Globalización y fronteras culturales
*Raúl Rodríguez Guillén

Unidad económica y fragmentación cultural

Es un lugar común, hoy día, hablar de los tiempos históricos, y considerar al siglo XX como el pasado inmediato que nos heredó una serie de reminiscencias que entran en conflicto con la construcción del nuevo orden y sus paradigmas.

A decir de Ryszard Kapuscinski, "el siglo XX ya es pasado", pues se han dejado atrás los principios rectores de la sociedad y el orden bipolar caracterizados por la existencia funcional de: a) las ideologías, b) la sociedad de masas, c) los totalitarismos, d) los Estados-nación, e) los tres mundos y f) la confrontación; simbólicamente expresados en el muro de Berlín y las alianzas militares —OTAN y Pacto de Varsovia—.

Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nuevamente es Europa el laboratorio del siglo XXI, debido a que condensa todas las contradicciones que entraña el cambio o la transición actual, es decir, es allí donde se desarrollan simultáneamente integración económica y conflictos nacionales, migraciones y xenofobia, movimientos de protesta social por mantener el subsidio al bienestar y los más drásticos cortes al mismo, las izquierdas más sólidas y el triunfo de las derechas, las sociedades más democráticas y las mayores intolerancias, etcétera. Es en Europa donde se vive con mayor intensidad este fin y principio de siglo.

Según Eric J. Hobsbawn: "Ha sido el fin de una era en la cual la historia mundial estuvo dominada por la Revolución de Octubre",2 en la cual las clases dirigentes de Occidente estuvieron presas por el temor a la revolución social y el comunismo, que se convirtió en miedo al poder militar de la urss; fue, en suma, el siglo de la amenaza de guerra total y carrera armamentista.

El siglo XX, a decir de varios autores, es el más corto de la historia, considerando que da inicio en 1914 con el estallido de la primera guerra mundial y concluye en 1989, con la caída del muro de Berlín. Por ello, asegura

Jan Patula se ha llamado al conflicto en el Golfo Pérsico la primera guerra del siglo XXI. ¿Con razón consideramos que el año de 1989 cierra el siglo XX? Entendida como la centuria de la guerra total... desde el punto de vista cronológico... Pero vista la guerra política e históricamente, surgen ciertas interrogantes y dudas. La primera... se refiere a que esa guerra puso de relieve la herencia bien viva de la confrontación, el comercio de armas y la hegemonía global y regional que con la proclamación del fin de la guerra fría parecerían pertenecer al pasado. Una ilusión falsa. El segundo elemento digno de tomarse en cuenta es que muchísimos conflictos regionales, étnicos y sociales tienen su origen propio, es decir, las causas profundas provienen de la configuración de fuerzas internas y la rivalidad soviético-norteamericana sólo las explotó para beneficio propio.


Los enfrentamientos regionales y locales de raíces étnicas y religiosas sustituyen a los grandes conflictos ideológicos, pero al mismo tiempo introducen variantes, que hacen aparecer al problema como "choque de civilizaciones", donde el riesgo de conflagración mundial sigue latente, sólo que ahora será fragmentada con un alto contenido regional y local, con reivindicaciones viejas y nuevas, entre las cuales destacan el surgimiento de nuevos Estados, otras fronteras, identidades añejas y sobre todo la búsqueda de valores que articulen el individualismo y la socialización.

Es necesario recuperar e interpretar los elementos que caracterizan el nacimiento del nuevo siglo y milenio, a saber: a) la globalización de la economía y las finanzas, b) el surgimiento de los Estados-región, c) la democratización —modelo Singapur— de los regímenes políticos, d) la división de los países en dos —desarrollados y subdesarrollados—, e) el resurgimiento del individualismo y f) el sobredimensionamiento del mercado. Podríamos afirmar que el conflicto es sustituido por la penetración e integración con sus consecuencias políticas y culturales.

