El credo de la esfinge

Tú que estás detrás del paño rojo
¡Revélanos tu clave,
extranjera seductora!

"De tu fatua y necia miseria
soy la respuesta no pedida
de una pregunta no dicha.
Soy el nido sin huevo
Soy el miedo entre las espadas
Soy una risa a destiempo
Soy el hastío de labios que se besan Soy el sofocante lecho
de las lágrimas que no caen.

Soy el rayo que seca la semilla
de quienes siembran.

Soy la dudosa ilusión
de todos los crímenes de la infancia.
Soy un plomo tan pesado
que no hay fuego que lo derrita.

Soy la brea
a la que aún se pega el zapato de Morfeo.

Soy el bostezo del Caos
presto a tragarse toda luz.

Soy un desierto instante
de mudas manecillas sin cuadrante.

En el cáliz de amor eterno,
soy la tibia ponzoña
que envenena toda pócima.

Yo atizo el anhelo
en el fogón del ayer
y cuando llega la fría madrugada
ya me he robado todos los sueños.

Soy un jugador ciego
que gira la ruleta multicolor.

Soy la miga en la peña desmigajada
de la gaviota mutilada.

Y aún entre ascenso y final,
soy la tortura del interrogatorio
que no da con la respuesta
y hasta soy entre boda y entierro
¡consuelo de tu necedad en el vanidoso olvido!

“Sigue adelante
con dedos lúbricos sobre el teclado
para adornar con lentejuelas
mi desnudez invisible.
¡Aplaca tu codicia
en el comercio de las máscaras
mientras todavía lo permita mi capricho!

Al final te petrificarás.

Y sobre ti, ya granito,
pesará mi carne de exuberante víctima
para luego despertar
y entonces a veces
– sólo a veces –
afilarme en ti
las garras romas de mis zarpas.”