atender a su hija.

Delia del Carril (1934) 

En junio de 1934, en el Madrid convulsionado de los prolegómenos de la guerra civil, Delia conoció a Neruda, según unos testimonios en casa del diplomático y escritor chileno Carlos Morla Lynch. Entre ellos se dio una afinidad espontánea y se inició un romance que los llevó a unir sus vidas por los siguientes dieciocho años: ella tenía 50 años y él 30. La diferencia de edad no era determinante, porque Delia derrochaba vitalidad e inteligencia; además, era muy atractiva. Dado su origen y educación en el más puro estilo de la oligarquía argentina de la época, resulta extraña su conversión ideológica, puesto que ella gozó de todos los privilegios de su clase. Es una mujer especial, cuya unión con Neruda acrecienta el interés sobre su persona y, a diferencia de María Antonieta, no se pierde su rastro cuando deja su lugar a Matilde Urrutia, el nuevo amor del chileno. Por el contrario, Delia construye su vida artística y los sobrevive a los dos. 

Delia del Carril Iraeta nace en la estancia familiar de Las Polvaredas, partido de Saladillo, en la provincia de Buenos Aires, el 27 de septiembre de 1884. Los Del Carril, oriundos de Galicia, llegan a Argentina a mediados del siglo xviii. Su padre, Víctor del Carril Domínguez, abogado, diputado nacional y vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, casó con Julia lraeta lturriaga, con la que procrea 14 hijos; la quinta de ellos fue María Delia, la más curiosa, independiente y favorita de su padre.

Como se acostumbraba en la época, las familias pudientes contrataban a institutrices europeas para la educación de sus vástagos; cuando las tareas políticas del padre como diputado del Congreso Nacional obligaron a trasladar la familia a Buenos Aires, su madre eligió a las monjas italianas para la educación de las niñas, por tener una visión educativa más abierta e interesada por el mejoramiento intelectual de sus pupilas. 

En 1899, cuando Delia se preparaba para celebrar sus 15 años, su padre se suicida, lo que le causa profundo dolor. La viuda con su prole se traslada a París, para que ellos tuvieran una educación más completa. De ahí en adelante alternaron su vida entre París y Buenos Aires. En la capital argentina Delia comparte la vida cultural con Victoria Ocampo (1891-1979). Mientras que su hermana Adelina se casa con Ricardo Güiraldes (1896-1927), el afamado autor de Don Segundo Sombra y descendiente de una próspera familia de estancieros bonaerense, ella se une a un audaz empresario hotelero, bohemio y atractivo. Delia tenía 32 años, él cuatro menos. La relación en que se confrontaban pasiones posesivas y celos concluyó antes de cumplirse el lustro. 

En 1929 regresa a París y comienza a estudiar pintura con Fernand Leger y por su intermedio entra en contacto, entre otros, con Picasso, Le Corbusier, Louis Aragon y Paul Eluard. Se introduce a un mundo intelectual cuya visión de la realidad le produce un gran cambio. Ingresa al Partido Comunista Francés y se registra en la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios. Esta conversión merece la condena de su familia y, por supuesto, se le retira toda ayuda económica. 

Posteriormente, viaja a Madrid en los tiempos de la república. El entorno político y cultural la seducen. Se integra a la Alianza de Intelectuales y se relaciona con personajes de la época —María Teresa León, Rafael Alberti, Maruja Mallo, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre—, que le hablan del poeta y cónsul chileno. Neruda en esos momentos habitaba la Casa de las Flores, en el barrio de Argüelles, con María Antonieta, donde nace la pequeña Malva. Se separa de ellas en 1936 y reafirma su relación con Delia del Carril, quien en adelante no sólo lo acompaña en su lucha por llevar a Chile a refugiados españoles, en sus continuos viajes, en sus exilios forzados, en la fundación de la Alianza de los Intelectuales ligada al Partido Comunista Chileno, sino que corrige las pruebas de los escritos del poeta y se ocupa de las ediciones. Por su gran capacidad y energía es bautizada como La Hormiga

En octubre de 1937 regresan a Chile y alquilan una casa grande en lo que en aquel tiempo eran las nuevas zonas abiertas a la expansión de la capital chilena. La llamada Casa Michoacán de inmediato se transforma en lugar de reuniones, de cobijo de exiliados y de discusiones. 

