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y la ruptura de la historiografía literaria *Ryan
Long
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Desde el principio de la segunda novela de Jorge Aguilar Mora, Si muero lejos de ti (1979), el olvido produce dolor. El texto empieza con una imagen de Yoris —el protagonista joven de clase media— atravesando la ciudad de México en autobús. El reconocimiento de haber olvidado algo le choca, pegándole con una fuerza visible que también provoca la reacción inmediata de los otros pasajeros: "Yoris sintió el dolor de haber olvidado algo y movió la cabeza con tanta violencia que todos los pasajeros del camión voltearon a verlo con un aullido de animal pateado a traición" (p. 11). A pesar de su vergüenza pública, Yoris no puede controlar sus movimientos y los síntomas físicos de su olvido empiezan a extenderse más allá de su ser individual, causando que lo que le rodea se espese y se hinche, igual a su sangre, que pulsa "a flujo perezoso" (idem). La tarde, los otros pasajeros, el olor de las emisiones del camión, todo se transforma en "un sopor que deseaba dominar forzando la memoria de todos: como si el aire fuera un músculo para recordar y retener todos los dolores" (idem). El aire en el camión, pesado con el dolor colectivo que absorbe, es denso, elástico y cargado con un recuerdo que arrolla a la gente que traga. El aire obliga a los pasajeros a que recuerden que han olvidado algo, pero no les revela lo que puede ser, como en el caso de Yoris: "Lo que le hacía mover violentamente la cabeza era la localización imprecisa y ubicua del olvido que se apoderaba de él… como un iris injustificado en aquella tarde calcinada" (idem). Esta escena de la primera página de la novela establece un tema compuesto que aparece a lo largo del texto: que el México posTlatelolco se satura de una memoria histórica que excede el poder perceptivo de sus ciudadanos y que exige que ellos se encaren con los límites de sus subjetividades individuales y colectivas. No controlan el proceso de la memoria. Son controlados por él. No son sujetos que perciben, sino sujetos percibidos por la historia que los rodea. La descripción del
ambiente en el camión, el cual parece ser un músculo absorbente,
recuerda, por contraste, otro esfuerzo novelístico de contener la
realidad histórica mexicana dentro del orden simbólico de
un texto literario. Aquí me refiero a La región más
transparente (1958), de Carlos Fuentes, publicada una década
antes de Tlatelolco y veintiún años antes de Si muero
lejos de ti. El hecho de que la novela de Aguilar Mora establezca un
diálogo con el texto de Fuentes se hace más evidente en el
segundo capítulo de aquélla. Más abstracto que el
primer capítulo, el segundo contempla y define el concepto de la
mirada: "La mirada es un nudo invisible de aire. La mirada es una cicatriz
transparente en el aire. La mirada es una arruga translúcida del
aire" (p. 19). Propongo que la relación que se establece aquí
entre la mirada y el aire donde aparece es una conexión que clarifica
el significado de "iris" en el pasaje citado arriba, que describe lo olvidado
no identificado, pero ubicuo que se apodera de Yoris. El "iris injustificado"
que interrumpe la "tarde calcinada" del viaje de Yoris no es un arco iris,
sino un ojo, un ojo que ve todo, pero que no puede verse a sí mismo.
Este significado permite otra referencia al texto de Fuentes, la conclusión
del cual se ofrece como punto de partida para este análisis de Si
muero lejos de ti, en el cual se propone que es una novela clave para
la historiografía literaria mexicana.