El vocablo globalización intenta sintetizar tendencias recientes del desarrollo capitalista mundial. Tales tendencias pueden resumirse en: a) la emergencia de una gran transformación generada por la llamada tercera revolución tecnológica e industrial, impulsada, a su vez, por la electrónica, la informática, la automatización, el uso de nuevos materiales y la biotecnología en los procesos productivos, el descubrimiento del mapa genético que ha de revolucionar a la industria de la medicina; b) un nuevo esquema de producción global que integra en un gran número de países, vía la descentralización, toda una serie de procesos tales como la producción de partes, componentes y servicios en un ámbito que ahora tiene por sede lo que se ha dado en llamar la "gran fábrica mundial"; c) la acelerada integración de las economías nacionales a la nueva dinámica de los mercados globales, fenómeno impulsado fundamentalmente por medio de la apertura comercial y la eliminación de barreras; d) la formación de tres grandes bloques regionales en Europa, América del Norte y Asia, cada uno de los cuales están siendo liderados por los tres más poderosos países del mundo: Alemania, Estados Unidos y Japón; e) la formación de alianzas económicas estratégicas entre países y entre empresas, a partir del aprovechamiento de las ventajas comparativas y la complementación productiva; f) la crisis de las ideologías y de los esquemas teóricos que antes se presentaban como alternativas para resolver las consecuencias negativas del desarrollo capitalista, tendencias manifiestas en la desmedida propaganda que trata de imponer al neoliberalismo como la única corriente de pensamiento capaz de explicar los fenómenos de la globalización en curso.
En la competencia entre bloques económicos y nuevas alianzas, la búsqueda de mercados y la aplicación de novedosas tecnologías se constituye en motor de la integración y al mismo tiempo de la dinámica de la división mundial, por la hegemonía en disputa entre los bloques económico-comerciales. Al ser la globalización el fenómeno más importante, se convierte también en el punto de diputa entre países ricos y pobres, y en el interior de los países, por encima de los beneficios y los beneficiarios de esta nueva división mundial del trabajo.

Uno de los fenómenos más importantes de la globalización es la disminución del papel del Estado frente a las grandes corporaciones transnacionales, las cuales concentran decisiones en los ámbitos del empleo, el desarrollo tecnológico, las balanzas comerciales, los flujos de capital, la producción y los niveles de vida de la población. Cabe preguntarse si la forma de solucionar los nuevos problemas entraña métodos más civilizados, o bien cuál será el costo social. Se impone rediscutir las nociones de frontera, migración y nacionalismo, como problemas que se encuentran articulados con el fenómeno de la globalización.

Las fronteras políticas, económicas y culturales

El término frontera fue acuñado pensando en el Estado y tiene una connotación jurídico-política. Se piensa como límite articulador de carácter territorial-convencional y su referente es la soberanía nacional.
 

La frontera es un punto en el cual se encuentran dos soberanías estatales... el espacio fronterizo es una realidad cuya organización puede definirse de un modo general con base en dos instancias: una vertical de carácter jurídico, y otra horizontal que va más allá de la legalidad y traduce las tendencias históricas y las diferencias en el desarrollo de las sociedades nacionales que comparten la misma frontera internacional. El concepto jurídico de frontera se refiere a la línea de delimitación de territorios sometidos a autoridades políticas diferentes. Muchas veces las fronteras entre Estados soberanos no concuerdan con los límites entre áreas naturales o regiones étnicas, aquí el pragmatismo del poder se enfrenta innumerables veces a los intereses de los pueblos, etnias y naciones.
La aparición de regiones económicas y conflictos regionales étnicos obligan a repensar el concepto de frontera. Al considerar aspectos económicos y culturales, resaltan la arbitrariedad de las delimitaciones, de los tratados de carácter político-militar, de la forma de resolver los conflictos en el pasado reciente y no tan reciente. "En los años por venir, los conflictos locales que con mayor probabilidad se conviertan en grandes guerras serán aquellos que se desarrollan a lo largo de las divisiones culturales, como los de Bosnia, el Cáucaso, Kosovo y Chechenia. La próxima guerra mundial, si estalla, será una guerra entre civilizaciones".7 O mejor dicho, cuyo pretexto serán las civilizaciones, o bien acciones cargadas de etnocidio y justificadas como humanitarias; ejemplo de lo anterior es Afganistán.

