Semanario de la UAM
27 06 2016
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eatriz
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anabal
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ristiani
No todas las formas de trabajo infantil
debieran ser eliminadas, sostiene experta
Ciertas labores
han sido la forma de
socializar y aprender
mediante tareas que
dignifican
No todas las formas de trabajo
infantil deben ser eliminadas sino
que requieren una evaluación so-
bre la manera en que cada activi-
dad vulnera sus derechos, o bien,
si promueve el desarrollo personal,
familiar y comunitario, sostuvo la
doctora Beatriz Canabal Cristiani,
investigadora del Posgrado en De-
sarrollo Rural de la Unidad Xochi-
milco de la Universidad Autónoma
Metropolitana (UAM).
Al término de su participa-
ción en la
2da. Jornada: trabajo
infantil en México. Crisis socioe-
conómica, trabajo y explotación
infantil
–efectuada en las insta-
laciones de la Comisión de De-
rechos Humanos del Distrito Fe-
deral– precisó que los menores
de edad han trabajado siempre,
sobre todo en el medio rural,
donde las familias les asignan de-
terminado rol en las actividades
cotidianas, por ejemplo, recoger
leña, cuidar a los hermanos y
pastorear a los animales.
Durante mucho tiempo esas
labores han sido para los niños la
forma de socializar y recibir los
conocimientos heredados por sus
padres; en los hogares citadinos
hay también tareas asignadas a ese
sector de la población y es un “tra-
bajo que dignifica”.
Canabal Cristiani puntualizó
que eso representa una gran dife-
rencia respecto de otras situacio-
nes en las que los infantes deben
trabajar por un salario y comple-
mentar el ingreso familiar.
En el medio agrícola, los niños
trabajadores “reciben un ingreso
que deberían percibir sus padres”,
pero dado que el recurso no es su-
ficiente, el menor labora a veces en
condiciones hostiles, climas extre-
mos, riesgos de picadura de animal
y jornadas extensas.
La investigadora de la Unidad
Xochimilco consideró que si no es
posible eliminar ese tipo de trabajo
infantil “debería ser regulado”, aun-
que es un tema “polémico porque
hay quien está por la erradicación
del mismo”.
Además resaltó que el panora-
ma de la labor infantil en el país
es complejo y diverso, pues está
relacionado con regiones, rasgos
culturales específicos, derechos y
programas creados “que se publi-
can mucho pero se aplican poco”
y que “marcan un futuro no muy
prometedor”.
La doctora Norma del Río Lugo,
coordinadora del Programa de Inves-
tigación sobre Infancia de la UAM,
expuso que en México existen más
de 55 millones de personas en po-
breza, de las cuales 53 por ciento
está conformado por niños y adoles-
centes; entre 2012 y 2014 se suma-
ron dos millones más de pobres por
disminución del ingreso y casi 60
por ciento de la población que traba-
ja lo hace en la informalidad.
Las condiciones de las mujeres y
de los niños “van de la mano”, en
tanto que la participación económi-
ca de este segmento se incrementó
en los sectores agrícola –cinco ve-
ces respecto de los hombres– al do-
ble en el ramo minero y 11 por cien-
to en el de la construcción. Sólo 32
por ciento de la carga de trabajo de
la población femenina es remunera-
do, mientras que el resto no lo es.