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La región más
transparente concluye con la transformación de Ixca Cienfuegos,
quizás el personaje más importante de la novela. Cienfuegos
es un etnógrafo itinerante y posee la capacidad de cruzar las enormes
distancias entre varios puntos del df con la misma facilidad que puede
atravesar barreras de clase social. Es un personaje que provoca las confesiones
de otros, sacándoles sus historias, y representa también
una táctica narrativa, algo que da coherencia a la estructura heterogénea
de la novela. Al final de La región…, la diferencia entre
personaje y táctica narrativa desaparece cuando Cienfuegos se transforma
en el texto mismo. Sus pensamientos se enlazan con las voces de los personajes
que ha encontrado. Su cuerpo desaparece y Cienfuegos se vuelve capaz de
adoptar numerosas perspectivas de manera simultánea. Durante el
proceso de esta transformación, Cienfuegos llega a ser también
la historia nacional mexicana, lo cual se transmite a lo largo de varias
páginas que enumeran una lista de eventos que cubre siglos, desde
la época precolombina hasta el periodo posrevolucionario que compone
el presente de la novela. La desencarnación de Cienfuegos, es decir,
el proceso que convierte su subjetividad física en una trascendencia
etérea, depende de la integridad de su visión. Después
de todo, sus ojos quedan:
Como sus ojos y su voz son
conductos de la historia, Cien-fuegos se construye como un sujeto que puede
comprender una totalidad, que puede contenerla dentro de su mirada. Entonces,
¿qué es lo que sugiere la novela de Aguilar Mora cuando la
mirada se presenta no como una lente transparente, sino como un nudo, una
cicatriz, una arruga? Para responder a esta pregunta ayuda hacer referencia
a una entrevista durante la cual Aguilar Mora discute la pluralidad de
voces de la que se compone
Si muero lejos de ti. El autor explica
que, para reforzar la pluralidad de su novela, "al principio hay un capítulo
en el que no aparecen personajes, es la mirada la que habla" (Toledo, p.
120). Luego Aguilar Mora describe uno de los aspectos más desafiantes
de la composición de un texto multivocal: "Por supuesto, forzosamente
tiene que haber un sujeto, por más que se quiera diversificar...
Es imposible evitar la idea de que alguien que se esté expresando
en un `nosotros' sea un `yo' " (idem). Lo más interesante
respecto de estas observaciones de Aguilar Mora es que parecen contradecir
uno de los temas centrales de la novela, es decir, el colapso de la subjetividad
en el México posTlatelolco, no sólo de la subjetividad colectiva
sino también de la individual. Considero válida la presunción
de que los individuales no se pueden definir como elementos completamente
distintos de las colectividades de las cuales forman parte —una presunción
reforzada por la descripción hecha por Aguilar Mora sobre la relación
entre el "yo" y el "nosotros"—, y propongo que Si muero lejos de ti
disuelve la máscara de comunidad nacional, establecida durante décadas
por discursos filosóficos, literarios y políticos. Al quitar
la máscara, la novela revela que debajo de ella no yace ninguna
subjetividad.
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Entre la mirada comprensiva de Ixca Cienfuegos y la mirada que define Aguilar Mora, hay un contraste que establece conceptos opuestos de la subjetividad. Cienfuegos, Fuentes y la novela totalizante (una categoría a la cual pertenece sin duda La región…) representan una idea de subjetividad que corresponde a lo que Lacan identifica como una noción privilegiada del sujeto, una noción que enlaza la percepción con la posesión: "El privilegio del sujeto parece ser establecido… por esa relación bipolar y reflexiva por la cual, al momento que yo percibo, mi representación me pertenece" (p. 81).* La novela de Fuentes, por ejemplo, apresa la historia mexicana y, por extensión, la innumerable gente que la ocupa. Pertenecen a la visión del novelista. Además, como sugiere Lacan, es la aprehensión del otro que refuerza la subjetividad de la que percibe, porque las representaciones que ella hace de sí misma también pertenecen a ella, y así fundan su autonomía. Hay varios precursores de la representación comprensiva y totalizante que concluye la novela de Fuentes, y éstos emergen en varios momentos de la historia del pensamiento mexicanista, de la búsqueda de "lo mexicano". Muchos ejemplos de este tipo de representación son notablemente visuales, como se ve en la pregunta que hace Emilio Uranga sobre la autenticidad mexicana: "¿Cuál es esa noción clave, verdadera bóveda, en cuya concavidad hemos de inscribir nuestra acción cotidiana?" (p. 408). Para Uranga, "lo mexicano" es la respuesta a su pregunta y es capaz de