Encabezado
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Número 313

23 de junio de 2021

LA INDAGACIÓN DE FEMINICIDIOS CARECE DE PROTOCOLOS PARA GARANTIZAR JUSTICIA EXPEDITA

*Prevalecen corrupción e integración deficiente de carpetas por las instancias persecutoras

 

*La UAM realizó Coloquio sobre desaparición forzada y feminicidio: violencias, crímenes y resistencias


La integración deficiente de las carpetas de investigación de feminicidios impide el acceso a una justicia pronta para castigar a los culpables, además de que prevalece la corrupción en los ministerios públicos, señalaron expertos en el Coloquio internacional: Desaparición forzada y feminicidio: violencias, crímenes y resistencias, organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

Muchos de los victimarios han vivido en condiciones de pobreza, abandono y agresión desde muy jóvenes en los entornos familiar y social, influenciados por la que ejerce el Estado, enfatizaron los participantes en la tercera sesión del encuentro.

 

La doctora Karina García Reyes, especialista del Departamento de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Bristol, en Gran Bretaña, afirmó que el discurso de los gobiernos de México y Estados Unidos respecto del narcotráfico –“nosotros los buenos y ustedes los malos”– invisibiliza la violencia de Estado –que es tan dañina como la de los presuntos delincuentes– y evidencia la incompetencia de las estrategias oficiales.

 

La influencia criminal de los carteles y las bandas organizadas ocasiona que miles de jóvenes estén dispuestos a morir por ese tipo de actividades ilegales, lo cual resulta grave debido al escaso valor otorgado a la vida y a que eso contribuye a la comisión de secuestros, asesinatos y feminicidios.

 

En cuatro meses de indagación en un centro de readaptación de Coahuila, García Reyes recolectó las historias de 33 ex narcotraficantes –desde la niñez y la adolescencia, abarcando los planos personal y social para conocer el contexto previo a su rol delincuencial– algunos de los cuales declararon que no querían estar en ese lugar ni tener una vida de tal naturaleza.

 

Del análisis para identificar lo que repiten en sus narrativas encontró que las limitaciones económicas los condujo a asumir que fallecerían a manos de policías o delincuentes, aunque algunos admitieron que “siempre quisieron ser pandilleros o que desde que tuvieron conciencia no tenían ganas de vivir, lo que habla de verse sin futuro, con una existencia desechable sin nada que perder”.

 

En cuanto al género, en su entorno escuchaban que son “hombres de verdad”, por lo que la violencia se aprende en la familia y entre los más cercanos, al percibir a las mujeres como inferiores por ser consideradas más débiles física y emocionalmente, así como inocentes.

 

“La violencia doméstica es parte de la formación de los adolescentes, como en las pandillas, donde existe la de carácter sexual y en algún momento, miles de niños sopesan el suicidio como una salida, catalogada como necesaria para sobrevivir en contextos de pobreza.

 

“Las agresiones del narcotráfico son la punta del iceberg, pero en el fondo se encuentran el vandalismo, las adicciones, el consumismo, el vivir el presente, la visión fatalista y el crimen sexual, por lo que resulta lamentable la ausencia del Estado para evitar que niños y niñas sufran abusos y maltrato”.

 

Muy pocos entrevistados declararon sentir remordimiento, pues existe un ethos individualista extremo, es decir, “no les interesa la sociedad y ven sólo su persona. Muchos de los jóvenes en el centro de rehabilitación estuvieron en la cárcel y su llegada y permanencia se debió a que no tenían otro lugar donde quedarse”.

 

Ana Luisa Garduño, activista social cuya hija –Ana Karen, de 17 años, se convirtió en una víctima más de feminicidio en noviembre de 2012, seis meses después de haber terminado un noviazgo– relató que por años “nos enfrentamos a la corrupción de autoridades, que piden dinero para todo y se han atrevido a decirme: ‘usted mejor vaya a llorar a su casa’, una revictimización que te deja impotente y afecta a toda la familia”.

 

El estado de Morelos sigue siendo muy peligroso para las mujeres y las autoridades han maquillado las cifras, así que “para continuar la lucha ahora estudio una maestría en derecho y seguiré pugnando para evitar que otras personas enfrenten los mismos problemas; cuando sea yo quien las defienda biuscaré que el victimario sea sentenciado”.

 

Fabiola Pensado, oriunda de Jalapa, Veracruz, plantea el rescate de la memoria individual de las víctimas y reconoció que el Estado contribuye a las desapariciones, al dilatar las investigaciones, no contar con una base de datos biométrica confiable que permita la identificación de las fallecidas y evite que los cadáveres sean enviados a la fosa común, sin el conocimiento de sus seres queridos.