Semanario de la UAM
22 10 2012
11
E
xplica
profesor
el
concepto
de
homeostasis
energética
Patrones de ingesta y la sensación
de hambre serían al parecer aprendidos
El ambiente tiene
un efecto importante
en la conducta
alimentaria
Los patrones de ingesta y aun la
sensación de hambre son proba-
blemente aprendidos y transmiti-
dos de generación a generación,
sostuvo el doctor Gustavo Pacheco
López, jefe del Departamento de
Ciencias de la Salud de la Unidad
Lerma de la Universidad Autóno-
ma Metropolitana (UAM).
En el curso evolutivo de la es-
pecie humana, la estrategia adap-
tativa de concentrar la actividad
alimenticia en periodos puntuales
y definidos –comidas– posibilitó
tiempo libre a los colectivos de pri-
mates omnívoros e inteligentes que
lo utilizaron para realizar funciones
productivas o inclusive recreativas,
estimó el investigador al participar
en el ciclo de divulgación científi-
ca
Lunes en la Ciencia,
organizado
por la Unidad Iztapalapa.
En ese foro ahondó en el con-
cepto de homeostasis energética,
que explica el consumo y la dis-
tribución de reservas energéticas,
sobre todo en forma de grasa –adi-
posidad– y el gasto energético, es
decir, la ecuación de balance entre
materia y energía.
El doctor Pacheco López señaló
que el cerebro juega un papel cen-
tral como regulador o integrador
de señales homeostáticas y no ho-
meostáticas; asimismo el ambiente
tiene un efecto importante en la
conducta alimentaria.
“
Todavía no se encuentra la
respuesta, desde el punto de vis-
ta fisiológico, o el porqué, en un
momento determinado, se decide
ingerir alimentos”.
Respecto de la sensación de
hambre dijo que aún no se han
encontrado correlatos molecula-
res que la apoyen y, de manera
paradójica, hay reservas energé-
ticas suficientes en la mayoría de
El conocimiento de la fisiología
sobre el tema es limitado, pero
investigaciones recientes han evi-
denciado que el aprendizaje, las
relaciones sociales, el placer y
aun el estrés modulan el régimen
alimenticio.
La selección de productos es in-
nata y aprendida. Por ejemplo exis-
te una inclinación hacia el sabor
dulce y una aversión al amargo. La
experiencia de disfrutar un alimen-
to densamente calórico se asocia a
sus características organolépticas
–
olor, color, gusto y textura– for-
mando una memoria que propicia-
rá las preferencias.
El reto para los fisiólogos es
frenar ciertas prácticas en un “am-
biente obesogénico” generado y
favorecido por la sociedad posmo-
derna: con abundancia, abarata-
miento y promoción de alimentos
ricos en calorías y palatales que
requieren un mínimo de esfuerzo
físico de selección y preparación.
Todo esto conjugado con estilos de
vida sedentarios.
El aprendizaje, las
relaciones sociales,
el placer y el estrés
modulan los hábitos
de comer
las personas para que transcurran
días y hasta semanas en ayuno. Sin
embargo “comemos tres o cuatro
veces al día”.
El profesor universitario consi-
deró “probable que la disminución
de glucosa circulante en sangre
–
momentos antes de la ingesta– es
lo que la mayoría definimos y ca-
talogamos como la sensación de
hambre”, que motiva la rutina o el
hábito de comer.
En contraste, cuando no ocurre
el consumo esperado y el tiempo
transcurre “casi todos reportamos
la sensación de ´ya se me fue el
hambre’”.