establecer un espacio inclusivo que puede contener y explicar la realidad mexicana, es decir, "una atmósfera… o una significación en cuyo seno, advertida o inadvertidamente, nos movemos, y que canos. Esa subjetividad colectiva es la nación mexicana, latente todavía, pero auténtica. Tanto Fuentes como estos mexicanistas se erigen como pensadores capaces de establecer un sistema que contendrá a mexicanos menos privilegiados. Además, parecen ocupar una posición universal y neutral desde la cual pronuncian sus profecías. Para Ixca Cienfuegos, la posibilidad de adoptar una postura universalista exige la pérdida de su existencia física. Al final de La región…, Cienfuegos se transforma en el viento, un ojo sin cuerpo y una voz desencarnada. Por contraste, la mirada en la novela de Aguilar Mora es extraordinariamente física. Su manifestación más llamativa es cuando el narrador la define como esa "cicatriz transparente en el aire". La presencia de una cicatriz indica la existencia anterior de una herida que no se ha curado por completo. En este caso, la cicatriz es transparente. Es invisible, pero todavía presente. Entonces, la cicatriz denomina un hueco invisible pero determinante en la conciencia perceptiva. Lacan rechaza la posibilidad de una conciencia individual que pueda aprehender a otros y, por lo tanto, una representación de sí misma, aunque destaca la importancia fundamental de las lagunas que pueblan el campo visual. Propone que "el psicoanálisis considera la conciencia como algo irrecuperablemente limitado y lo instituye como un principio, no sólo de la idealización, sino de la méconnaissance… la scotoma" (pp. 82-83, énfasis original). La scotoma se define como
una mancha o una ausencia en el campo visual, y su relación con
la subjetividad es que representa el hueco o la división que el
sujeto no puede controlar, y que, por su parte, determina al sujeto. La
lucha del sujeto es su esfuerzo infinito por reconstituirse, por reparar
la división que lo constituye. Como explica Lacan:
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El deseo de superar esta división es un aspecto esencial de la mirada, la cual Lacan define en este contexto como "el objeto de que depende la fantasía de la cual se suspende el sujeto en una vacilación esencial" (idem). Por lo tanto, la mirada no emerge del sujeto, sino que es una fuerza externa, irrecuperable, hacia la cual el sujeto se siente repetida y tenazmente empujado. Es una fuerza irresistible que Lacan define como "la búsqueda de una sustancia no nombrada de la cual yo, el que percibe, me arranco" (p. 82). En lugar de producir, como si emergiera de la nada, una noción idealizada de la comunidad nacional, el sujeto se encuentra producido por esa fantasía, controlado por ella, suspendido de ella en un esfuerzo por libertarse de sus garras. La falta de control sobre la imaginaria nacional se encarna en el dilema de Yoris. Él es incapaz de controlar su propio cuerpo, atormentado por una causa ausente, la cicatriz transparente de lo olvidado. La descripción más detallada de Tlatelolco que aparece en la novela de Aguilar Mora es una que identifica la matanza con lo olvidado, con los huecos innegables que contaminan la memoria colectiva, poblando los espacios que antes ocupaban los vivos. Un narrador anónimo, hablando desde la muerte en Si muero lejos de ti, describe la división insuperable entre los muertos y los vivos de Tlatelolco: "Nadie sabe nada, nadie, los que vivieron no lo contarán nunca porque no tienen la voz que tenemos los muertos para hablar de aquel día, y nosotros los muertos hablamos a través de la memoria de los vivos…" (p. 420). La separación entre individuales muertos y vivos presenta un obstáculo absoluto ante la tarea de representar con fidelidad los eventos del 2 de octubre, y se refleja en una división más amplia entre una comunidad viva y otra muerta. La ciudad sirve como símbolo de esta segunda división en la siguiente pregunta posada por la novela: "¿Moriste detrás de aquella oscuridad que se había apoderado de esta ciudad sitiada y arrancada del corazón cotidiano de la otra ciudad?" (p. 419). Las imágenes empleadas por Aguilar Mora, al contrario de las que utiliza Uranga, describen la descomposición de una visión comprensiva de la comunidad nacional, la separación violenta entre "la otra ciudad" —la ciudad idealizada que pudiera contener y guiar la vida cotidiana de sus habitantes— y su contraparte oscura y sitiada: el df de octubre de 1968. La novela establece una conexión
semejante entre las desuniones colectivas e individuales cuando describe
un encuentro violento que Yoris sufre. Es una escena que merece un análisis
detallado. Yoris acaba de ser asaltado por dos agresores no identificados.
