Semanario de la UAM
28 01 2013
13
Perseguido de niño por sus demonios,
Posada buscó en el arte el exorcismo
Germán Méndez Lugo
S
olo y olvidado vivió al final de su existencia y
sus restos fueron a parar a la fosa común, cir-
cunstancias estas que no presagiaban la condi-
ción que alcanzaría post mórtem José Guadalu-
pe Posada como uno de los artistas más influyentes de
la plástica mexicana, recordaron cuatro apasionados
especialistas en la obra del autor de
La Catrina.
En la mesa redonda
Posada: el juego de la vida,
Mercurio López Casillas, Helia Bonilla, Carlos Finck
Pastrana y Agustín Sánchez González opinaron sobre
las aportaciones del grabador por excelencia –falleci-
do en 1913, en Tepito– a la cultura popular del país.
En la Casa de la Primera Imprenta de América, cen-
tro de extensión educativa y cultural de la Universi-
dad Autónoma Metropolitana (UAM), el 18 de enero,
cuando faltaban dos días para que se cumplieran cien
años de la muerte de Posada, el frío no amainó la vo-
luntad del auditorio por escuchar aspectos que lo con-
virtieron en un artista trascendente.
López Casillas, autor de
La muerte en el impreso
mexicano,
expuso que
Posada: monografía
–que en
1930 difundió más de 400 grabados recopilados por
Paul O’Higgins, con introducción de Frances Toor y
un ensayo de Diego Rivera– rescató del olvido al cé-
lebre grabador.
Finck Pastrana, investigador del Departamento de
Síntesis Creativa de la Unidad Xochimilco de la UAM, se-
ñaló que el maestro ha sido catalogado como revolucio-
nario o porfirista, pero “fue un trabajador del buril que
veía y vivía lo cotidiano: entraba a la cantina, se enteraba
de los chismes y se metía a las vecindades y los callejo-
nes de la ciudad, que no era el monstruo que es ahora”.
Por paradójico que parezca, la obra de Posada no
ha sido estudiada en profundidad ni ha tenido lugar
un debate acerca de cómo realizó una obra tan vasta
–unas 20,000 imágenes– refirió en su oportunidad la
maestra Bonilla, especialista en historia del arte y auto-
ra de
José Guadalupe Posada: a 100 años de su partida.
El también historiador Sánchez González dijo ima-
ginar a ese hombre viviendo con alegría y sufriendo
por descubrir cómo capturar “esas imágenes extraor-
dinarias” que solía tener en la cabeza.
Al niño Lupito le persiguieron el terror y los demo-
nios, por lo que buscaría en el arte el exorcismo. Co-
noció “la tragedia, el horror y la muerte”, por ejemplo
cuando una epidemia de cólera dejó 10,000 víctimas.
Pero no todo fue dolor, pues el padre de Lupillo pre-
paraba un pan delicioso, un tío fabricaba hermosas va-
sijas y Cirilo, el hermano mayor, fue un profesor que lo
llevaba “a entretener, con sus trazos, a otros chamacos”.
La mesa redonda
Posada: el juego de la vida
fue
organizada por la Dirección de Artes Visuales y Es-
cénicas de la Coordinación General de Difusión de
la UAM, enlazada a la exposición homónima que se
presentará hasta el dos de febrero en la Casa de la
Primera Imprenta de América.
También enmarcó la develación de la placa de
apertura de la Sala José Guadalupe Posada en ese es-
pacio cultural de la UAM.