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Semanario de la UAM
19 03 2012
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Manuel de Jesús Limonta Vidal y Enrique Fernández Fassnacht, luego de que fuera colocada la fotografía en la Galería de Doctores
Honoris
Causa
de la UAM, ubicada en el Auditorio Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez de la Rectoría General.
Foto: Alejandro Juárez Gallardo.
Una constante en la vida del Doctor
Honoris Causa
por la UAM ha sido la preocupación –como per-
sona y científico– por el bienestar de otros seres
humanos.
El eminente científico destacado en biotecnolo-
gía y su aplicación en el diagnóstico, prevención y
tratamiento de afecciones humanas y agropecuarias
compartió con humildad que “me siento inseguro
de merecer” la distinción otorgada por esta casa
de estudios pues “estoy convencido de que debo
esforzarme y aportar mucho más”.
Desde el momento en que abre la puerta de su
departamento ubicado en el sur de la ciudad de
México, el doctor Limonta Vidal se muestra alegre,
cordial, atento y, como buen cubano, muy dispues-
to a platicar.
Agradecido con la UAM y también con “todo el
pueblo de México, país que en la vida y en la men-
te de los cubanos es de una significación extraor-
dinaria”, comenta que desde muy pequeño quiso
ser médico “inspirado por todo lo que significaba
desempeñar esa profesión en Cuba y por el recono-
cimiento de los demás a este quehacer”.
Al provenir de una familia de médicos, esta vo-
cación le ha acompañado siempre y aunque estuvo
a punto de dedicar sus esfuerzos al deporte, activi-
dad en la que también sobresalió, fue más fuerte
su inclinación por la medicina, a la que se dedicó
con esmero obteniendo el Doctorado en Ciencias
Médicas por la Universidad de La Habana.
Además realizó trabajo de servicio social duran-
te dos años en países de África, convirtiéndose en
uno de los hematólogos e inmunólogos más reco-
nocidos dentro y fuera de Cuba.
El incuestionable prestigio que adquirió en su
campo de especialidad le mereció amplio recono-
cimiento cuando al inicio de la década de 1980 le
fue encomendada la tarea de conformar un grupo
de investigadores cuyo trabajo científico daría ori-
gen al Centro de Ingeniería Genética y Biotecnolo-
gía de Cuba.
En ese Centro se produjeron diferentes produc-
tos recombinantes como el interferón leucocitario
humano natural y el interferón humano recombi-
nante, considerado el primer producto de la bio-
tecnología cubana.
El director de la región para América y el Cari-
be del Consejo Internacional para la Ciencia –con
sede en México– destaca que el desarrollo del in-
terferón representó uno de los momentos más im-
portantes de su carrera científica.
“Como hematólogo tuve la oportunidad de tra-
bajar en la creación de ese nuevo producto –indica-
do en la terapéutica de problemas inmunológicos,
enfermedades virales y también como complemen-
to en el tratamiento del cáncer– que se obtiene de
los glóbulos blancos de la sangre”.
Ese esfuerzo sin precedente en el quehacer de
las ciencias y la investigación en Cuba permitió la
integración de un grupo de estudiosos “dirigido ex-
clusivamente a obtener ese medicamento, objetivo
que logramos en el tiempo récord de no más de
cuatro meses”.
Otro resultado importante de la labor de ese
equipo de científicos fue la conformación de una
masa crítica de investigadores “que ha logrado
establecer una industria muy competitiva a nivel
mundial”.
Antes de acomodarse cuello y mancuernillas y
disponerse a la fotografía que sería colocada en la
Galería de Doctores
Honoris Causa
de la UAM, en
la Rectoría General, el doctor Limonta Vidal agra-
deció nuevamente a México, “de una historia larga,
profunda y esforzada y generador de instituciones
universitarias y de investigadores de gran nivel que
han contribuido a la ciencia mundial”.
Preocupación por el bienestar de otros