Quizá sea errónea la apreciación de Huntington, pero los conflictos actuales dentro de los Estados-nación reconocidos —Kosovo, Chechenia, Chiapas, Afganistán— tienen un tinte cultural y étnico que no debe menospreciarse; es más, debe ocupar el lugar de las prioridades en la vida política contemporánea. Medio Oriente y Europa del este sirven de ejemplo. Los principios de raza se encuentran presentes y ocupan parte importante de los múltiples conflictos que se viven hoy día.

Kenichi Ohmse considera que "en el mundo sin fronteras de hoy, éstas constituyen zonas económicas naturales y lo que importa es lo que cada una tiene, en alguna combinación, de los ingredientes claves para una participación exitosa en la economía global".8 Para este autor lo que hoy se presenta como nuevo es la creación de Estados-región, en los cuales "las fronteras son dibujadas por la mano invisible del mercado global para los bienes y servicios".9 

El mercado asume funciones antes restringidas al Estado, en el sentido de orientar y determinar no sólo la reproducción económica sino también la integración regional, donde el principio de competencia y complemento sustituye y lo subordina el interés colectivo. Dicho de otra manera: el interés privado de los capitalistas nacionales y extranjeros se diluye para hacer aparecer lo privado como colectivo o nacional.

Si bien la economía se ha redimensionado y ocupa un lugar importante en la estrategia de los Estados para enfrentar la situación que presenta la globalización, éstos tienen el reto de poner o fijar los límites de las empresas en aspectos tales como empleo, salarios, proyectos de producción de largo plazo y su vinculación con la sociedad del país en el que se insertan.

Los vínculos primarios de los Estados-regiones tienden a producirse por la economía global, y no con las naciones que los albergan. Los Estados-regiones son efectivos puntos de entrada a la economía global porque las características que los definen están permeadas por los requerimientos de esa economía. Los Estados-regiones tienden a tener entre cinco y 20 millones de personas... deben ser lo suficientemente pequeños para que sus ciudadanos compartan ciertos intereses económicos, pero con un tamaño adecuado para justificar la infraestructura —comunicación, transporte, servicios profesionales de calidad— necesaria para participar económicamente a escala global.10 


Podemos desprender dos conclusiones del planteamiento de Kenichi: a) se antepone el principio de competencia al de nación y b) se propone formar un tipo de ciudadano universal de carácter económico, no político. Como se puede ver, se impone el principio de la despolitización de la sociedad, pensando que es posible un mundo feliz al estilo de Aldous Huxley, sin conflictos, sin Estado y sin nación.

¿Qué clase de sociedad ha de prevalecer o surgir?, ¿qué modelo de conflicto y solución?, ¿será un nuevo tipo de hombre y otras fronteras?, ¿acaso será posible la construcción de la aldea global?

Las fronteras en un mundo globalizado tienden a jugar un papel importante en la medida en que obligan a los Estados a replantear el principio de soberanía, considerando para tal efecto la integración y la nueva reglamentación y tratados internacionales que se requieren para su aplicación, pues no se pueden abrir las economías a la competencia y cerrar las fronteras a la migración. Al mismo tiempo se nos presenta el problema de la discriminación y la violencia sobre los migrantes de los países subdesarrollados hacia los desarrollados, de lo cual abundan ejemplos hoy día.

Migración, xenofobia y nomadismo

Los grandes desplazamientos migratorios entre países, la xenofobia y la violencia fragmentaria son tres problemas articulados y contradictorios que pertenecen a los tiempos de cambio y pueden significar un freno a las políticas de integración económica.

A decir de Pietro Prini "el sentido de nuestra época se dirige hacia el hombre nómada, el hombre que va de tierra en tierra, más que hacia el custodio y defensor celoso de los límites territoriales y culturales de la nacionalidad propia".11 El hombre que no tiene patria, el portador de conocimientos fraccionados, especialista de nada, trabajador de todo, expresión máxima del individualismo y apolitisismo que pregona la teoría neoliberal. En cuyo concepto de libertad destaca la posibilidad de trabajar y competir para el goce propio e individual y para incrementar la productividad de la empresa en la cual se ubica.

