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Semanario de la UAM
21 05 2012
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Guía mínima para leer a
U
n análisis comprometido
de la realidad mexicana
se da en la obra de Carlos
Fuentes. Es cierto, existen nume-
rosos intentos de interpretación
de la realidad mexicana. Diversos
puntos de vista y distintos métodos
de acercamiento para ello. Aquí
interesa una lectura de parte de la
obra de Fuentes por una razón. Esa
razón es la que atiende a la pre-
ocupación por entender los meca-
nismos sociales que dan forma a
nuestro país. Fuentes, desde su pri-
mer libro, se ha inmiscuido en la
historia de México. Desde su privi-
legiada condición social —hijo de
diplomático, diplomático él mis-
mo, viajero, conocedor de otros
idiomas y otras culturas— ha bus-
cado sumergirse en los hechos que
explican a un país. De ahí que su
obra pueda leerse, sin desdoro de
su calidad literaria, como un docu-
mento que presenta su opinión de
México. Desde sus primeros cuen-
tos, hasta lo más reciente, pasando
por sus artículos periodísticos y
ensayos de interpretación política,
una idea de su país no ha dejado
de estar presente. Aspectos como
el mito, el poder, la riqueza o la
fama han sido destacados como
hitos en el comportamiento de una
sociedad, si bien compleja, no por
ello menos reconocible. Por esto,
tal vez, José María Valverde afirma
que Fuentes, a la manera de Gal-
dós, construye sus “episodios na-
cionales”. Aceptando, en lo esen-
cial, tal afirmación, yo propondría
una lectura particular de uno de
los episodios centrales, hasta hace
muy poco, de nuestra historia: la
Revolución Mexicana. Tres nove-
las dan cuenta del hecho y, lo que
a mi parecer es más importante,
parecen conformar una idea del
México que Fuentes ha consegui-
do entrever. Las novelas serían
La
región más transparente, La muer-
te de Artemio Cruz
y
Gringo vie-
jo;
la idea, un México inmóvil e
inamovible.
JOSÉ FRANCISCO
CONDE ORTEGA
V
isto desde el tiempo na-
cionalista parece difícil en-
tender cómo se llegó a los
cambios ocurridos en la literatura
de los 50 y cómo
La región más
transparente
fundó la nueva mo-
dernidad narrativa de México. Sin
embargo, hay una línea ancilar que
viaja desde algunos autores del
Ateneo de la Juventud, pasa por
Ramón López Velarde y el grupo
de la revista
Contemporáneos
, más
adelante a los de las revistas T
aller
y
Pan
y, finalmente, desemboca en
1958, cuando el
Fondo de Cultu-
ra Económica
publicó la primera
novela de Fuentes. Aparte de los
autores en los que este autor fue
abrevando con sus lecturas son
insoslayables los antecedentes de
otros que prepararon en México,
directa o indirectamente, la madu-
rez narrativa y conceptual de dicha
obra: Julio Torri, Martín Luis Guz-
mán, Alfonso Reyes, Octavio Paz,
Juan José Arreola y Juan Rulfo. Los
perfiles de esa línea muestran que
el conflicto entre nacionalistas y
universalistas no fue una desave-
nencia de temas sino de maneras,
pues los últimos también escribie-
ron acerca de México, sólo que sin
el carácter propagandístico de los
primeros y sin la intransigencia de
sus posiciones. De hecho, el acer-
camiento al país estaba más tami-
zado por la perplejidad que por
la certidumbre y más por el sano
apoyo en los autores de otras lati-
tudes que por la autosuficiencia de
las raíces.
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR
E
n
La cabeza de la hidra
, el autor de
Aura
res-
pondió a un reto que Alfonso Reyes enuncia
muy bien en su ensayo
Sobre la novela policial
(1945): “Las obras no son buenas o malas por seguir
o dejar de seguir una fórmula. Siempre siguió una
preceptiva de hierro la tragedia griega y no se le
desestima por ello”. Fuentes usa los tópicos citados
pero de aquí se lanza a una originalidad artística
que la hace distinta del montón: si tradicionalmen-
te la novela de espionaje trata los conflictos de los
campos socialista y comunista, aquí los protago-
nistas son otros: los intereses de los judíos frente a
los de los árabes. Y, en medio de ellos, el petróleo
mexicano, imprescindible si el segundo grupo deci-
diera no vender su oro negro a Estados Unidos y a
otros países europeos. Y de aquí mismo deriva otro
punto importante: Fuentes vuelve a romper el es-
quema porque en lugar de proponer un maniqueís-
mo que nadie creía en 1978 y menos ahora, hace un
planteamiento trascendente que tiene que ver con
el poder y con la justicia y se ilustra con la actividad
tránsfuga de sus agentes. No hay buenos ni malos;
hay intereses de los poderosos que se llevan entre
los pies a los débiles: “nadie tiene el monopolio de
la violencia en este asunto, mucho menos de la ver-
dad o el de la moral; todos los sistemas, sea cual sea
su ideología, generan su propia injusticia; acaso el
mal es el precio de la existencia, pero no se puede
impedir la existencia por temor al mal”.
VICENTE FRANCISCO TORRES
Carlos
desde la mi