Semanario de la UAM
18 01 2016
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pólogo escoces estudió los proce-
sos políticos y simbólicos, es decir,
cómo operan en la vida cotidiana.
“Sabemos que vivimos un do-
minio terrible, terrorífico e injusto
del capitalismo salvaje, que exfolia
y extrae recursos naturales de un
modo brutal, pero este capitalismo,
si bien constituye una estructura de
poder global, actúa en la vida coti-
diana y en espacios y tiempos dis-
tintos, de modos diferentes”.
Por ejemplo, no opera de la mis-
ma forma en Estados Unidos, Mé-
xico, China o India, pero además
en el país tampoco es lo mismo
cómo se manifiesta en zonas in-
dustrializadas como Monterrey o
donde hay poca industria, como
Oaxaca o Mérida.
Entonces, si bien no renuncia al
análisis de las estructuras de poder,
Turner se interesó en cómo opera
en situaciones concretas o en espa-
cios definidos; por eso estudió los
procesos, reconociendo que hay
una lógica global, pero que funcio-
na de modos distintos debido a lo
cual analizó esos procesos políticos
y simbólicos en su operación coti-
diana en circunstancias particulares.
El modelo de Turner por lo tanto
es útil para revisar casos como el
de los estudiantes de la Normal de
Ayotzinapa que además está carga-
do de mucha vida ritual: el duelo,
expresándose en la arena política
–Turner propone la arena como
el lugar del encuentro del conflic-
to abierto– donde no sólo está el
conflicto entre grupos, sino media-
do por símbolos, rituales y signifi-
cados que están ahí en contienda.
“Por eso pienso que el proce-
sualismo turneriano nos ayuda a
comprender los conflictos de nues-
tra vida cotidiana”, dijo el doctor
Rodrigo Díaz.
La teoría de Turner parte de
un supuesto fundamental: la vida
social es una vida en conflicto, es
agonística, “es decir, donde hay
competencia, y la vida social es
competencia, conflicto permanente
entre grupos, personas, naciones.
Para estudiar las situaciones en
conflicto propone el concepto de
drama social, útil para pensar los
conceptos sociales”.
Un conflicto se expresa de ma-
nera diversa, “desde el que podría
tenerse en la familia, que se en-
cuentra latente y de pronto por al-
guna razón estalla, o entre países,
que se expresa por alguna razón y
lleva a tener situaciones de guerra”.
El
procesualismo
es una pro-
puesta fecunda en la medida que
la violencia no es sólo aquella en la
que se usa la fuerza física. La que
se ejerce contra las mujeres, por
ejemplo, cuando se le paga menos
por ser mujer, es una violencia sim-
bólica, porque se considera que su
trabajo es menos eficiente o que
ese sector de la sociedad no está
suficientemente preparado.
Ahí entra el mundo de los sig-
nificados, con el que se da orden
al mundo y se llevan a cabo las
reglas clasificatorias en las que se
ubica a las mujeres en una posi-
ción subordinada.
Hay por tanto un ejercicio de
la violencia, del poder simbólica-
mente mediado; de ahí el interés
de vincular poder con símbolos.
Inviable analizar las
relaciones de poder
desconsiderando el
análisis simbólico




