Semanario de la UAM
26 09 2011
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En ese español tan suyo, tan sua-
ve, marcado por la diversidad de
latitudes que ha pisado, Gui Bon-
siepe dice que llegó al diseño “por
casualidad” y defende su convic-
ción de que éste debe atender las
necesidades de la mayoría de la
población, de darle un carácter
ecológico e inclusivo y enfatiza su
opinión de que “el diseño no es
arte ni es tampoco una ciencia”.
Nació en Alemania en 1934,
estudió y posteriormente fue
profesor en la Escuela Superior
de Proyectación (HfG, por sus
siglas en alemán) o Escuela de
Ulm, que es considerada como
una progresión de la
Bauhaus
,
y prácticamente ha radicado en
Latinoamérica desde su llegada a
Argentina, en 1966, y a Chile, en
1968. Hoy pasa su tiempo princi-
palmente entre Estados Unidos y
Brasil, es un ciudadano del mun-
do, uno de los proyectistas más
infuyentes en el desarrollo del
diseño industrial de esta región,
y el mundo es una de sus grandes
preocupaciones y ocupaciones.
Sobre su “fructífera relación”
establecida con Latinoamérica,
Bonsiepe se alegra y celebra:
“Vine y descubrí otra realidad”,
un contexto tecnológico, cultural
e incluso climáticamente diferen-
te. “Vi la necesidad de defnir
los contornos de lo que hace un
diseñador en los países llamados
periféricos en oposición a lo que
se hace en un país central suma-
mente industrializado”.
“Creo que es uno de mis mé-
ritos el haber aportado a defnir
este especial enfoque y de los
problemas que el diseñador en
la periferia tiene que enfrentar”
en condiciones industriales y tec-
nológicas tan disímiles, y donde
las diferencias sociales son muy
marcadas y por tanto había que
atender necesidades primarias
como alimentación, salud, vi-
vienda, trabajo y educación.
Opina que el diseño industrial
latinoamericano ha cambiado
cualitativamente en los últimos
40 años y destaca como ejemplo
la consolidación de esta disciplina
en las universidades al dejar de ser
concebida sólo como un ofcio.
Advierte además que “hoy, frente
a la complejidad de las temáticas
a las que nos enfrentamos es im-
posible prescindir de la estrecha
relación con las ciencias; en ese
sentido, afrma que la enseñanza,
“debe cambiar hacia otro paradig-
ma, uno orientado a la solución
de problemas y no basada en la
transmisión de conocimientos”.
“Existe el diseño de lujo, pero,
como es exclusivo, no me intere-
sa; si acaso, como fenómeno. No
me involucraría, por ejemplo, con
el diseño de un celular decorado
con diamantes”, dice divertido el
investigador, quien recientemen-
te publicó en Alemania, Suiza y
Brasil el libro
Diseño y crisis,
de
próxima aparición en español.
Hombre de sonrisa franca,
comparte también sus refexiones
y preocupaciones sobre temas
como el consumismo y “la situa-
ción crítica”, por la que no sólo
México, sino otras regiones del
mundo igualmente transitan. Se
refere a lo que llama “la locura del
consumismo”: se ha calculado que
si toda la gente tuviera el mismo
estatus de vida que los estaduni-
denses “necesitaríamos tres plane-
tas como la Tierra”, por lo tanto el
modelo “no funciona”. “Llegamos
al fnal de un ciclo de industrializa-
ción que no tiene más salida, por
lo que es necesario inventar otras
formas de consumo basadas en un
uso más comunitario y menos in-
dividualista de los recursos”.
Refexiona y apunta que no
sólo México vive una situación
crítica; en otras regiones del
mundo también se viven profun-
dos confictos sociales y contra-
dicciones, pero que nunca se ha-
bían manifestado en una forma
tan violenta, y eso ha llevado a la
gente a sentirse insegura e inclu-
so deprimida frente al futuro.
“Debemos, por lo tanto, tener
esperanza, buscar, comunitaria-
mente, los espacios donde se
pueden consolidar los derechos
cívicos, y no permitirnos un es-
tado de resignación que nos im-
pida concebir proyectos, pues
“nada más opuesto a la esencia y
la actitud de un diseñador”.
Gui Bonsiepe aboga por el carácter social del diseño.
Foto: Alejandro Juárez Gallardo.
Una mañana con Gui Bonsiepe