Contrario a tal afirmación, encontramos que 

de una población total de 320 millones de personas, en la Europa comunitaria se calcula que más de ocho millones, es decir, 2.55 por 100 de la población total, poseen la nacionalidad de tercer país y residen legalmente en los Estados miembros; 86.9 por 100 de los extranjeros no comunitarios residen en Alemania (3 millones, 195 mil), Francia (2 millones, 103 mil) y Gran Bretaña (1 millón, 651 mil extranjeros no residentes), donde representan respectivamente: 5.2, 3.9 y 2.9 por 100 de la población total.12 
En España residen 800 mil extranjeros no comunitarios, equivalentes al 1.6% de la población total, lo cual significa una cifra muy inferior comparada con la enorme migración española dispersa en el mundo.

Esto nos sirve para afirmar que si bien pequeños núcleos de la sociedad universal tienden por diversos motivos —económicos, político, culturales y demás— a emigrar de su lugar de origen, dichas migraciones constituyen aún una minoría que no rebasa ni 5% de la población total. Incluso las grandes migraciones coinciden con las épocas de conflictos bélicos —guerras mundiales y revoluciones—, y son mayores de la región centroeuropea hacia el mundo subdesarrollado y no al revés. El fenómeno contrario es permanente, lento y de carácter eminentemente económico.

A nivel mundial Alemania y Estados Unidos son los países que mayor número de migrantes reciben cada año, por causas diversas, entre las que destacan su grado de desarrollo y su ubicación geográfica respecto de las naciones subdesarrolladas. Al respecto Hans Magnus Enzensberger señala: 

después de la guerra siguieron las migraciones. La cifra de refugiados que entre 1945 y 1950 llegaron provenientes del este a las cuatro zonas de ocupación se estima en 22 millones; a esto se suman hasta hoy casi tres millones, de ascendencia alemana, provenientes de Europa del este y de la Unión Soviética, de la República Democrática Alemana, hasta 1989, cinco millones se pasaron al oeste. A mediados de los años 50 comenzó el reclutamiento sistemático de trabajadores extranjeros, al que se le debe en lo esencial que haya en Alemania más de cinco millones de extranjeros con residencia legal... Curiosamente desde 1955, más de dos millones y medio de alemanes han emigrado, hecho que en la discusión política se pasa por alto.13 
La migración es un componente más de discusión sobre la frontera en su nueva acepción, pero es viejo en la constitución de las sociedades desde el siglo xvi. El problema es ¿cómo enfrentar el fenómeno migratorio en nuevas condiciones?, ¿cómo enfrentar el fenómeno migratorio en un contexto de mundialización de la economía?, ¿bajo qué estatus considerar a los migrantes para evitar problemas de gasto social en un contexto de recortes presupuestarios? Pero al mismo tiempo, hay que enfrentar el problema de falta de mano de obra para labores específicas que no alteren la división del trabajo dentro de las fronteras de los países desarrollados.

Por otro lado es necesario repensar el problema de lo extranjero, de lo extraño, sin llegar a desarrollar actitudes intolerantes que lleguen a fracturar a las sociedades multirracistas, como la norteamericana. Pietro Prini señala que 

el correlato del rechazo de lo nuevo en la depresión que conduce a las diversas formas de aislamiento cultural, social y político es la segunda forma del antinomadismo y es el espíritu de la sociedad cerrada que excluye o tiende a excluir a quien viene de lejos; al extranjero que intenta penetrarla y formar parte de ella... Los recién llegados aparecen como extraños insólitos y amenazantes para la gente del lugar, aun independientemente de los intereses económicos, sociales y políticos amenazados.14
 
 
 
 
 
 
 
 
   
Es el rechazo a lo nuevo, a lo extraño, pero exacerbado por la propaganda política, por la declaración intencionada, por la reivindicación de viejos valores lo que da lugar a la violencia xenofóbica, al nacionalismo extremo. Según Pierre Briancon "la cuestión racial permite todavía hoy definir las ideologías conservadoras como las ideologías liberales".15 Permite también definir al mundo del siglo XX y distinguir el mundo del siglo XXI, el cual tiene todavía que librar la batalla para ganar su derecho a la existencia, si es que considerarnos que el siglo XXI ha de ser la centuria de la tolerancia, de las minorías.

