Semanario de la UAM
29 10 2012
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E
xposición
E
l
cerebro
El amor es pura química: basta
medio segundo para enamorarse
En este órgano
‹‹
se generan estados
afectivos y sustancias
que actúan en el
proceso del amor
romántico
Verónica Ordóñez Hernández
El ser humano tarda sólo medio se-
gundo en enamorarse, tiempo en
el que el cerebro libera los neuro-
transmisores necesarios para gene-
rar respuestas emocionales.
Aunque parezca sencillo este
proceso requiere de la activación
de muchas estructuras interco-
nectadas ampliamente con las
impresiones sensoriales visuales,
acústicas, olfativas, gustativas y
corporales, así como con los co-
nocimientos y las experiencias
derivados del aprendizaje y la
memoria.
Todo lo anterior es explicado en
la exposición
El cerebro
,
que ocu-
pará la Galería de Arte del Centro
Cultural Casa de las Bombas hasta
el 31 de octubre.
Instalada por la Unidad Iztapa-
lapa de la Universidad Autónoma
Metropolitana (UAM), la muestra
comprende 17 carteles de divul-
gación científica que abordan el
estado afectivo y la regulación de
muchas otras acciones y funciones
del cuerpo humano producidas en
el cerebro.
Entre otros datos puede cono-
cerse que el órgano mayor del sis-
tema nervioso central pesa entre
1.2
y 1.5 kilogramos y mantiene
su forma y consistencia dentro del
cráneo gracias a las membranas
llamadas duramadre, piamadre y
aracnoides.
El cerebro posee áreas genera-
doras de estados afectivos y sus-
tancias químicas que participan en
el proceso del amor romántico. La
dopamina por ejemplo se encarga
de producir euforia, bienestar y
placer; la serotonina permite sentir
melancolía y presentar conductas
obsesivo-compulsivas.
En el cerebro emergen también
la vasopresina y la oxitocina, incre-
mentada durante el acto sexual; es-
tas sustancias resultan indispensa-
bles para el sentimiento de apego
en las parejas.
En el amor, como en muchos
otros aspectos de los seres huma-
nos, el comportamiento diferencia-
do entre hombres y mujeres tiene
su origen desde la concepción,
pues las células tienen inscrito su
propio género: XX, XY.
Estas diferencias son la causa
de que las mujeres sean excelen-
tes negociadoras y conciliadoras y
los hombres más luchadores, pues
en el cerebro masculino la testos-
terona –encargada de controlar los
centros cerebrales de comunica-
ción– induce a los niños a utilizar
menos palabras y más acciones.
Los estrógenos en las niñas pro-
vocan que las conexiones respon-
sables del lenguaje y la expresión
de emociones se desarrollen más,
de ahí que ellas simpaticen con las
emociones de los demás.
En la etapa infantil los niños se
enfocan más a la acción debido a
que la testosterona los programa
para desplazarse, moverse, gol-
pear y seguir objetos con la mirada
sin sostenerla por mucho tiempo;
su inclinación es hacia los juegos
competitivos, por lo que 65 por
ciento del tiempo libre lo dedican
a construir, destruir y competir.
Aunque curiosas, las niñas apren-
den a respetar las reglas fácilmente;
se inclinan más por juegos coope-
rativos y apenas 35 por ciento del
tiempo libre lo dedican a construir,
destruir y competir en virtud de que
les importan más la comunicación y
las emociones.
Permanecerá hasta
el 31 de octubre en
la Galería de Arte
del Centro Cultural
Casa de las Bombas