Pueden ser policías secretos o halcones. La violencia que padece
destruye cualquier sentido de identidad y orientación: "Yoris se
había convertido en puro dolor, no tenía nombre, ni pasado,
ni memoria, ni futuro, ni manos, ni deseo, ni imágenes, todo era
dolor" (p. 111). Al haberse quedado encogido en un portal por un rato,
paralizado, Yoris empieza a volver a la vida. Al recuperarse paulatinamente,
sus ojos se fijan en algo que yace en el desagüe:
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Antes de que el aire que le rodea se separe de sí mismo, destruyéndose, Yoris encuentra la cajita que necesitaba para completar su colección. No la ve de manera voluntaria, sino que es un objeto que atrae su mirada. Aguilar Mora destaca el papel que juegan los objetos inanimados en esta novela: "La idea era darle voz no sólo a muchos personajes sino también a muchas cosas, que los objetos tuvieran voz en la historia" (Toledo, p. 120). La representación en miniatura del cuadro de Caravaggio, Fanciullo con canestro di frutta, es un objeto con especial importancia porque este cuadro es también uno de los personajes de la novela, al lado de cinco cuadros más, de Martini, Ucello, Messina, Titiano y Bronzino. Estas seis obras abarcan varias épocas de la pintura europea, desde la tardía Edad Media hasta la barroca. Cada una es un retrato y cada una es una representación más realista y completa de la forma humana que la obra precedente. Entonces, propongo que no es una casualidad que la obra que Yoris todavía necesita sea la de Caravaggio; es decir, es el retrato que representa la culminación de una trayectoria artística, y que sugiere integridad y perfección. Yoris no vio el cuadro tanto como éste le tiraba su mirada. Lacan resume un proceso semejante, cuando explica que "en el campo visual, la mirada existe afuera, yo caigo bajo su percepción, es decir, yo soy un cuadro… Lo que me determina, al nivel más elemental, dentro de lo visible, es la mirada que existe a fuera" (p. 106). La forma perfecta del cuadro de Caravaggio es la fantasía externa de la cual Yoris se suspende. Sin embargo, él no puede aprovecharse de este encuentro para reestablecer la identidad que destruyeron sus asaltadores. No hay tiempo. Al momento de encontrar la cajita de cerillos, la bóveda de la noche urbana revienta, dejando a Yoris sin nada salvo un pasado olvidado —el cual nunca recuperará— como un espacio en el que se puede inscribir. Este espacio, definido por sus nudos transparentes, cicatrices y arrugas, las voces de los muertos de Tlatelolco, ya no es una superficie trascendental que los novelistas, filósofos e historiadores son capaces de identificar. Al contrario, emerge como la fuerza real que inscribe a todos con el deseo compulsivo e irresistible de recordar lo que sólo puede quedar olvidado.• |
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| Bibliografía
-Jorge Aguilar Mora, Si
muero lejos de ti, México, Joaquín Mortiz, 1979.
-Carlos Fuentes, La región más transparente, México, fce, 1958. -Manuel Gamio, Forjando patria, México, Porrúa, 1916. -Jacques Lacan, The four fundamental concepts of psychoanalysis, Nueva York, W.W. Norton, 1981 (las citas de este libro fueron traducidas por mí). -Samuel Ramos, El perfil del hombre y la cultura en México, México, Planeta, 1998. -Alejandro Toledo, Los márgenes de la palabra: Conversaciones con escritores, México, UNAM, 1995. |
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