Semanario de la UAM
11 04 2016
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amilia,
la violencia
D
esde una visión sutil
y sarcástica, la artista
plástica Alicia Amador
traduce en
Los bichos
de mi familia
el horror y la repul-
sión que provoca la violencia en el
hogar, convocando a la reflexión
sobre un fenómeno inaceptable.
La Galería de Arte de la Uni-
dad Iztapalapa de la Universidad
Autónoma Metropolitana (UAM)
presentará hasta el 18 de abril una
selección de óleos sobre tela en
formato diverso de una serie de 30
cuadros propuesta por la autora.
La doctoraMilagros Huerta Coria,
coordinadora de Extensión Universi-
taria de la citada sede académica,
precisó en el cartel de promoción
de la muestra que casi la mitad de
las mexicanas mayores de 15 años
es o ha sido víctima de violencia in-
trafamiliar sea como pareja, madre o
hija y, en la mayoría de los casos, son
hombres quienes la ejercen en for-
ma física, psicológica o económica.
La propuesta estética “es de ex-
traordinario colorido, que invade
cada espacio en forma elocuente
y silenciosa. Es exactamente esta
calidad del arte la que nos hace
llegar a través de los sentidos y
la emoción un discurso en forma
directa y sin transición”, señala
Huerta Coria.
Amador explica que no utiliza
el arte como medio de denuncia
social, sino plantea la visualización
directa de una severa problemática
del país. La artista declara su interés
en el tema “por ser mujer, por ser
algo que se permea en la sociedad;
porque lo ve, porque está ahí siem-
pre en forma velada, oscura (…)
como si debiera vivirse de manera
cotidiana, natural, normal, como si
así debiera ser; porque nadie se sor-
prende de este tipo de violencia”.
En el oficio de pintar no calla:
espera un cambio y sus obras refle-
jan un proceso formativo, creativo y
evolutivo en un marco de libertad
La muestra de Alicia Amador ocupará la Galería
de Arte Iztapalapa hasta el 18 de abril
total; es innovadora e intensa al apli-
car “cada capa de temple como par-
te de un todo, sabiendo que hay que
esperar, sin prisa, el resultado de la
suma de cada uno de mis impulsos”.
Cada obra se va transformando,
cada capa aporta su propia sutileza
y cada color convive, se hermana,
madura hasta que llega la hora de
aplicar el barniz; entonces comien-
za la magia: aparece lo que hay
dentro, lo interior se integra y los
velos caen en presencia del otro,
relata la artista.
En el proceso creativo “me per-
mito fluir con descaro, con curiosi-
dad por el simple hecho de sentir,
de presenciar el hecho”, todo de
manera natural en empatía con los
sentimientos, comparte Amador,
quien descarta definirse como una
pintora abstracta o figurativa, pues
se proyecta entre ambos al combi-
nar realidad con imaginación para
crear una obra colorida y bella.
Fotos: Enrique López Valderrama.




