Semanario de la UAM
07 01 2013
9
P
resenta
la
U
nidad
A
zcapotzalco
E
l
don
y
la
palabra
El suicida se da muerte, pero también
la otorga, sostienen especialistas
La publicación cierra con ensayos psicoanalíticos de José Velasco García, Teresa Pantoja Palmeros y Daniel Gerber.
Foto: Octavio López Valderrama.
La coedición analiza
el lugar de los hechos
que deja atrás quien
se quita la vida
Lourdes Vera Manjarrez
El estudio del suicidio como un
acto individual derivado de un
trastorno de la personalidad en el
que domina la fantasía mortal –
denominado ideación suicida en
psiquiatría– es importante, pero in-
suficiente debido a que se requiere
un análisis dinámico en los contex-
tos social y grupal.
El doctor Víctor Alejandro Payá
ofreció esta argumentación en el
acto de presentación de su más re-
ciente libro:
El don y la palabra. Un
estudio socioantropológico de los
mensajes póstumos del suicida
lle-
vado a cabo en la Unidad Azcapot-
zalco de la Universidad Autónoma
Metropolitana (UAM).
La obra –producto de la inves-
tigación realizada junto con la psi-
coanalista Wendy Vega Navarro
y el sociólogo Víctor Gómez Pati-
ño– parte de que el suicidio puede
estudiarse como una variedad del
crimen, y ambos son ajenos a la
condición humana.
“El sacrificio que representa el
acto suicida es el mayor de los do-
nes que un hombre puede otorgar,
sin duda con la intención de lograr
un fin, sea consciente o no” y “quien se da muerte también la otorga,
pues sus motivos no le pertenecen del todo: son también los de los otros”.
Los especialistas estudiaron “el lugar de los hechos que deja atrás el
suicida, el último teatro de la vida, una puesta en escena de la muerte, un
performance social (…) un lugar que no sólo forma parte de un escenario
físico sino sobre todo imaginario y simbólico…”
El análisis de 124 casos buscó desentrañar el sentido de elegir un lugar
y un instrumento determinados para morir; de seleccionar objetos que
estarán presentes: ropa y todo aquello que hace del suicidio un suceso
dentro de la cultura.
“El discurso de la víctima –que es a su vez el del propio victimario– se
despliega en distintos planos: la letra, la glosa corporal, el espacio y el
medio elegido”.
Los materiales dejan al descubierto los vínculos que afectan, los senti-
mientos encontrados, los problemas económicos, el deseo vehemente de
morir o dañar, las enfermedades y la vejez como realidades insoportables
propias del vacío existencial.
Algunas cartas constatan la necesidad de reivindicación que exige el
suicida y de esa fuerza irresistible que tienen hacia la muerte como único
recurso para obtener un lugar en la historia grupal, puntualizó Payá.
“Gracias a la creencia del poder imaginario, con su muerte el suicida
busca regresar como un fantasma en la memoria familiar; sin embargo, su
triunfo, de existir, será irremediablemente
post festum
.
“Es un ritual fallido por su condición predominantemente imaginaria,
pero que produce efectos inmediatos en el mundo social. La víctima no
sabe esto último, aunque confía en subrayar su presencia gracias a su
desaparición, buscando el triunfo de la memoria sobre el olvido”.
La obra ofrece
un estudio
socioantropológico
de los mensajes
póstumos del suicida
El libro ofrece una guía de fon-
do en torno al juego del deseo, el
intercambio simbólico y la tras-
misión de dones, deudas y sacri-
ficios; otros capítulos ilustran el
sentido de la puesta en escena y la
venganza, el arrebato, el fracaso,
el abandono, la vejez, el dolor, el
sujeto en la modernidad y la pér-
dida del emblema paterno, entre
otros temas.