Semanario de la UAM
02 07 2012
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Productor-distribuidor
México ocupa el tercer lugar en producción mundial de heroína, es
vía de tránsito en la distribución de cocaína y generador potencial
de metanfetaminas y marihuana. Este escenario incrementa el riesgo
de consumo y disponibilidad de enervantes, pero no es determinan-
te, expresó la doctora María Elena Medina-Mora Icaza, directora del
Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.
En una exposición en la Unidad Iztapalapa dijo que el verda-
dero peligro de iniciar y desarrollar dependencia está en ciertas
causas biológicas: sensibilidad a los efectos de la droga, el sexo y
la comorbilidad; genéticas, con 50 por ciento de la predisposición,
y ambientales, es decir, la exposición a las drogas y vicisitudes du-
rante la infancia.
Otras motivaciones son de índole psicosocial, por ejemplo po-
breza, iniquidad, desempleo y escasas posibilidades de educación,
así como violencia en los entornos familiar o escolar, padecimien-
tos mentales no tratados y estrés, entre otros factores personales.
La 5ta. Encuesta Nacional de Adicciones realizada a 52,000 perso-
nas refiere que el promedio de iniciación es de 12 años de edad y la
dependencia a las drogas se manifiesta a los 17, rangos en los que se
ubican los consumidores potenciales pues sólo diez por ciento de quie-
nes comienzan después de los 17 años desarrollarán dependencia.
Para este último grupo la cocaína es la de mayor preferencia,
seguida de estupefacientes inhalables y la marihuana.
Entre 18 y 34 años se encuentra el segundo estrato de consumi-
dores, con predicción por los inhalables, la cocaína y la marihuana;
un tercer segmento oscila entre 35 y 65 años, los cuales se inclinan
por la marihuana, la cocaína y los inhalables.
Los programas de prevención deben enfocarse en evitar el con-
sumo de drogas antes de la adolescencia, enfatizando las emocio-
nes y no la cognición debido a que el cerebro desarrolla primero
la parte emotiva.
También son necesarias campañas educativas para mejorar la
detección oportuna por parte de los padres de familia y maestros,
así como para estrechar el vínculo entre los sectores de salud y
educación.
Los programas deben buscar mecanismos para llevar los servicios a
las escuelas, con el propósito de disminuir barreras en la familia, pues
aquellas con más necesidades de atención son las menos dispuestas a
buscar y aplicar un plan de tratamiento.
/ Verónica Ordóñez Hernández
En la Unidad Azcapotzalco, la
psicóloga María Eugenia Castilla
Platonoff, adscrita al Centro de
Integración Juvenil de la demar-
cación homónima, opinó que los
jóvenes universitarios tienden a
negar el consumo abusivo o la
adicción a alguna droga, incluidos
el cigarro y el alcohol, debido al
estatus educativo que han alcan-
zado. “Sienten no pertenecer a
ese tipo de personas: ´no soy un
borracho, soy un estudiante´”.
Aunque las responsabilida-
des de estar inscrito en el nivel
licenciatura y el ambiente mis-
mo en que se desempeña un
universitario lo protegen de las
adicciones, no se descarta que
al igual que el resto de la pobla-
ción busque ayuda para dejar
de consumir alcohol o tabaco
cuando ya exista algún daño
físico importante, lo cual suele
ocurrir después de los 40 años,
observó la especialista, quien
dictó la plática
Programa para
bebedores fuertes
.
Margarita Pompa Alarcón, jefa
de la Sección de Orientación
Educativa y Servicios Psicope-
dagógicos de la citada Unidad,
mencionó entre las causas del
uso de drogas por parte de los jó-
venes la desintegración familiar,
la precariedad socioeconómica y
la condición de hijo abandonado
emocionalmente.
Ambas entrevistadas coinci-
dieron en señalar que en los últi-
mos años el consumo de drogas
se ha incrementado entre jóve-
nes y adolescentes, ante lo cual
proponen la promoción de una
cultura de información, educa-
ción y prevención, antes que de
prohibición.
Universitarios-negación
do de desarrollar actividades será
necesario buscar ayuda, pues “no
hay que naturalizar la situación sino
atenderla”, señaló el especialista.
El psicólogo Víctor Polo, orien-
tador profesional de la Unidad Xo-
chimilco, compartió hallazgos de
su práctica de apoyo psicológico a
estudiantes, algunos de los cuales
“provienen de familias sobrepro-
tectoras con una dinámica code-
pendiente, conducta que los jóve-
nes han reproducido entre amigos
y en sus relaciones amorosas”.
Por ello les recomendó ser au-
tónomos, apropiarse de sus ideas y
proyectos, iniciar procesos de pro-
ducción como sujetos y asumirse
como personas diferenciadas en
sus relaciones.
El doctor Luis Berruecos, investi-
gador del Departamento de Relacio-
nes Sociales, apuntó que el alcohol
tiene un uso muy extendido y acep-
tado culturalmente: “permea en to-
das las relaciones sociales; no hay
celebración, negocio, convenio, fies-
ta o rito en el que no esté presente”.
En trabajos antropológicos ha
identificado unas 140 bebidas al-
cohólicas que se elaboran y con-
sumen en comunidades indígenas
en festividades y ceremonias; en
algunos casos la ingesta alcanza ni-
veles tan elevados que se convierte
en un problema grave.
El doctor Berruecos recomendó
conocer las características antropoló-
gicas del consumo para diseñar pro-
gramas de prevención. Los expertos
coincidieron en que la problemática
sea abordada con más investigación,
rehabilitación y educación.