En uno de sus frecuentes retornos a Chile, ahora desde París, buscan un lugar tranquilo para que Neruda pueda escribir. En 1939 adquieren Isla Negra frente al océano Pacífico. Sin embargo deben ausentarse nuevamente porque Neruda es designado cónsul general en México (1940), donde contraen matrimonio civil y reciben la noticia del fallecimiento, en Holanda, de Malva Marina. Neruda renuncia al cargo y en 1943 retornan nuevamente a Chile para dedicarse a la actividad política: emprenden giras, organizan concentraciones y preparan discursos. Es elegido senador representando al Partido Comunista, lo que le vale un juicio político y una orden de detención. Deben exiliarse, pero Delia regresa a Chile en 1952. Neruda sigue su peregrinación hasta Capri, donde vive por primera vez en la misma casa con Matilde Urrutia, y confiesa: "En aquel sitio de embriagadora belleza nuestro amor se acrecentó. No pudimos ya nunca más separarnos" (p. 300). Ahí escribe Losversos del capitán, "un libro de amor, apasionado y doloroso", que se publica en Nápoles como de autor anónimo, según Neruda para no herir a Delia, a quien consideraba "pasajera suavísima, hilo de acero y miel que ató mis manos en los años sonoros, fue para mí durante dieciocho años una ejemplar compañera" (p. 301). 

Pero ese reconocimiento no le impide serle desleal, porque mientras Delia va a París para ocuparse de la publicación de Canto general, de regreso a suelo chileno él concluye sus Odas elementales en Isla Negra acompañado de Matilde. 

Al parecer, Delia encuentra una carta que la enfrenta con el engaño. Neruda en sus Memorias sólo apunta: "Me separé definitivamente de Delia del Carril" (p. 315). Ya había aclarado al inicio de su recuento "de agosto de 1952 a abril de 1957" que en ese lapso que pasó en Chile "no me sucedieron cosas curiosas ni aventuras capaces de divertir a mis lectores" (p. 314). Seguramente no pensó en sus posteriores lectoras interesadas en esas pequeñeces, tales como su relación de casi dos décadas con Delia del Carril. 

Aída Figueroa, amiga de Delia, expresó que ésta era una mujer excepcional que había dedicado toda su capacidad a Pablo en las casi dos décadas de relación y que él "no quería separarse, pero ella era una mujer apasionada y no aceptó la situación". Así, esta singular mujer, que en ese entonces se acercaba a los setenta años, supera el duro golpe que le produjo el engaño y el ocultamiento que las amistades hicieron de esa relación y dirige su vida a perfeccionar sus habilidades artísticas. Viaja a Buenos Aires, donde la recibe su amigo Rafael Alberti y posteriormente viaja a París para reanudar con Bill Hayter6 su aprendizaje en el duro trabajo del grabado. 

Al comienzo de la década de los sesenta regresa a Santiago, recupera la Casa Michoacán y se dedica a repararla; se inscribe en el taller de Nemesio Antúnez7 y ahí continúa desarrollando y perfeccionando su técnica. Representa recurrentemente a los caballos, reminiscencia quizá de aquellos potros semisalvajes de la estancia paterna.8

La Hormiga, siempre rodeada de gente, continúa trabajando infatigablemente. Supera también la noche siniestra que se abatió sobre Chile con el golpe de las fuerzas armadas, resiste las continuas revisiones militares de su casa y de sus arrendatarios, vence el dolor por la muerte de Salvador Allende y por la destrucción de un gobierno y de una dirección política e ideológica por la que tanto había luchado. Con la muerte de Neruda, el 23 de septiembre de ese funesto 1973, se cierra definitivamente una etapa de su larga vida. Ya en 1971, cuentan sus amigos, cuando veía por televisión cómo el poeta recibía el Premio Nobel de Literatura se preguntó si alguna vez la había querido. La respuesta se debe buscar en los versos del poeta: "Delia es la luz de la ventana abierta/ ala verdad, al árbol de miel…" (Amores: Delia I). 

En sus últimos treinta años de vida logró el reconocimiento a su trabajo, que pasa del grabado al dibujo en carbonilla. Expuso en Santiago, en diversas ciudades latinoamericanas y en Moscú. El 26 de julio de 1989 la "flor de único tallo indoblegable", como la llamó Rafael Alberti, muere en Santiago, dos meses antes de cumplir 105 años, en la Casa Michoacán, que alberga actualmente el Centro Cultural Delia del Carril. 