No obstante la premonitoria, catastrófica y pesimista posición de Enzesberger, considera que 

ahora, en lugar de la guerra fría, un nuevo orden internacional nace bajo el signo de la guerra civil... la guerra de todos contra todos... cuyo denominador común es, por un lado, el carácter autista de todos los protagonistas; y por el otro, su incapacidad para distinguir entre la destrucción y la autodestrucción.16


La violencia parece ser hoy el centro de las relaciones entre individuos y naciones.•

*Raúl Rodríguez Guillén (Estado de México, 1955) es profesor-investigador del Departamento de Sociología, de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco; candidato a doctor en ciencia política por la Universidad Nacional Autónoma de México. 
 Notas

1Ryszard Kapuscinski, "El siglo XX ya es pasado", en Semanario Etcétera, 24 de agosto de 1995.

2Eric J. Hobsbawn, "El día después de un siglo", en El Nacional, 19 de septiembre de 1991.

3Jan Patula, "Europa del este y el tercer mundo", en Juan Manuel Sandoval Palacios (comp.), Las fronteras nacionales en el umbral de dos siglos, México, inah/Conaculta, 1992.

4Al respecto se puede consultar el artículo de Samuel Huntington "Choque de civilizaciones", en The New York Times. En el cual destaca que "la civilización es el agrupamiento más alto y la noción más amplia de la identidad que puede tener el hombre para diferenciarse de otras especies... Ahora que ha desaparecido la división ideológica de Europa, ha vuelto a surgir la división cultural de Europa entre el cristianismo occidental, el cristianismo ortodoxo y el islam". 

5"Los avatares del mundo globalizado", en El Financiero, 12 de marzo de 1995.

6Javier Mendoza Guerrero, "Fronteras: regiones cada vez menos transparentes", en Juan Manuel Sandoval Palacios (comp.), op. cit.

7Samuel Huntington, "Choque de civilizaciones", op. cit.

8Kenichi Ohmse, "Del Estado-nación al Estado-región", en

Semanario Etcétera, diciembre de 1993.

 9Ibidem.

10Ibidem.

11Pietro Prini, "Ciudadanía y cosmopolitismo", en Semanario Etcétera, 9 de diciembre de 1993.

12María del Carmen Férnandez, "La migración en la Comunidad Económica Europea", en Juan Manuel Sandoval Palacios (comp.), op. cit.

13Hans Magnus Enzesberger, "La gran migración", en El Nacional, 24 de septiembre de 1992.

14Pietro Prini, op. cit.

15Pierre Briancon, "La fragmentación de la sociedad norteamericana", en Vuelta, núm. 196, marzo de 1993.

16Hans Magnus Enzesberger, "Todos somos la guerra civil", en Nexos, septiembre de 1993.

Hemerobibliografía

Jacques Attali, Milenio, Barcelona, Seix-Barral, 1991.

Pierre Briancon, "La fragmentación de la sociedad norteamericana", en Vuelta, núm. 196, marzo de 1993.

Daniel Bell, "El porvenir de Europa: después del año 2000", en Vuelta, núm. 211, junio de 1994.

Hans Magnus Enzesberger, Civils Wars: From Los Angeles to Bosnia, Nueva York, The New Press, 1994.

, "Todos somos la guerra civil", en Nexos, septiembre de 1993.

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Francois Furet, "Las preguntas que nos dejó la urss", en Vuelta, num. 202, octubre de 1993.

Eric J Hobsbawm, "El día después del fin de un siglo", en El Nacional, 19 de septiembre de 1991.

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Pietro Prini, "Ciudadanía y cosmopolitismo", en Semanario Etcétera, 9 de diciembre de 1993.

Julia Kristeva, Extranjeros para nosotros mismos, Barcelona, Plaza & Janes, 1991.

Ryszard Kapuscinski, "El siglo XX ya es pasado", en Semanario Etcétera, 24 de agosto de 1995.

Kenichi Ohmse, "Del Estado-nación al Estado-región", en Semanario Etcétera, 9 de diciembre de 1993.

Juan Manuel Sandoval Palacios (comp.), Las fronteras nacionales en el umbral de dos siglos, México, INAH/Conaculta, 1992.  •