Semanario de la UAM
18 03 2013
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70 años de pensar la arquitectura
En arquitectura, como en todo lo que tenga que
ver con el arte, lo importante para el creador es no
repetirse, señaló el arquitecto González de León en
entrevista con el
Semanario de la UAM.
El artista nacido en la ciudad de México en 1926
tiene su despacho en el corazón de la colonia Hipó-
dromo Condesa, en un sitio que revela una intensa
actividad, pero que se desvanece al entrar a la oficina
del autor del Museo Tamayo Arte Contemporáneo, el
Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica.
Desde ese espacio donde se observan maque-
tas, planos, libros, obras de arte y a cuya tranqui-
lidad contribuye el verde jardín que luce pleno
desde un ventanal, González de León establece sin
rodeos que la arquitectura es un arte, “simplemente
una forma de vida; mi pasión y no hay hora en que
no esté pensando en ella desde hace 70 años”.
–¿En qué momento de su vida descubrió su vocación?
–No tengo registrado el momento, pero sí sé que ya
en la secundaria pensaba en ser arquitecto y desde
entonces siempre que camino por la calle voy ob-
servando edificios, estructuras; desde hace mucho
el cometido de mis viajes es prestar atención a la
arquitectura de las ciudades: edificios, museos, en-
tre otros elementos.
He pasado por muchísimas motivaciones y des-
de hace unos 20 años una de ellas es que el edificio
se instale bien en la ciudad, es decir, que se funda
con ella, que llame la atención, se destaque en el
espacio público y a la vez cree espacio público.
–¿Cómo es el proceso creativo para la realización de
una obra?
–Todo proyecto es como meterse a la piscina sin sa-
ber nadar; es siempre una nueva experiencia y no sir-
ve lo que uno ha hecho antes porque aquí, como en
otras disciplinas, lo importante es no repetirse. Eso
es fundamental, ya que se tiende a repetir soluciones
ya tomadas y eso es fatal. Es necesario plantear cada
proyecto con otro espíritu y variantes inéditas.
–¿Cuál es su reflexión sobre la contribución que ha he-
cho al entorno arquitectónico de la ciudad de México?
–A veces hago un recuento, aunque no me gusta
influirme por lo que he hecho… hay obras como
el Colegio de México a las que vuelvo como se
vuelve a ver a los amigos, pero hay otras nuevas,
como el MUAC, al que voy principalmente a ver
exposiciones porque me gusta mucho el arte.
–¿Encuentra relación entre la música y la arquitectura?
–Sí, hay un vínculo y aunque es difícil explicar en
qué consiste puedo decir que en la arquitectura hay
tiempo y para conocerla es necesario recorrerla,
pues no se pueden describir sus espacios si no se
mueve uno dentro.
La música pasa también en el tiempo y ahí hay
semejanza. La música es además el arte más abs-
tracto y primitivo que hay. Recordemos que en to-
das las culturas se produjo música antes de pensar
en el receptáculo para vivir o en crear.
En una reflexión sobre el desarrollo arquitectóni-
co en la capital señaló que los edificios son como los
ladrillos: hay unos bien hechos y otros no, “y eso nos
retrata”. La calidad plástica de las construcciones “de
nuestra ciudad retrata nuestro pobre nivel cultural.
“La nuestra es sin embargo una ciudad intensa,
con una muy interesante vibración de la gente y por
eso no pienso en ella como en una catástrofe sin
alternativas. Hay proyectos que se pueden desarro-
llar para recuperar lo que fue hasta finales del siglo
XIX; podemos recuperar los lagos incluso, mientras
no perdamos la memoria de lo que aquello fue. Eso
sería patético”.
Respecto de los conceptos sobre los cuales ha
desarrollado su obra, el doctor González de León
señala que esa estimación corresponde a los críticos
–quienes le consideran fundador de una corriente
basada en la honestidad del material, la simpleza
en la abstracción y la composición– “porque voy
cambiando con el tiempo y en mis objetivos”.
Quien en algún momento de su formación fue
alumno de Le Corbusier es autor también de la Uni-
versidad Pedagógica Nacional, el edificio del Poder
Judicial, el Complejo Reforma 222, las Torres Bos-
ques, el conjunto Arcos Bosques Corporativo I y II,
y el Museo Universitario Arte Contemporáneo; y
remodeló, junto con Abraham Zabludovsky, el Au-
ditorio Nacional, entre muchas otras obras.