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Semanario de la UAM
02 01 2012
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Los participantes en el segundo día del Seminario realizado en la Sala de Consejo Divisional de la Unidad Cuajimalpa.
Foto: Alejandro Zúñiga García.
Agregó que la
‹‹
modernidad aparece
para este autor
con “nuevas formas
mágicas de hechizo,
encantamiento
Lourdes Vera Manjarrez
En la teoría de la violencia postula-
da por Hannah Arendt (1906-1975)
existe una inflexión fundamental
de la
realpolitik
que hace del tema
de la violencia un elemento cons-
titutivo del poder. Para Arendt el
poder no nace de la violencia; por
el contrario, la violencia debilita al
poder e inclusive puede destruirlo.
La filósofa política alemana
asentó en su obra que a mayor vio-
lencia corresponde menor poder y
a mayor poder menos necesidad de
violencia; observó que la violencia
S
eminario
I
nternacional
“L
a modernidad
y
B
enjamin
Benjamin tomó distancia crítica respecto
a la Ilustración y la modernidad
se apoya en el dispositivo instru-
mental, pero el poder es realmente
del número y define el poder como
la capacidad de actuar en concier-
to con otros; de actuar en común,
acto en el que la intersubjetividad
es elemento fundamental. Los con-
ceptos anteriores los expuso el
doctor Francisco Naishtat, acadé-
mico de las universidades argenti-
nas de Buenos Aires y Nacional de
la Plata.
En el marco del Seminario In-
ternacional “La modernidad y
Benjamin” que el intelectual dictó
los días 12 y 13 de diciembre en
la sede Baja California de la Uni-
dad Cuajimalpa, invitado por el
Cuerpo Académico “Modernidad,
identidad y multiculturalismo”,
explicó que, para Arendt, poder y
violencia son conceptos separados
regulados por ideas distintas y la
justificación de la presencia de la
violencia en la Historia como algo
necesario, no es más que la ideolo-
gización de la violencia.
El también investigador del Con-
sejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (CONICET)
señaló que esta “ideologización de
la violencia”, desde la perspectiva
de Arendt, coloca anteojeras e in-
visibiliza el mundo, “protege a la
violencia de la percepción de los
efectos colaterales que produce, la
mantiene pese a sus devastadoras
consecuencias, porque en térmi-
nos ideológicos está justificada, así
caiga el mundo”.
Hay, sin embargo, para Arendt
un pensamiento de la violencia
que podría ser admitida: la violen-
cia espontánea o “el estallido de la
cólera”, que no tienen una regula-
ción de medios-fines, sino que es
la expresión inmediata de un har-
tazgo que hace irrupción y viene a
interrumpir una escena, es un esta-
llido de masas frente a situaciones