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Semanario de la UAM
14 11 2011
5
“No concibo ningún
país, menos uno
como México, sin una
educación superior
pública de calidad”
se nos ubique en ventanillas espe-
cífcas, por ejemplo, para gestionar
recursos, cuando las universidades
autónomas, por ley, tendrían que
hacer la gestión de recursos ante
Hacienda, y, más precisamente,
ante la Cámara de Diputados.
Quizá por la necesidad de contar
con recursos, las universidades per-
dieron de vista que los condiciona-
mientos que se hacen para la entrega
de recursos extraordinarios como el
Programa Integral de Fortalecimien-
to Institucional (PIFI) y el Programa
de Mejoramiento del Profesorado
(PROMEP) son una violación a la
autonomía de la universidad.
Sabemos que las crisis econó-
micas han obstaculizado que las
universidades públicas cumplan
cabalmente con su función de ge-
nerar movilidad social, pero no
concibo ningún país —menos uno
como México— sin una educación
superior pública de calidad; capaz
de formar cuadros y escenarios
importantes para el desarrollo; ge-
neradora de esta movilidad social
que, si bien se difculta, no se con-
cibe sin la universidad pública.
El riesgo de socavar a las insti-
tuciones autónomas democráticas
en la vida pública siempre existe.
¿Cómo se puede ver el futuro a
partir de esta cada vez más vehe-
mente intención de intervenir en la
vida universitaria?
Sin una discusión seria del pa-
pel que deben adoptar las institu-
ciones públicas, particularmente
las universidades autónomas por
ley en el desarrollo del país, sólo se
propicia una grave cadena de erro-
res y decisiones mal informadas;
muy costosas, en consecuencia:
al grado que podrían cancelar la
viabilidad de nuestro futuro como
nación.
En lo que respecta a las presio-
nes presupuestales, nuestra uni-
versidad arrastró varios años una
serie de amparos y recursos legales
contra una serie de demandas de
la Administradora Central de Fisca-
lización al Sector Gobierno, quien
reclamó el pago de diversos crédi-
tos fscales correspondientes a los
ejercicios de 2002-2004. La reso-
lución nos fue desfavorable. Esto
afectó nuestro presupuesto anual,
el de 2011, en una amplia propor-
ción. Sin embargo, logramos nego-
ciar cualquier pago adicional a ese
respecto. En lo sucesivo, la univer-
sidad queda liberada de todo cargo
por ese concepto.
La UAM, así, tiene hoy una ma-
yor capacidad para cumplir su vo-
cación: la formación de gente com-
petente con capacidad crítica y
profesionales de primer nivel para
hacer investigación de calidad que
contribuya efectivamente a la solu-
ción de los problemas nacionales,
defnidos éstos por la misma uni-
versidad, en contacto con la socie-
dad, y no por contrato con ningún
organismo, y con independencia
del Ejecutivo Federal.
Es en las universidades donde
es más fácil salvaguardar la capa-
cidad crítica; en la UAM tenemos
formas de gobierno, de discusión
parlamentaria, que hacen que to-
das las voces se escuchen. En las
universidades, la crítica se da de
manera natural y, precisamen-
te, por esa capacidad de nuestra
comunidad se levantan muchas
voces, unas en favor y otras en
contra, que nos llevan a tomar las
mejores decisiones como institu-
ción; las mejores para la mayoría,
y cumplir así con la responsabili-
dad democrática.
De origen, la UAM se distinguió
por ser una comunidad crítica que
empuja a la discusión y que se nie-
ga rotundamente a aceptar aquello
que no considera justo. Muchas
veces no nos es fácil llegar a un
acuerdo. Pero debemos sentirnos
orgullosos de que a partir de la
discusión y el diálogo inteligente y
respetuoso, nuestra Casa abierta al
tiempo ha llegado a ser una de las
instituciones educativas más des-
tacadas del país. Demostrémoslo
así siempre.
Dr. Enrique Fernández Fassnacht
Rector General