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Número 367

21 de agosto de 2019

LA EDUCACIÓN EN MÉXICO RELEGA LOS DERECHOS Y LA PARTICIPACIÓN

DE LAS MUJERES

*Los cambios deben iniciar desde la familia para reconocer la igualdad de derechos y obligaciones

 

“La educación que recibimos los mexicanos ha relegado los derechos y la participación de las mujeres, cuyos logros han sido minimizados al grado de que históricamente su papel ha sido considerado como secundario”, coincidieron las investigadoras Claudia Domínguez Miranda y Diana Angélica Vigil Pablo.

 

Al impartir la conferencia Escritoras. Una perspectiva crítica de la educación femenina, dentro del ciclo La Metro en el Metro. Un paseo por el conocimiento de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), plantearon que para comenzar a revertir esos estereotipos los cambios deben iniciar desde la familia y al fijar obligaciones y derechos iguales, más allá del género.

 

Domínguez Miranda, doctora en Humanidades, línea Teoría Literaria, por la Unidad Iztapalapa de la UAM, recordó el desprecio que en su momento sufrió Rosario Castellanos por sus aportaciones, ya que “a pesar de ser una de las literatas mexicanas más importantes del siglo XX fue ninguneada por el mundo intelectual, que no valoró su prolífica obra sino hasta muchos años después”. Castellanos abordó la temática indígena y puso en un lugar especial la reivindicación de dicho sector de la población y la construcción del feminismo.

 

La maestra Vigil Pablo explicó que Elena Garro –dramaturga, cuentista y novelista integrante de la generación que fundó el realismo mágico– con la publicación de Los recuerdos del porvenir batalló contra lo opinión de sus contemporáneos, con un marcado acento machista, igual que Rosario Castellanos.

 

Cuando el esposo de Garro, Octavio Paz, leyó el manuscrito consideró que el texto no era publicable ya que –a su juicio– “no reunía la calidad requerida para salir al público”, motivo por el que hasta diez años después fue publicado por la editorial Joaquín Mortiz.

 

Ambas dramaturgas mexicanas son ejemplo de la lucha denodada de autoras para que el quehacer literario fuera reconocido en el mismo tenor que el realizado por varones, agregó la maestra en Humanidades por la Unidad Iztapalapa de la UAM.

 

En la conferencia celebrada en el Auditorio Un paseo por los libros del Pasaje Zócalo-Pino Suárez del Sistema de Transporte Colectivo-Metro, las investigadoras establecieron que desde la época prehispánica la mujer era considerada con derechos menores que ellos.

 

Durante la Colonia –con la ideología católica dominante– se planteaba la impureza del cuerpo femenino y las leyes las sujetaban a la autoridad y “mayor sabiduría masculina”.

 

A pesar de que en la educación las féminas no tenían igualdad de acceso se les prohibían las actividades recreativas, Juana Ramírez de Asbaje, conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, destacó en el campo de la literatura.

 

En el México independiente las ideas de libertad e igualdad fueron adoptadas con agrado, no obstante, se concibieron como derechos exclusivos de los hombres.

 

En el siglo XX aumentaron los espacios de participación para el sexo femenino, sin embargo, no fue inmediatamente que empezaron a ejercitar sus derechos constitucionales.

 

“Con mucha timidez fueron aventurándose, tanteando entre los escollos de una tradición todavía en funciones y con miedo se enfrentaron a una serie de experiencias nuevas y perturbadoras”.

 

Para las especialistas en literatura la conquista de los derechos plenos de ellas aún tiene retos que enfrentar, de ahí la necesidad de construir un diálogo social en pos de la igualdad de género. “No se trata de entablar una batalla contra los hombres: el objetivo es repensar y valorar las aportaciones de las mexicanas en todos los campos”, concluyeron.