Michoacán de Los Guindos (1937) 

Cuando Neruda y Delia del Carril fueron a vivir a la hoy conocida como Casa Michoacán de Los Guindos, la expansión urbana de la capital chilena se desplazaba de la parte plana de la ciudad hacia la Cordillera, trepando por las sendas de Apoquindo, Peñalolén y el Golf. Nada que ver con la abigarrada población actual, pero se puede imaginar el pasado donde el transporte común en el lugar eran las carretelas y las calles estaban pavimentadas de verde pasto aún rural. Y la casa colabora a enriquecer el paisaje con su singular disposición arquitectónica, que fue modelándose al carácter caprichoso de su inspirador. 

Esa casa no ha sido hecha para tener comedor y dormitorios; en ella las piezas íntimas pasan a segundo plano. Sus paredes se alzaron para cobijar libros y colecciones, para recibir amigos que allí gozaron de la generosa hospitalidad de la pareja, para celebrar reuniones bohemias, para hospedar vagabundos y artistas. La vivienda se finca sobre un terreno grande plantado con árboles frutales, flores y arbustos. En el patio destacaba la clásica parra, que en verano forma un túnel verde del que cuelgan racimos de uva casi negra. Se fue construyendo por partes y tal vez por eso no responde a ningún patrón conocido; hasta la puerta principal no parece tal, es pequeña y se disimula en el muro. En cambio, el comedor es grande y apropiado para recibir a mucha gente; para llegar a él es necesario atravesar el jardín en el que, dicen los que recuerdan, aturdían los graznidos destemplados de los ararás traídos de Brasil. 

Cuando la casa era habitada por Delia y Pablo les acompañaban la colección de caracoles procedentes de los mares más recónditos, acumulada con paciencia amorosa como si el coleccionista quisiera tener el sonido de todos los mares acompañándolo mientras escribía. Cuando llegaron a más de quince mil y constituían una colección famosa, el malacólogo los reunió en grandes cajas y los donó a la Universidad de Chile, que "como buena institución sudamericana… los recibió con loores y discursos y los sepultó en un sótano" (p. 228). 

También los libros tenían preferente acogida y en la biblioteca se acomodaban viejos pergaminos y singulares ediciones de la literatura universal. En los estantes figuras del arte indígena mexicano, peruano y chileno. Lugar especial tenía la taberna en el ala lateral de la construcción, que Neruda construyó recordando a las españolas. "Una característica de la casa de Neruda es que a cada momento y donde menos se piensa aparece un cuarto de alojados. Junto a la taberna hay uno también… En ese cuarto ha estado en pijama toda América".

Lo realmente importante de esta casa no es su valor edilicio. Es la atmósfera que todavía se puede respirar ahí, mientras se recuerda el espíritu solidario que ella albergó. No en balde el gobierno pinochetista trató de aniquilarla para borrar el recuerdo de las mentes libertarias que la habitaron, para intentar desaparecer de la memoria de los chilenos su relación con el Partido Comunista. Acaso se puede acallar a punta de fusil las voces de aquellos 

…españoles expulsados por el vendaval revolucionario, judíos abrumados por el campo de concentración, almas ahuecadas por el dolor con acentos de extraña sonoridad, apóstoles, combatientes, luchadores políticos, víctimas y soñadores… Los mejores espíritus, las más vivas almas, las conciencias torturadas de inquietud, las más urgidas de esperanza, le prestaron su consagración...10 
El gran homenaje a Delia del Carril, la mujer comprometida y la artista solidaria, lo comenzaron en 1998 escritores, artistas, pintores, actores y en general el mundo del arte santiaguino, que se unieron para impulsar la vieja idea de reconstruir Michoacán de Los Guindos y ahí crear un espacio para las manifestaciones artísticas independientes y tradicionales de la capital chilena. 

Importantes mecenas permitieron iniciar las primeras labores de restauración y limpieza de esa propiedad que Luis Corvalán, entonces secretario del Partido Comunista, heredó a la comunidad artística al morir Delia. Los responsables del proyecto también se ocuparon de limpiar de malezas y basura el lugar que llevaba más de una década abandonado. Hoy la Casa de Arte y Cultura Delia del Carril11 tiene abierta nuevamente sus puertas para continuar la labor de su última y centenaria moradora. 

Isla Negra (1939)

El 10 de octubre de 1937 Neruda, acompañado de Delia, regresa a Chile, donde comienza a trabajar en su Canto general, por lo que necesitaba un sitio para poder escribir con tranquilidad. Se le presenta la oportunidad de adquirir una propiedad de un español socialista, ex capitán de navío, en Isla Negra, un pequeño caserío a 100 kilómetros al oeste de Santiago, frente al mar y cercana al puerto de San Antonio. En sus Memorias dice: "Encontré una casa de piedra frente al océano [Pacífico], en un lugar desconocido para todo el mundo, llamado Isla Negra" (p. 197). 

