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El
sentir se diluye en la contemplación.
G. W. F. Hegel: Eleusis (1796)
La propuesta icónica de Fernando García
Correa (México, D. F., 1958) embona a la perfección con la
afirmación hegeliana. Pues sí, el diálogo que se establece
entre sus obras y quienes las observan atraviesa los territorios de la
emoción hasta diluirse en esa suerte de trance que es la visión
desinteresada del mundo y sus tentaciones. Pintura y dibujo que exhalan
e inspiran sosiego, tranquilidad y paz, danle entonces la espalda a la
realidad y sus fantasmas para desplazarse en escenarios tersos propios
de lo simbólico y lo imaginario. Éstos también son
reales pero su materia, aunque evidente y táctil, es de otra naturaleza:
de segundo grado, creada por el artista para saciar nuestros deseos y mitigar
nuestras ansias. Depuración estilística que encuentra en
las cadencias del trazo y la composición su razón de ser:
ritmos visuales que nos hacen pensar en notaciones musicales, justo en
armonías ópticas. Triunfo de una gestualidad reducida al
mínimo y que, quizá por ello mismo, potencia sus efectos
al modo en que una mancha avanza sin que nada ni nadie la contenga o confine,
como si supiera —la mácula, el arte— que en el desbordarse, en la
expansión cromática, reposa su intención y, sobre
todo, su redención. |
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| Abstracción acotada, sutil, que formula nuevas y originales
vías de aprehensión y percepción de los fenómenos
y las representaciones. Tramas que esperan ser descubiertas en la complicidad
del testigo que las vivifica al observarlas. Cada una de ellas reclama
su dosis de imaginación comprensiva, el empeño del sujeto
que atisba por dotar de sentido a las superficies y los soportes que se
le ofrecen al paladar de los ojos. Equilibrios capaces de evadir la rigidez
geométrica o el trampantojo cinético, y que están
allí en espera de suscitar emociones, de incitar el ánimo,
con el esmero propio de la inteligencia y el buen gusto. Belleza que emerge
desde su propio abismo, que asciende en busca de luz y aire desde lo profundo
de su concepción: el placer de la certeza.• |
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