Semanario de la UAM
09 01 2012
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permite determinar su ubicación y
un sistema satelital GPS, que recibe
una señal vía satélite en un servi-
dor donde un equipo de especialis-
tas los sigue de tiempo completo,
explicó el investigador.
Con lo anterior, dijo, se culmi-
na la etapa de gestión y se inicia
la de conservación biológica, que
debe realizarse en los sitios donde
la especie existió, lo que obliga a
conservar el bosque como una
unidad integral porque “para que
haya lobo tienen que existir a la
vez buenas densidades de árboles,
de arbustos, de pastos, así como de
venados y presas como jabalíes,
conejos, roedores”, que sirvan para
su alimentación.
Se trata de una “especie som-
brilla” porque protege un ecosis-
tema, y de una especie clave no
sólo para la naturaleza sino para
la adquisición directa de benefi-
cios directos a los pobladores lo-
cales, lo que significa un enorme
paso de la conservación tradicio-
nal, sostuvo el investigador, quien
añadió que es también un ejemplo
que se puede replicarse a otras
especies en peligro de extinción y
de depredadores como el jaguar,
el puma y el oso.
“Contamos ya con las rutas crí-
ticas para dar solución a los po-
bladores locales y a los animales
silvestres”, afirmó.
Al referirse finalmente a la
participación de la UAM en este
programa señaló que ha sido tras-
cendental a través de aportes cien-
tíficos en el ámbito de la ecología,
pero también se ha convertido en
líder del programa al establecer
adecuada comunicación con las
instancias gubernamentales del
país y de Estados Unidos y “bus-
car las coincidencias” para hacer
una buena gestión y construir una
red amplia de investigación a nivel
local e internacional.
ral de Vida Silvestre en el año 2000,
donde se reconoce el compromiso
de los propios tenedores de la tierra
para conservar, manejar y aprove-
char la fauna silvestre.
Uso de la tecnología
Desde el punto de vista técnico
y científico, agregó, “estábamos
preparados para iniciar la libera-
ción desde hace unos ocho años;
sin embargo no teníamos la prepa-
ración legal ni la política pública”
que lo posibilitara; hoy la política
ambiental ha permitido construir
acuerdos de negociación de “ga-
nar ganar” con las comunidades
locales, de manera que a partir
del programa éstas también fueran
receptoras de apoyos económicos
para hacer mejor uso de sus recur-
sos naturales.
A partir de un trabajo comple-
mentario entre diversas instituciones
desde 2008 se realizaron estudios
en el norte de México (Nuevo León,
Coahuila, Zacatecas, Chihuahua y
Sonora) para elegir las áreas ade-
cuadas desde el punto de vista eco-
lógico, social y económico para ini-
ciar la liberación y se eligió el Área
Natural Protegida de Ajos Bavispe,
donde fueron puestos en libertad
cinco lobos, de los aproximada-
mente 300 que se han reproducido
en cautiverio en México.
Los ejemplares salieron a la vida
silvestre con un radiocollar que
Se contempla la
liberación paulatina
de más individuos, por
lo menos durante los
próximos 50 años
Las etapas del programa
Al explicar las diferentes etapas
del programa encaminadas a lograr
la conservación del mamífero, se-
ñaló que en un primer momento se
buscó impedir su exterminio, ya que
durante prácticamente todo el siglo
XX y debido a prejuicios sobre su
conducta se le acosó hasta casi des-
aparecerlo, efecto que a diferencia
de lo ocurrido en Estados Unidos,
en México no sucedió.
En una segunda etapa, desarro-
llada desde mediados de los años
1970 se procuró su protección y
en la década de 1990 inició una
tercera etapa dirigida a la gestión,
que implicó alinear en el mismo ob-
jetivo a instituciones del gobierno
estadounidense como la Fish and
Wildlife Service; mexicanas, como
la Secretaría de Medio Ambiente y
Recursos Naturales, organizaciones
no gubernamentales orientadas a la
protección de la vida silvestre, insti-
tuciones de investigación como las
universidades, así como a los pro-
pietarios legales de la tierra.
Lo anterior “fue muy importante”,
ya que reintroducir una especie tan
“carismática y conflictiva” como el
lobo mexicano no sólo depende de
la buena voluntad de los conserva-
cionistas, sino de una legislación y
políticas ambientales que lo permi-
tan y “hoy México cuenta con ellas”,
señaló el investigador, quien añadió
que un factor clave para el programa
fue la publicación de la Ley Gene-
Los ejemplares salieron a la vida silvestre con un radiocollar que permite determinar su
ubicación.