La casa estaba a medio hacer, por lo que Neruda pudo terminarla según su gusto particularísimo, que en este caso se relaciona con la vida de mar, desde el ancla que se oxida sobre el roquedal de la costa y el mástil donde ondean banderas marinas y se columpian campanas de tamaños diversos, hasta en el interior de la casa, en los techos abovedados que unen los cuerpos de la construcción para recordar los navíos y en la colección de barcos en miniatura, incluidos los tradicionales armados dentro de botellas. 

Dentro de la originalidad de la casa destacan las mascaronas12  de proa: La Medusa, de madera pintada, desteñida por la sal de sabe cuantos mares, y La María Celeste, que expone la belleza de un rostro sereno tallado en oscura madera lustrada y por el cual, en invierno, se deslizan inexplicables lágrimas (p. 375). Su afecto por estos iconos marinos se tradujo en el poema "A una estatua de proa", en Canto general:

En las arenas de Magallanes 
te recogimos cansada, 
navegante, inmóvil, 
bajo la tempestad que tantas veces 
tu pecho dulce y doble desafió. 
En la sala manda abrir un enorme ventanal que permite ver la playa y alejar la vista para admirar la unión del océano Pacífico con el cielo austral. Entre la sala y el ala de los dormitorios y del comedor se levanta una torre cuyo piso inferior está relleno de conchas marinas y allí se encuentra un gran timón de barco junto a un farol que tal vez iluminó algún callejón portuario; se sube al segundo piso por una escalera de cordel como la de los barcos, al que en un tiempo fue el redondo dormitorio del poeta, con ventanas que apuntan al Pacífico porque, escribe: 
Necesito del mar porque me enseña: 
no sé si aprendo música o conciencia: 
no sé si es ola sola o ser profundo 
o sólo ronca voz o deslumbrante 
suposición de peces y navíos. 
De ahí que, antes de ponerse a escribir, cumple con una ceremonia matinal: iba a saludar a ese personaje poderoso que era el mar Pacífico y éste le contestaba con una o varias olas que acariciaban sus pies. 

En el rústico ambiente de Isla Negra se aprecia la mesa de trabajo del poeta, que no es otra que una tabla carcomida que el mar arrojó a la costa del sur chileno y sobre la cual escribió "Alturas de Machu Picchu", en compañía de múltiples botellas, caracolas y escarabajos. 

El dormitorio, que de seguro ya no compartió con Delia, tiene dos ventanales que se juntan en el ángulo noroeste; la cama está dispuesta diagonalmente para enfrentar la abertura y con esa disposición, al abrir los ojos, se pueda entrever el azul marino. A sus amigos y las tertulias Neruda dedicó un lugar igual de especial: el bote encallado para siempre junto a la casa, que se transformó en taberna marina con su larga y angosta mesa, sus adornos de jarras de vino o cerveza y de botas españolas. 

El poeta comparte Isla Negra con Delia los primeros siete años; luego vino Matilde Urrutia. El chirrido de la veleta con el pez que indica la dirección del viento desde lo alto de Isla Negra —actualmente logotipo de la Fundación Neruda— acompaña a Pablo y Matilde en su descanso final, frente al inmenso mar, tal como lo quiso y lo pidió en vida. 

Compañeros, enterradme en Isla Negra 
frente al de Marzo que conozco, a cada área rugosa 
de piedras y de olas que mis ojos perdidos
no volverán a ver. 


Matilde Urrutia (1956) 

El 5 de mayo de 1912, en Chillán, nace María Matilde Urrutia Cerda. Al año fallece su padre y deja a la familia en una situación económica precaria. Sin embargo su infancia se desarrolla felizmente entre el cultivo de la huerta, las flores, los piñones y las castañas que se calentaban en el brasero mientras su madre liaba un delgado cigarro de hojas de elote y le contaba cuentos sobre ángeles y lunas. Cuando tenía 12 años debieron emigrar a Santiago para mejorar sus difíciles condiciones de vida. 

