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Número 341

8 de agosto de 2019

COMUNIDAD EDUCATIVA Y EQUIDAD,
UNA PROPUESTA HUMANIZADORA DE ACADÉMICO DE LA UAM

*El libro Comunidad educativa y equidad fue presentado en la Unidad Xochimilco de la UAM

 

La propuesta de abrir caminos para potenciar la capacidad de una comunidad educativa con el fin de generar armonía y equidad plantea el doctor Antonio Paoli Bolio, profesor del Departamento de Educación y Comunicación de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en su libro Comunidad educativa y equidad.

 

Esta publicación busca acercar a la denominada comunidad educativa mediante un proceso de trabajo de solidaridad y equidad que favorece su integración, no sólo dentro del salón de clase, sino con las familias, como una forma más de dar continuidad al Programa Jugar y Vivir los Valores y Jugar y Vivir Ciencia y Valores, creado en lengua maya-tzeltal en 1998 por el propio Paoli.

 

El investigador del Departamento de Educación y Comunicación explicó que este programa cuenta con 700 puntos didácticos desarrollados a partir de la canción, el diálogo, el baile, el dibujo, la correlación y la transversalidad disciplinar para abordar las matemáticas, la biología y las ciencias sociales, entre otras disciplinas, en condiciones equitativas y posicionando a la escuela como el núcleo donde se edifica la cohesión social que reconoce el valor de su sociedad, pueblo y comunidad.

 

Durante la presentación de esta obra, en la Unidad Xochimilco, la doctora Sara Makowski Muchnik, docente del Departamento de Educación y Comunicación de esa sede académica, sostuvo que el concepto que Paoli Bolio maneja sobre la equidad no se refiere “sólo al que conocemos sobre lucha de géneros, sino al que parte de la empatía para promover la dignidad de todas y todos; orienta a la colectividad hacia la reflexión y la realización de prácticas solidarias con cada uno de los miembros y sus entornos, con respeto y reconociendo la diferencia como parte de un todo.

 

El texto continúa con una inagotable vocación germinal que sigue dando múltiples frutos y que “nos abre la puerta, nos lleva de la mano, nos sienta en el aula y nos pone a vivir y a jugar en la comunidad educativa”, la cual no existe sin actores capaces de crear nuevas formas de estar juntos, de habitar creativamente las lenguas y, por ende, de renombrar el mundo.

 

La doctora en Ciencias Antropológicas por la Unidad Iztapalapa se refirió a dos metáforas para explicar el concepto de comunidad educativa de Paoli Bolio, la primera como una suerte de laboratorio filosófico, donde se ensaya una potente ontología del sujeto cuyo código genético combina la agencia, la creatividad y la asertividad de maestros, niños, niñas y familias.

 

“Esta ontología dinámica, propositiva y plástica es el resultado de una máquina deseante que procesa las pasiones para troquelar afectos, solidaridad y responsabilidad por el otro y aprecio mutuo, y lo que aceita este engranaje socio-educativo es el deseo de aprender del otro, reconocerse en él y ser afectado por la diferencia”.

 

La segunda metáfora es la de un telar en el que se traman narrativas, símbolos y sueños que habilitan otros trayectos comunitarios y biográficos, y en el que la música, la danza, la poesía y los dibujos alimentan ese tejido colectivo de reconocimiento mutuo, de respeto a la comunidad y de valoración a las herencias simbólicas de las familias.

 

Además se tejen vínculos y lazos sociales, la escuela se conecta con las familias: los maestros aprenden de los abuelos, los niños y niñas enseñan a sus padres, es decir, los aprendizajes no sólo se refieren a la adquisición de nuevos saberes, sino también a otras formas de estar juntos, a otros modos de hacer comunidad.

 

Fabiola Araiza, quien labora en aulas de escuelas primarias en Chiapas donde se aplica el Programa, destacó la labor de las maestras con un gran sentido de la educación, con un amor profundo por sus estudiantes y creyendo fervientemente en que es posible aplicar estos métodos didácticos, con el uso de alrededor de 200 cuentos y más de 280 canciones que sirven como detonantes de emociones estéticas en alumnos, maestros y familias.

 

La doctora Makowski Muchnik invitó a jugar este laboratorio filosófico y este telar en otros contextos, como en la universidad y otros espacios formativos, en instituciones con vocaciones distintas, en comunidades diversas o territorios por inventar. “Todos los que pensamos que otro mundo es posible encontraremos en este libro renovadas esperanzas para seguir creyendo en el mutuo aprecio, la dignidad, la equidad y la hospitalidad”.