Semanario de la UAM
30 06 2014
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La resiliencia, relevante al hablar de cambio climático
El término resiliencia ha cobrado relevancia en las discusiones alrededor
del manejo de riesgos y la vulnerabilidad asociados a los efectos del cam-
bio climático, señaló Jacopo Baggio, profesor de la Universidad de Arizona.
Durante su participación en el
Coloquio internacional: Resiliencia:
una aproximación multidisciplinar al cambio climático,
celebrado en la
Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM),
el invitado dijo que este concepto ha sido empleado en la ingeniería, la
psicología, la ecología social y la economía, entre otras disciplinas.
La acepción más popular consiste en la capacidad de un sistema para
absorber las perturbaciones y autoorganizarse mientras atraviesa por un
periodo de cambio, reteniendo en esencia las mismas funciones, estruc-
tura, identidad y procesos de retroalimentación a partir de una especie
de conservación creativa.
El doctor Bernardo Bolaños Guerra, profesor del Departamento de
Humanidades de la Unidad Cuajimalpa, refirió que su proyecto
El estu-
dio de la historia del clima a través de la interpretación de la pintura de
paisaje
consiste en recurrir a este género de la plástica –que se encuentra
en cualquier museo del mundo– como evidencia para confirmar o refutar
hipótesis de meteorólogos y climatólogos acerca del clima, por ejemplo
sobre el calentamiento global registrado en los últimos dos siglos.
El doctor Rafael Calderón Contreras, investigador del Departamento de
Ciencias Sociales de la misma sede universitaria y organizador del
Coloquio, afirmó que éste busca introducir a la comunidad
al término de resiliencia o adaptación a los efec-
tos que se esperan del cambio climático, así
como formar una red sobre el tema.
ran los sonidos en modalidades
específicas”.
De ahí la importancia de saber
atender e inventar los medios téc-
nicos y científicos de la escucha,
así como de analizar “todos los so-
nidos que nos envuelven”.
La académica del Departamen-
to de Arquitectura y Urbanismo de
la Universidad Iberoamericana ad-
virtió que para diseñar el espacio
los profesionales debieran incluir
la sonoridad, considerando que “el
sonido rebota, se absorbe, resue-
na”, entre otros factores que hacen
que suene de cierta manera.
La ciudad de México tiene un
“continuo sonoro” muy superior a
los 60 decibeles y cuando el ruido
de fondo es menor a esa intensidad
–45 o 50 decibeles– es posible
percibir el resto de sonidos, altos y
bajos de las voces, pasos, cancio-
nes, por ejemplo.
“El ritmo de vida actual nos está
llevando a ser cada vez más insen-
sibles a la información que recibi-
mos a través del oído y nos ha he-
cho perder la capacidad de valorar
la calidad sonora de los entornos”.
La doctora en arquitectura
por la Universidad de Catalunya
y quien realizó posteriormente
una estancia en el Departamento
de Ciencias Sociales de la Uni-
dad Cuajimalpa de esta casa de
estudios sostuvo que los materia-
les y la configuración espacial de
las ciudades “reflejan y estructu-
Insta experta a valorar la calidad sonora del entorno
La arquitectura ha privilegiado la
dimensión visual del espacio urba-
no, olvidándose de que “también
se escucha”, señaló la doctora Ji-
mena de Gortari, al participar en
el
Coloquio académico: Cultura
y sonido
, celebrado en la Unidad
Iztapalapa de la Universidad Autó-
noma Metropolitana (UAM).