La vivaz jovencita, aficionada al canto y la guitarra, se transforma en una atractiva mujer que desarrolla su vida entre diversos empleos, su familia y los estudios de canto que inicia con Consuelo Guzmán en el Conservatorio de Música, y que continúa con Blanca Hauser, con la que convive después de la muerte de su madre y que influye notoriamente en su formación musical.13 

En 1946, en el Parque Forestal de Santiago, durante una concentración política-cultural, se registra el intenso y breve encuentro entre Pablo y Matilde; vuelven a verse en México en 1949 y entonces Pablo no puede sustraerse a esa mujer de 37 años que lo reencuentra con su tierra del sur chileno y, en cierto sentido, lo reconcilia con sus raíces según se puede interpretar al leer su "Testamento de otoño", en Estravagario

Tu cuerpo y tu rostro llegaron 
como yo, de regiones duras, 
de ceremonias lluviosas, 
de antiguas tierras y martirios 

[…] 

Tú fuiste mi vencedora 
por el amor y por la tierra, 
porque tu boca me traía 
antepasados manantiales, 
citas en bosque de otra edad. 


¿Cuántos versos te dedicó el poeta, Matilde? De los primeros en que eras la secreta inspiración de Los versos del capitán, después cuando te nombra abiertamente 
 

Matilde Urrutia, aquí te dejo 
lo que tuve y lo que no tuve, 
lo que soy y lo que no soy. 
(Estravagario
o posteriormente cuando te ordena: 
Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero, 
quiero que tus oídos sigan oyendo el viento, 
que huelas el aroma del mar que amamos juntos 
y que sigas pisando la arena que pisamos 

[…] 

para que así conozcan la razón de mi canto. 
(Soneto LXXXIX


De 1949 a 1955 la relación se mantendrá reservada, aunque no para sus íntimos. Durante el exilio forzado, Pablo y Delia estuvieron en Gotemburgo, Suecia, y desde ahí ella regresa a Chile (enero de 1952) mientras él se dirige a la isla de Capri, a la casa que le ofreció el editor italiano Edwin Cerio. Ahí Neruda se refugia junto con Matilde y escribe Los versos del capitán, que se publican como anónimo, para no herir a su esposa (recién en 1962, en la edición de sus obras completas, reconoce la paternidad de esos versos). 

Pero el exilio concluyó y Neruda regresa a Santiago en agosto y vuelve a la casa de la calle Lynch junto a su esposa, si bien mantiene el romance con Matilde y por eso empieza a construir La Chascona. La doble vida se mantuvo hasta 1955, cuando Delia se entera de lo que pasaba. De acuerdo con lo expresado en sus Memorias, Matilde recuerda esos días como muy amargos pues Delia quería que Pablo se definiera ya que si no renunciaba a ese amor, ella se iría de Chile. "Yo no le quitaba nada, ya que cuando llegué a su vida, ellos sólo tenían ya una convivencia amistosa. Yo no quería que ella perdiera su calidad de esposa, no me interesaba".14  Cuando la ruptura se produce, la pareja asume públicamente su relación y se instala en la casa del barrio Bellavista. 

Matilde asume también su papel de compañera utilitaria dejando de lado su independencia y su carrera en el canto. El poeta reconoce su labor: 

Y tú inclinada en mi trabajo 
con tu pasión y tu paciencia 
deletreando las patas verdes, 
las telarañas, los insectos 
de mi mortal caligrafía. 
Igualmente, consagra sus Cien sonetos de amor a la chascona de Chillán: 
Yo te amo para comenzar a amarte, 
para recomenzar el infinito 
y para no dejar de amarte nunca: 
por eso no te amo todavía. 
(XLIV) 


Pero además de ser la inspiradora de muchos poemas, fue la compañera de viaje, la administradora de la vida cotidiana y la acuciosa defensora de la obra del poeta. Compartieron la vida durante casi un cuarto de siglo donde, seguro, no todo fue poesía, pero capitán y musa trabajaron a dúo, porque cada escrito resultaba un hijo compartido que compensaba de cierta manera la imposibilidad de tener los biológicos. Por eso, especialmente en La Chascona, siguen resonando por muros y rincones los sonetos y el aliento del amor compartido. Allí también se vela al poeta una terrible noche de septiembre de 1973 y, doce años después, se cierran los ojos de Matilde. 

Los trágicos años de la dictadura intentaron apagar la llama nerudiana. Pese a la soledad y aislamiento, Matilde logra editar las censuradas Memorias del poeta con la asesoría de Miguel Otero Silva. También Jorge Edwards la apoya para publicar la obra póstuma y rescatar los escritos dispersos, en verso y prosa, del primerizo Neftalí, así como la del consagrado Premio Nobel. Igualmente, escribe sus propias memorias y se empeña en cumplir los deseos del poeta para sentar las bases de la Fundación Pablo Neruda, que hoy tiene su sede en La Chascona, transformada en centro de cultura, taller de poesía, fondo de ediciones de Neruda y depositaria de la biblioteca del poeta. 

