A las puertas del mar, he tocado
Ariana Juárez
He visto el mar.
He conocido
una forma indudable
de la felicidad.
Juan Domingo Argüelles
La forma perfecta es el contenido puro. Juan Domingo Argüelles así lo entiende y lo refleja en su último libro Aguas del relámpago, que ha sido publicado para celebrar el primer centenario de la fundación de la ciudad de Chetumal, donde el poeta nació por el año de 1958. El volumen contiene parte de su obra realizada durante 15 años, pero se integran únicamente los poemas dedicados al mar natal; un intento por recuperar el paraíso perdido de la infancia, un canto desde la nostalgia.
Cuando recibió el Premio de Poesía Aguascalientes en l995, Juan Domingo Argüelles comentó en una entrevista para la prensa que su intención no es hacer poesía laberíntica que ahuyente a los posibles lectores, pues considera que la poesía mexicana en muchos casos se ha ido por la cuestión críptica, con oscuridades deliberadas, en un afán de sorprender más que de encontrar una comunicación con el lector. En distintas oportunidades el poeta ha dicho que sin la emoción, la poesía es una red vacía, un ejercicio estéril. Enemigo del facilismo y la incoherencia, su obra es producto de experiencias personales, pues finalmente el poeta es su circunstancia.
En Aguas del relámpago, al ser una recopilación a lo largo de los años, podemos ver la evolución del poeta. Las afirmaciones van creciendo junto con las imágenes. Las certidumbres se convierten en certezas.
"Territorios de ayer", primera parte del libro, contiene principalmente rumores de agua, instantes junto al mar. Conforme avanza el lector se acerca al canto de amor, a la tierra de origen en la parte titulada "Retorno al mar natal". Los últimos poemas constituyen lo más reciente de la obra, que no ha sido incluido en otros libros."Como confesión podría definirse todo arte; la biografía de un poeta está en sus libros más auténticos", refirió Juan Domingo Argüelles cuando escribió el prólogo a otro de sus libros, "la mejor forma de llegar es despojado de formas, y entrar de lleno a la experiencia".
La poesía no se explica pero se puede compartir, desde las primeras páginas, el libro comparte sensaciones, las palabras se hacen agua lista para beber o empaparnos. El poeta es sólo su experiencia y su circunstancia. El canto al mar natal evoca la infancia, los poemas se despojan de adornos, como una mujer de sus ropas, y muestran de un solo golpe toda su luz. El ritmo nos lleva entre las letras, nos obliga a no detenernos, a abrir los ojos. Ansiamos ver más, como el niño al que llevan por primera vez a la playa y lo retiran temprano para regresar a la ciudad.
Adentrarnos en el libro por un rumor que de a poco se vuelve oleaje. La mayor parte de los lectores nacieron probablemente lejos del mar, pero todos los que alguna vez hemos estado frente a él podremos compartir la nostalgia. Basta de palabras. No hay mejor recomendación que la obra misma.
Aguas del relámpago fue editado por la Universidad de Quintana Roo y el Instituto Quintanarroense de Cultura, con motivo del primer centenario de la ciudad de Chetumal (1898-1998). Contiene el trabajo de tres lustros y de una decena de libros: la Yo no creo en la muerte (1982), Poemas de invierno (1983), Merecimiento del alba (1987), Como el mar que regresa (1990), Canciones de la luz y la tiniebla (1991), Cruz y ficciones (1992), Agua bajo los puentes (1993), A la salud de los enfermos (1995), Animales sin fábula (1996) y Piedra maestra (1997). Juan Domingo Argüelles ha recibido diversos reconocimientos por su obra como son el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta (1987), el Premio de Ensayo Ramón López Velarde (1988), el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen (1992) y el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1995); además, colabora semanalmente en los diarios El Universal y El Financiero.©
Juan Domingo Argüelles, Aguas del relámpago, Quintana Roo/Instituto Quintanoarrense de Cultura, 1998
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Elaboración: Manuel Hernández Rosales