Semanario de la UAM
08 02 2016
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El debate sobre la legalización de la
marihuana debe incluir el ámbito científico
Preciso realizar estudios más
estrictos sobre los efectos no
deseados en el sistema nervioso
Verónica Ordóñez Hernández
La autorización del consumo personal de marihuana
no debiera apresurarse, ya que aún no se sabe con
certeza cuáles son los efectos que causa a nivel del sis-
tema nervioso, argumentó el doctor Enrique Canchola
Martínez, profesor-investigador de la Unidad Iztapala-
pa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
En el
Coloquio estudiantil de historia de Mesoamé-
rica y coyuntura colonial,
el académico del Departa-
mento de Biología de la Reproduc-
ción recomendó cautela en torno
a la legalización del enervante y
conducir la discusión, de los ám-
bitos político y social, al científico.
En relación con el debate na-
cional sobre el uso y los beneficios
terapéuticos del mismo, el doctor
Canchola Martínez afirmó que “es
preciso realizar investigaciones más
estrictas, en particular en torno a los
efectos no deseados en el sistema
nervioso”.
El uso de plantas alucinógenas en los pueblos mesoa-
mericanos ha prevalecido desde tiempos remotos; sin
esas sustancias no se podría entender el esplendor de
aquellas culturas, pues el estado especial de conciencia
inducida por esa vía fue parte importante de la conviven-
cia, la paz, la religión y el aspecto político-social y sin-
crético que ayudó a la evolución de las mismas, refirió.
Respecto del consumo de cannabis, el investigador
refirió que en aquella época era poco, pues las secuelas
alucinógenas no se comparaban con las de otras plantas.
Desde el punto de vista molecular, los alcaloides
extraídos de plantas contienen principios activos simi-
lares a diferentes neurotransmisores –serotonina, do-
pamina, acetilcolina y noradrenalina– por lo que las
sustancias naturales ocupan receptores específicos en
el cerebro, mimetizando las funciones fisiológicas de
los neurotransmisores.
Debido a esto modifican las funciones cerebrales y
los estados de conciencia, causando alteraciones pro-
fundas en la percepción, tanto de la realidad como del
espacio-tiempo, así como oscilaciones emocionales y
cambios de identidad.
Las plantas alucinógenas son capaces de crear un
súper yo conectado con el universo y establecerlo
como la instancia del aparato psíquico y la entidad
responsable de la interface mundo externo-mundo
interno, induciendo con ello un estado alterado de
conciencia mediante la interrupción de circuitos ce-
rebrales de comunicación normal y conexiones entre
regiones cerebrales que normal-
mente no interactúan.
Las facultades que poseen de al-
terar la conciencia, inducir un estado
de transición mental y aumentar la
iluminación y la apertura mental pro-
vocan modificaciones importantes
en los neurotransmisores que tradu-
cen los estímulos medioambientales
o del propio cuerpo recibidos por los
órganos de los sentidos.
Algunos de los alucinógenos
más utilizados en las culturas me-
soamericanas fueron el balché, bebida embriagante
obtenida de la infusión de la corteza de
Lonchocarpus
longistylus;
el tabaco fumado, masticado o en infusio-
nes para aplicaciones rectales; el toloache –conocido
también en Mesoamérica como hierba del diablo– y
el peyote.
La Unidad Iztapalapa
llevó a cabo el
Coloquio estudiantil
de historia de
Mesoamérica y
coyuntura colonial
Foto: Enrique López Valderrama.