Finalmente, 19 años después de la muerte de Pablo y siete de la de Matilde, pudo cumplirse el deseo de ambos de ser sepultados en Isla Negra, frente al océano que tanto amaron. Así, el 11 de diciembre de 1992 fueron exhumados de sus tumbas en el Cementerio General de Santiago los restos de la pareja y en la tarde del 12 de diciembre de ese año los féretros fueron trasladados a Isla Negra, donde reposan juntos.15

La Chascona (1953) 

En una de las laderas del Cerro San Cristóbal, en la pequeña calle Fernando Márquez de la Plata del barrio Bellavista, se encuentra la casa más conocida de Pablo Neruda: La Chascona. El nombre alude al enmarañado cabello de Matilde Urrutia, que Diego Rivera representó en la tela que se puede admirar en la casa. Característica que se inmortaliza en Sonetos de amor (XIV) cuando al autor le "falta tiempo para celebrar [sus] cabellos" y quiere contarlos uno por uno mientras recuerda que en Italia la bautizaron Medusa por su cabellera encrespada, pero que él prefiere llamarla "chascona". 

El poeta comenzó a construirla con la intención de que fuera el refugio de su relación clandestina con Matilde, porque no quería separarse de Delia, que tenía 69 años en ese 1953. Si bien ella al enterarse de la relación no acepta el papel asignado y prefiere la separación. Así Delia se queda en la Casa Michoacán y él sigue su vida con Matilde. 

El arquitecto Germán Rodríguez Arias, refugiado español, se encarga de esta obra, tal como de Isla Negra, y la concluye en 1955. Por estar adosada al cerro, la construcción asume un carácter trepador que obliga a subir y bajar escaleras para trasladarse de un lugar a otro de la casa. Así se inicia la construcción de las habitaciones del frente, cuyas pequeñas ventanas miran hacia adentro, mientras adosadas a la falda del cerro siguieron las habitaciones aéreas, que luego serían envueltas por las enredaderas, y desde las que se veía la cordillera nevada —antes de que la contaminación empañara el ambiente. 

El dormitorio abre en lo alto una ventana hacia el cerro y a la cascada que por él se desliza y que luego corre bajo la casa. Abajo, la sala de estar con sillones confortables enfrente de la chimenea; en el piso cueros de vaca y un pequeño bar en el hueco de la escalera que baja a un patio, del que se puede pasar al comedor, otras dependencias y al cuarto de huéspedes; bajando otra escalera se desemboca en la callecita de entrada. 

Cuadros de naturalezas muertas y de Nemesio Antúnez decoran el comedor y, como en todas las casas de Neruda, libros y colecciones tienen su lugar preferente. Después de que en 1954 dona a la Universidad de Chile sus valiosos libros, reanuda su obsesión por los mismos. Trepando por los senderos, entre jardines y estanques que rodean el primer cuerpo de la construcción, se encuentra el bar principal, pues hay varios más pequeños, de madera rústica y semiabierto; al lado el estudio con la "mesa de trabajo, libros, fotografías, chimenea y un caballo de mimbre en un rincón. Una pasarela nos conduce al estudio de Matilde, donde hay un piano y otros instrumentos de música".16 

La Sebastiana (1959) 

En la calle Ferrari del Cerro Florida, en Valparaíso, se encuentra enclavada La Sebastiana, que estuvo abandonada por 18 años desde la muerte de Neruda y que se abrió al público en 1992, después de dos años de restauración. Neruda compra junto con otro matrimonio la casa en obra gruesa. Ellos se quedaron con los dos primeros pisos de un lado de la casa y Neruda con los cinco del otro lado. Cada propietario terminó la construcción a su manera. Neruda y Matilde la llenaron de colores y, por supuesto, de los objetos misceláneos que traían de sus viajes. 

En ese puerto que fue estratégico en tiempo de la colonia y donde las casas cuelgan de los cerros que rodean la bahía, La Sebastiana se asemeja a un mirador sobre Valparaíso. Su hechura recuerda a La Chascona, pero su situación al borde del barranco ofrece una posición mucho más frágil. Como la propiedad de Santiago, se pega al cerro y las escaleras son el único modo de pasar de un piso al otro. 

