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*Ángel Rafael
Nungaray
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Para Melisa, mi hija
I En mi sombra el aire lava las llagas a la luz En mi sombra no hay ínsulas a donde no llegue la sal de los deslumbramientos II Los ojos de la noche son mis ojos Me sigue un vendaval de máscaras habitadas por cuchillos Yo mismo soy una máscara me siguen la caída y la ascensión Y he probado la sangre suculenta del sueño III El naufragio es carne la voz el ancla arrojada hacia el cielo IV La sombra es el comienzo La mirada oblicua se destila en el erial del cielo en el disparo sordo de la sangre en los frenos mohosos de los sueños La carne abreva de la sombra lo que la sombra no es V La noche saliéndome de los poros voz excavando el aire La noche es salir El día la puerta cerrada de los sentidos • |
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