Lleva su nombre en recuerdo del español Sebastián Collado, constructor de la casa que dejó inconclusa al morir, y que Neruda consideró su colega: un "poeta de la construcción". En 1961 Neruda dio con ella y, entre empanadas, vino y cielo azul —según prometió en la invitación—, la inauguró el 18 de septiembre de ese año. Pablo y Matilde vivieron en ella por breves temporadas, especialmente en año nuevo, para presenciar el espectáculo pirotécnico que se llevaba a cabo en la bahía desde los barcos de la Armada y las embarcaciones fondeadas ahí, a partir de la medianoche. 

Desde sus numerosas ventanas se puede gozar de una espléndida vista panorámica de Valparaíso y su bahía; igual que en Isla Negra, se puede desplegar la vista por el azul del Pacífico. Aquí, como en sus otras casas, se alojan diversos objetos —botellas, barcos, marinas—, pero en el comedor situado en el segundo piso, junto a la gran chimenea redonda, bautizada "tinaja de humo", destaca un caballito de madera pintada que Neruda trajo de París, quizá con el secreto deseo de conservar un trozo del carrusel del que formó parte y con ello el sabor del juego infantil, porque: "El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él" (p. 373). 

En el tercer piso el infaltable bar, de roja madera bruñida; en el cuarto, el dormitorio con su cama de bronce frente al ventanal y muebles de barcos. Neruda se consideraba un "navegante de boca", porque su relación con el mar era desde tierra, lo evocaba en sus poemas, lo reproducía en sus casas. 

La Sebastiana conserva en sus muros las fotos de los poetas preferidos de Neruda: Walt Whitman, Beaudelaire y Rimbaud. La amable guía de la casa-museo relata una anécdota simpática respecto a la pregunta que respetuosamente dirigió el carpintero a Neruda mientras colgaba la fotografía de Whitman: "¿Es su padre?" Neruda después de un leve titubeo le respondió que sí… en la poesía. 

En 1993 la Fundación Pablo Neruda recibe en comodato un terreno de 1,500 m2 pertenecientes al Ministerio de Bienes Nacionales, lo que permite diseñar un parque y establecer una tienda de libros y recuerdos, una cafetería y un nuevo acceso a la casa-museo, más cómodo para los visitantes que el original.17

Descanso frente al mar 

Michoacán de Los Guindos es hoy la Casa de Arte y Cultura Delia del Carril; La Chascona, La Sebastiana e Isla Negra están bajo la custodia y administración de la Fundación Pablo Neruda, que persigue como objetivo general "el cultivo y propagación de las artes y las letras", de acuerdo con el decreto de junio de 1986 que le da existencia jurídica a la decisión expresada por Matilde Urrutia, viuda del poeta, en su testamento. 

 
 
 
 
 
 
 
 
   

Caminar por esas casas, asomarse por sus ventanas, pasear la mirada por los objetos estratégicamente diseminados es un acercamiento al mundo personal del poeta. Un halo de tristeza nubla la mirada al recordar los últimos acontecimientos que cerraron dramáticamente la vida de Neruda. Dos años después de recibir, en 1971, el Premio Nobel de Literatura el infortunio tocó a su puerta y a la de Chile también. La ignominia cubrió vidas y conciencias; los responsables cobraron la osadía del poeta, amigo personal de Salvador Allende y comunista practicante. La cobardía se ensañó con La Chascona. Las crónicas posteriores señalan que taponaron la acequia construida junto a los ventanales de las habitaciones inferiores y la inundaron. La mesa de araucaria que el poeta había mandado a construir in situ, porque no habría pasado por las puertas, tiene huellas de golpes y quemaduras. Las otras casas se abandonaron después de ser violadas.18  El horror apenas se desvanece ahora, en los festejos por los cien años de su nacimiento, con las múltiples voces que leen sus poemas, en Chile, en el mundo. Ya en el siglo antepasado Faustino Sarmiento, al cruzar los Andes para su exilio en Chile, escribió sobre una roca: "Bárbaros, las ideas [y los poemas, agrego] no se matan". 

Neruda, que tenía cáncer, muere a doce días del golpe, a las 22:30 del 23 de septiembre de 1973, en una clínica de Santiago adonde fue trasladado desde Isla Negra. ¿Qué poema habrá quedado frustrado entre los labios cerrados rabiosamente por ese chileno universal? Fue velado en las habitaciones altas de La Chascona y enterrado en el Cementerio Municipal, hasta el traslado de sus restos y los de Matilde a su lugar definitivo en Isla Negra. Ahí, seguramente, el viento lleva la voz del poeta cuando susurra al oído de Matilde: 
 

Habitaste la casa 
que te esperaba oscura 
y encendiste las lámparas entonces. 

Recuerdas, amor mío, 
nuestros primeros pasos en la isla: 
las piedras grises nos reconocieron, 
las rachas de la lluvia, 
los gritos del viento en la sombra. 

("Epitalamio") 


Si se presta atención, el mar devuelve otros versos que, estoy segura, arropan a la Matilde yerta con el calor del amor que va más allá de la finitud humana: 
 

¡Cómo sabría amarte, mujer cómo sabría 
amarte, amarte como nadie supo jamás! 
Morir y todavía 
amarte más. 
Y todavía 
amarte más 
y más. 
("Amor") 


Pero los amantes no están solos. Porque cerca de la tumba que mira al Pacífico una planta que amaron extiende sus hojas carnosas, alas vegetales del agave que se aferra a la roca para desafiar al viento marino. Símbolo evidente del espíritu tenaz y de la fuerza del poeta chileno que contó con el apoyo de grandes mujeres.•

*Ana María Peppino Barale es profesora-investigadora del Departamento de Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Doctora en estudios latinoamericanos; investigadora nacional. 

Notas

1Confieso que he vivido. Memorias, México, Seix Barral, 1974. En adelante las citas tomadas de este libro se acompañan con la anotación entre paréntesis de la página correspondiente. 

 2Tal vez la respuesta a este desconsuelo se encuentre en su poema "Maternidad", o en "Enfermedades en mi casa", como se sugiere en el número 31 de Cuadernos, publicación de la Fundación Pablo Neruda, 1997, pp. 53-61. 

 3Virginia Vidal, María Antonieta Haagenar. Con tres sombreros puestos. www.uchile.cl/neruda/maruca.htm 

 4Será que, como tantos hombres, no logran superar el hecho de tener un descendiente con problemas de salud y se preguntan inconsolables: ¿por qué a mí?, ¿qué he hecho para merecer esta injusticia? Sólo que de un poeta se espera —más bien, espero— mayor comprensión y dulzura; en cambio, parece que esta situación debilitó aún más la relación de la pareja. ¿Culparía a Maruca por ello? En "Maternidad" pregunta: "¿Por qué te precipitas a la maternidad y verificas/ tu ácido oscuro con gramos a menudo fatales?" 

 5Fernando Sáez, Delia del Carril. La mujer argentina de Pablo Neruda, Buenos Aires, Sudamericana, 1998, p. 28. 

 6Stanley William Hayter (Londres, 1901-París, 1988), a la cabeza del Atelier 17, centro generador de innovaciones en la técnica del grabado de l' intaglio, en un ambiente sumamente favorecedor de las capacidades de expresión de los múltiples artistas que pasaron por el taller en su medio siglo de existencia; entre ellos Picasso, Dalí, Miró, Tamayo, Giacometti, Chagall, Calder, Antúnez y un largo etcétera. 

 7Santiago de Chile, 1918-1993. Arquitecto, grabador y pintor. Fue director del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile. Su obra, envuelta en una atmósfera onírica, se inscribe en el surrealismo. 

 8Fundación Pablo Neruda, Boletín de Primavera, 1989, pp. 7-8. 

 9Ricardo Boizard, Patios interiores, Nascimento, Santiago, 1948. www.uchile.cl/neruda/lascasas.html 

 10Ibid.

 11Avenida Lynch 164, comuna La Reina, Santiago, Chile. 

 12En este caso se refiere a figuras femeninas; el mismo Neruda así lo consideró en sus Memorias (p. 375). 

 13Luis Rubilar Solís, "Matilde Urrutia. Un destino", en Boletín de Verano, Fundación Pablo Neruda, 1990, pp. 3-5. 

 14Matilde Urrutia, Mi vida con Pablo Neruda, Buenos Aires, Seix Barral, 1986, p. 67. 

 15Luis Rubilar Solís, op. cit.

 16Margarita Aguirre, Genio y figura de Pablo Neruda, pp. 225-238. www.uchile.cl/neruda/biografía.html 

 17Casa Museo La Sebastiana. www.lasebastiana-neruda.cl 

 18Cualquier semejanza con sucesos que tuvieron su centro en Berlín no es más que un trágico remedo histórico.